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La noticia me tomó, nos tomó, a todos por sorpresa: la directora de Confe, la muy querida Abigaíl Hernández Mejía, murió este pasado 2 de enero.
Recuerdo el momento en que abrí el correo que me mandaron anunciando su muerte, aún estando de vacaciones. No le hice mucho caso porque pensé que alguien de la familia de Abi como muchos la conocíamoshabía muerto y que se les había olvidado poner quién, háganme favor. Ese nivel de improbabilidad, o de negación, le otorgué a pensar que ella pudiera haber muerto a sus 64 años, con la energía vital que siempre la caracterizó.
Conocí a Abi en 2007, en un congreso en Buenos Aires sobre síndrome de Down. Nos presentó Ana María Olivera, de Comunidad Down. Inmediatamente me comenzó a platicar de CONFE, que es la única organización que hace red en México entre organizaciones que trabajan con discapacidad intelectual. Yo que apenas estaba comenzando a conocer gente en este apasionante mundo de la defensa de los derechos de las personas con discapacidad le pregunté que ella ahí qué hacía. Qué oso cuando me respondió, sonriente y sencilla como siempre, que era
¡sólo la directora general!
Muy pronto me di cuenta que era una figura clave en el mundo de la discapacidad en México. Una mujer a la que extraño desde ya y que nos va a hacer mucha falta. Su falta, como bien dice Federico Fleischmann, presidente de Libre Acceso, es, no sorpresiva, sino increíble. Abi siempre estaba ahí, por eso es inconcebible. Como una mesa sin una pata. Gente así no debería de morirse.
Hernández fue (tuve que borrar dos veces el verbo en presente) maestra de educación básica y luego licenciada en Educación Especial. La primogénita de una familia de muchos hermanos cuyo padre era, también, maestro y fue el primero que le inculcó al amor al servicio a los demás.
Nació en Iguala, Guerrero y se vino a estudiar al DF en contra de la opinión de su padre; una expresión de ese carácter rebelde y de desafío a los paradigmas que siempre la caracterizó. Siempre dijo que su maestra había sido Margarita Gómez Palacio, directora de educación especial que la tomó como una de sus alumnas más destacadas porque siempre tenía iniciativa para hacer las cosas distintas.
Gaby Martínez, su mano derecha en CONFE, me confío porqué había entrado al mundo de la discapacidad: es algo que se sabe poco. Lo dijo en Yucatán una vez que le preguntaron por qué andaba en el tema cuando participó en Iniciativa México:
--Fue la primera vez que la vi llorar, siempre una mujer tan valiente, fuerte, emprendedora, sonriente, alegre. Había tenido una hermana, Frida, que tuvo un accidente siendo joven y tuvo una discapacidad física total. El único movimiento era el de su cabeza o algo así. Contó que para ellos, como familia, fue muy difícil vivir la discapacidad por la falta de servicios para atenderla, transportarla. Que eso la había decidido a luchar por los derechos de las personas con discapacidad: era un tributo a su hermana.
El CECADE que dirigía, Centros de Capacitación en Educación Especial, antecesores de los CAM (Centros de Atención Múltiple) fue uno de los primeros en afiliarse a CONFE cuando se creó. Insistió en organizar a los padres de familia para pedir su incorporación. Fue coordinadora de educación especial en diferentes regiones y llegó a CONFE en 1994 comisionada por parte de la SEP. Cuando la asociación se cambió a su actual sede, en Cuajimalpa, asumió el cargo de directora de servicios y apoyos.
Desde entonces comenzó a promover el modelo de una agencia de capacitación laboral y colocación para personas con discapacidad que no existía en México. Nadie creía que fuera posible algo así, recuerda Gabriela Martínez, directora de redes en CONFE, su colaboradora desde entonces Ahora tienen fila de empresas que buscan a personas con discapacidad para trabajar. También el servicio de intervención temprana porque decía que teníamos que apoyar también a los bebés y no sólo a adultos, a las familias para que tuvieran una mejor calidad de vida.
Estuvo en CONFE hasta el 2000, fecha en la cual se fue a una coordinación regional de educación especial. Cuando se jubiló en lugar de descansar, regresó a CONFE, primero como integrante del consejo y luego en el 2004, ya como directora.
