"No hay hombre más infeliz que aquel para quien la indecisión se ha hecho costumbre"
Heinrich Heine
Sí y no, palabras que implican una elección y que algunos expresan con facilidad, mientras que otros encuentran difícil articular. ¿Por qué es así? Porque toda decisión trae consigo una posible pérdida, una renuncia. Sentir aversión ante cualquier pérdida parece estar en nuestra naturaleza, pues decidir significa separar, abandonar, rechazar, soltar, perder. Extrañamente, cuando optamos por una u otra alternativa, tendemos a concentrarnos en lo que perdemos y no en lo que ganamos. Hacer una elección implica una renuncia y nos resistimos a privarnos de la enorme cantidad de opciones que tenemos.
Mantener siempre todas nuestras opciones abiertas nos impide avanzar en la vida, es necesario que elijamos una y otra vez. Estamos condenados a elegir, dice Sartre. Decidir conlleva asumir un compromiso. Un caso que ilustra la dificultad de comprometersees el del hombre que no permanece en una relación de pareja estable, pues teme perder todas las oportunidades de compañeras potenciales que aparentemente tiene. Mantiene todas sus opciones abiertas, pero termina relacionándose con las mujeres sólo de manera superficial. Otro caso es el de quien retrasa la decisión de ir a una fiesta, porque, quién sabe, podría salir algo mejor. Es el tipo de persona espontánea que se deja llevar por el fluir de los acontecimientos. Lo que en realidad hay detrás de esta actitud es una falta de compromiso, disfrazada de espontaneidad.
Por otra parte, el afán de control, de querer tener siempre la razón y de no equivocarse, todos ellos característicos del perfeccionista, pueden derivar en una indecisión patológica. El perfeccionista no se contenta con elecciones aceptables. Es común que en su deseo de elegir siempre lo correcto, lo adecuado o lo mejor termine retrasando la decisión, por ejemplo de qué película ver, en qué restaurante comer, qué canal de televisión elegir. Pero no sólo eso, sino que desperdicia una enorme cantidad de energía y se provoca desgaste mental y emocional. Los demás, como es de suponer, se impacientan ante las actitudes del indeciso.
En otras ocasiones sucede que, una vez que elegimos, comenzamos a dudar sobre si lo hicimos de manera adecuada. El césped siempre es más verde al otro lado de la cerca, reza el dicho. Quizás te haya sucedido que escoges un hotel para tus vacaciones, pero una vez allí, te la pasas rumiando acerca de si habría sido mejor haber optado por tu otra alternativa.
A veces, en un afán por elegir lo mejor podemos terminar como el asno de Buridán. Esta paradoja, atribuida a John Buridan, trata de un pobre borrico en extremo racional al que, tras privarlo varios días de comida, se le pone exactamente entre dos montones de alimento completamente iguales. El animal es incapaz de tomar la comida, pues cuando ve hacia uno de los montones, inmediatamente contempla las ventajas del otro, una y otra vez. Su vacilación lo lleva a morir de hambre ante su imposibilidad para escoger una u otra opción alimenticia. La moraleja de esta historia es que la mera consideración racional de las cosas no siempre nos ayuda por sí misma a decidirnos en nuestra conducta práctica. Desde esta perspectiva, el burro muere de hambre por ser perfectamente racional. Parece que en ocasiones, al decidir, nos serviría guiarnos por algo más que nuestra razón.
Buscamos la certeza que aparentemente nos da el análisis racional de las cosas, y cuando no la tenemos, nos paralizamos. Preferimos no actuar por temor a equivocarnos. Tenemos una necesidad irracional de seguridad. Por supuesto que tomar una buena decisión es importante, pero cuando nos obsesionamos con hacer todo bien, todo el tiempo, nos paraliza la indecisión o nos preocupamos por nuestras resoluciones.
A veces necesitamos pruebas fehacientes e inmediatas de que hemos elegido bien. Esto es porque pensamos que hay una sola opción correcta y nos empeñamos en encontrarla. Si queremos contrarrestar los efectos de esta forma de actuar, lo mejor es aprender a aceptar y acoger la decisión que hemos tomado, aun si no resulta ser tan buena. Arrepentirnos de nuestras decisiones, por muy sencillas que éstas parezcan, destruye nuestra tranquilidad y bienestar. Lo mejor es asumir nuestra decisión, adoptarla y no pensar más en las otras alternativas con que contábamos. La única buena razón para considerar las otras alternativas es si la que elegimos no resulta apropiada; entonces aprendemos nuestra lección y optamos por una opción diferente.
