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Los políticos están acostumbrados a jugar de local. En la televisión, en el mejor de los casos pueden decidir cuándo y dónde y con quién aparecer, en la radio pueden participar en ese ejercicio de las entrevistas con profesionales de las preguntas para que ellos puedan desempeñarse como profesionales de las respuestas, y una dinámica similar se produce en la prensa en la que el diálogo usualmente transcurre sólo entre un periodista y el entrevistado.
Pero los políticos, como el resto de los actores que aspiran a influir en el espacio público, no se quedan en esos terrenos sino que van a dónde esté su público. Criterio que me lleva a analizar uno de los cambios más importantes que estamos viviendo en los últimos años. Antes, la audiencia estaba en donde estaba el medio. Es decir, el medio de comunicación por sí mismo, la radio o la televisión, eran el imán por sus contenidos.
Hoy el público ha descubierto que tiene sus propios medios, como las redes sociales en internet, en las que se puede reunir para entretenerse, ligar, informarse o debatir. De tal forma que ahora son los medios y los políticos los que tienen que ir hacia donde está la gente.
Y ese cambio está provocando que los actores que tradicionalmente jugaban de locales, con sus propias reglas, ahora tengan que participar como si fueran el equipo visitante.
El mejor ejemplo se vivió hace unos días cuando se anunció la llegada de Andrés Manuel López Obrador a Twitter (@lopezobrador_) lo que provocó que algunos usuarios no solamente expresaran su rechazo sino que llamaran a una especie de boicot para que nadie lo siguiera. Naturalmente otros recibieron de manera entusiasta su llegada pero destaco a los primeros porque muestra la noción que existe entre los habitantes de esas tierras virtuales en el sentido de que la cancha les pertenece y ven con malos ojos que los políticos lleguen a participar en ellas.
La historia puede ser vista como una expresión de intolerancia que en mi opinión lo es pero también como una muestra de la diferencia que tienen estos espacios frente a los canales tradicionales. ¿O cuándo han escuchado a los televidentes pidiendo que una fuente no ocupe su espacio? Eso no pasa porque se asume que el terreno no es ciudadano.
La reflexión es importante porque tradicionalmente se piensa y así lo comentaba en el post de ayer que el gran reto para que la opinión de los ciudadanos sea relevante es que sea llevada al espacio de los políticos: los medios, los parlamentos, las urnas, etc. Pero tal vez lo que estemos viendo es una nueva dinámica en la que son los políticos los que están entrando al terreno de los ciudadanos, y lo que están encontrando, es que aquí se tiene que jugar con otras reglas.
Son muchas las historias incluso las está documentando la querida periodista y colega de blog, Katia D´Artigues en las que personas comunes y corrientes les pidieron cuentas a los diputados, con la particularidad de que no fue necesariamente en sus oficinas, sino en sus cuentas de Twitter o de Facebook.
El mensaje de fondo era muy sencillo: si quieres estar presente aquí con tus mensajes de promoción anunciando tus actos o difundiendo obras tienes que estar dispuesto a responder cuando te pida interactuar. Lo otro no sirve para nada porque confirma que la intención no es abrir un canal de diálogo sino tratar de vender un mensaje tal y como ocurre en los espacios tradicionales. Con la diferencia que aquí el reproche no pasa por filtros sino que es automático y juega inmediatamente en contra de su presencia y efectividad en la red social. Si no participas, no cuentas.
La moraleja de la historia es buena: si los políticos pretenden ir a donde está una parte de sus electores-ciudadanos-compradores- tienen que entender que acá el sentido del poder no es de arriba hacia abajo y el instrumento demanda lo mismo hablar que escuchar para que tenga sentido. Si no están dipuestos a jugar de locales con nuestras reglas, que mejor se resignen a no contar con este público, que en esta cancha participa como otro jugador y de local.
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