Siempre apoyó proyectos de política pública e insistió en darle al movimiento asociativo una fuerza distinta, menos asistencialista y más proactiva. Que las asociaciones se fueran integrando como un tejido social a favor de derechos y que no esperaran qué podía hacer CONFE por ellos
o el gobierno, recuerda Martínez.
Promotora incansable de la Convención
Abigaíl abrazó el espíritu de la Convención por los derechos de las personas con discapacidad como nadie.
Era valiente, clara y coherente, recuerda Raquel Jelinek, presidenta de Inclusión Interamericana. Con la Convención, siempre estuvo abierta a ir aprendiendo los nuevos caminos e ir convirtiendo esos ideales en acciones concretas.
Particularmente se dedicó a dar la lucha sin tregua contra la declaración interpretativa que la Convención tuvo al ser ratificada en México y que limitaba el artículo 12 de la Convención, sobre la personalidad jurídica y que afectaba, sobre todo a las personas con discapacidad intelectual.
Me tocó, en lo personal, presenciar reuniones que ella y Raquel Jelinek tuvieron con los primeros coordinadores parlamentarios del Senado Carlos Navarrete, Manlio Fabio Beltrones y Santiago Creel-- en reuniones que tuvieron para explicar la importancia de que se quitara en contra de la entonces posición del senador Guillermo Tamborrel, quien finalmente cambió de opinión.
El pasado 9 de diciembre, en la entrega del Premio Nacional de derechos humanos a Federico Fleischmann, finalmente Felipe Calderón anunció la derogación de la declaración interpretativa. Al salir de Los Pinos, Fleischmann le habló para compartirle la noticia. Ella ya estaba hospitalizada por neumonía, antes que el cuadro se le complicara con los riñones y derivara en una sorpresiva muerte cerebral.
Siempre defendió enormemente la autogestión, por eso le calaba tanto la declaración porque abollaba el artículo 12. Era su lucha personal: la inclusión plena y capacidad de autogestión de las personas con discapacidad intelectual, recuerda Fleishmann.
Otra cosa que muchos comentan es su capacidad de trabajo. No era extraño, por ejemplo, recibir un correo de ella a medianoche. Si había que trabajar cualquier día de la semana lo hacía con gusto y siempre muchísimo optimismo.
Siempre sumaba y sumaba, recuerda Ricardo Bucio, presidente de Conapred. Hacía sentir a todos bien. Trabajaba, proponía. Tenía un sentido muy claro de la dignidad de las personas con discapacidad porque tenía muy clara la dignidad humana. Hizo de CONFE esa institución que desde décadas estaba llamada a ser: organismo líder, puente, apoyo, guía, articulador; siempre dando espacios, representando sin invisibilizar, generando propuestas, y construyendo con organizaciones de la sociedad civil, medios gobiernos.
Su familia
Además de eso supo construir una familia muy bonita, me cuenta Jelinek. Estaba casada desde hace más de 30 años con Carlos Juárez, un esposo que siempre la apoyó en todo. Se casaron en el 68 o 69 y se llevaban bien a la fecha. Carlos era un esposo extraordinario que siempre estaba dispuesto a ir por ella a la hora que fuera, regresando de viajes, por ejemplo.
Tuvo un único hijo, Carlos, comunicólogo, quien era su asesor extraoficial para el tema y lo fue de manera muy cercana cuando participó en Iniciativa México. Lo que siempre quiso y ya no tuvo fueron nietos; pero tenía un carácter tan amoroso que adoptaba a los hijos o nietos de sus amigas.
Y nosotras mismas éramos como sus hijas, recuerda Gaby Martínez.
Además de lo mucho que trabajaba siempre era una mujer que estaba al pendiente de los estrenos del cine; que le gustaba hacer kickboxing y tomar clases de baile y tenía una vida social plena.
Era una amiga solidaria en la que siempre podías confiar, dice Jelinek. En lo personal compartí con ella lágrimas y risas, muchas risas.
Por todo esto y mucho más vamos a extrañar mucho a Abi, pero al menos yo muy sonriente y agradecida por haberla conocido y por todo lo que aprendí de ella. Desde aquí un muy cariñoso abrazo a su esposo, hijo, hermanos y amigos.
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