Lo cierto es que no siempre podemos tener la certeza de haber elegido bien, por lo menos no inmediatamente. Por difícil de aceptar, esto es una realidad. Ahora bien, ¿en realidad necesitas tener la certeza absoluta de que estás tomando la decisión correcta? ¿Qué hay del factor de riesgo implícito en todas nuestras decisiones? ¿Cuando tomas una decisión estás completamente seguro de que es cien por ciento la mejor decisión? Creo que no siempre. Me parece que más bien vamos descubriendo, una vez que elegimos, si fue la más conveniente o no, pero siempre hay un poco de incertidumbre alrededor de nuestra elección y podemos aprender a vivir con ello.
Cuando aceptes que no existe la certeza y que además no la necesitas, entonces podrás confiar en tu intuición.
Las decisiones que se toman sólo a partir de la razón y la lógica no siempre son las más efectivas o satisfactorias para quien elige. A veces razonar demasiado las cosas sólo retrasa nuestras elecciones, incluso en cuestiones tan sencillas como comprar un tipo de mermelada u otro. Hay momentos en que, además de un análisis de las ventajas y desventajas de las alternativas, nos beneficiaría tomar en cuenta ese no sé qué que nos guía, esa sensación de certeza no racional, que parece mágica, y que simplemente nos permite ver las cosas con claridad y saber las consecuencias de tomar una u otra decisión, o de seguir un camino u otro.
La indecisión es, por lo regular, peor que cometer un error, de acuerdo con Gerald Ford. ¿Tú qué piensas? En la sección de comentarios aquí abajo, escribe tus opiniones. Utiliza la opción que se encuentra en la parte superior de la página para compartir este texto en Facebook y otras redes sociales.
hola Victor me gusta mucho leer tu blog esta vez me parecio muy interesante pues me sucede muy frecuentemente y suelo solo pensar en lo que perdi por hacer una decision incorrecta felicidades. David Barcenas
RESPUESTA DEL AUTOR: El darte cuenta de que sueles slo pensar en lo perdido, a partir de tus decisiones es ya un avance. Quedarnos anclados al pasado y repasar nuestras prdidas una y otra vez, en muchos casos, puede ser la causa de la tristeza, la baja de energa e incluso depresin.
Gracias por tu comentario, David.
Vctor
Enviado por David Barcenas - 07-febrero-2012 a las 20:52
RESPUESTA DEL AUTOR: Estoy de acuerdo contigo, Csar, en que " aun cuando no se haya tomado la mejor (decisin), siempre se aprende algo". Siempre hay un riesgo implcito en cada decisin. Mis decisiones ms recientes estn relacionadas con cuestiones laborales, y no me arrepiento de haberlas tomado, todo lo contrario, estoy muy satisfecho con ellas.
Vctor
Una practica sistemática de autovaluación por medio del análisis FODA (cada 6 meses mÃnimo) nos permite identificar nuestros recursos (Fortalezas) para poder vislumbrar y aprovechar las Oportunidades en cuanto se presentan, identificar nuestras propias Debilidades y su origen (en lugar de vivir echandole la culpa a los demás), para trabajar sobre ellas; y distinguir claramente los riesgos o Amenazas reales que nos rodean, a fin de eliminarlos, minimizarlos o proveernos de lo necesario (fÃsica y emocionalmente) para hacerles frente.
Saludos!
RESPUESTA DEL AUTOR: Gracias por tus comentarios, Vecina. El modelo FODA coincide con muchas de los elementos que se analizan en la terapia y en coaching.
Tengo la certeza de que tus ideas sern de utilidad a muchas personas.
Vctor
Este espacio es para facilitarte la comprensión, desde otra perspectiva, de tus problemas e inquietudes y para que alcances el bienestar para ti y en tus relaciones.
Aquí puedes encontrar una visión profesional e imparcial, respuestas, para complementar tu perspectiva de las cosas.
Soy Psicólogo del área clínica por la UNAM, con Maestría en Psicoterapia Gestalt por la Universidad Gestalt de América. Tengo una especialidad en Tanatología y formación en Psicoterapia Cognitivo Conductual.
Desde hace ocho años ejerzo como terapeuta, paso una buena parte del día en consulta privada, hablando con las personas acerca de las cuestiones que más les inquietan en sus vidas y conduzco talleres de desarrollo personal.
He participado como especialista en diversos programas de radio y ahora te invito a ser parte de este espacio en la blogósfera: bienvenida, bienvenido.