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Y llegaron los cambios. Luego de semanas de especulaciones finalmente se anunciaron los movimientos en el gabinete de Felipe Calderón. Ahora las preguntas son otras. La primera, si los de ayer fueron todos los ajustes. Por un lado podría pensarse que sí para no generar incertidumbre en otras áreas del gobierno pero si recordamos la forma en la que el Presidente anunció su gabinete -por entregas- yo no descartaría una segunda ronda de ajustes.
Pero mirando a la que ocurrió ayer la duda que tal vez muchos tengan es si esos relevos son los que necesitaba su gobierno para repuntar.
En principio destacaría que ninguno de los tres designados es un improvisado en su campo. (Vean si no las semblanzas de Francisco Javier Mayorga, Arturo Chávez y Juan José Suárez Coppel). Para bien o para mal - dejo ese análisis a otros- cada uno de ellos conoce el área que le ha sido asignada. Destaca también que si bien tienen la experiencia de haber trabajado en posiciones de gobiernos panistas, no son hombres de partido lo que al menos en el papel les facilitará la interlocución con la oposición, capacidad deseable para el resto de esta administración.
No obstante estas ventajas veo en las designaciones un problema mayor. Ninguno de los tres nuevos funcionarios tiene un peso propio como para entusiasmar. Dicho de otra forma, ninguno ayuda con su sola llegada a mejorar las expectativas sobre el gobierno federal. Sin duda tendrán algunos méritos, tal vez en su campo profesional o en sus contactos políticos dentro o fuera del PAN, pero es evidente que ante los ojos del ciudadano común y corriente no se trata de personas que le aporten capital al Presidente.
El punto es relevante porque a estas alturas está claro que lo que Felipe Calderón está buscando son tanques de oxígeno, o si se quiere otra analogía, al Mandatario mexicano se le está acabando el tiempo aire para mantener una buena comunicación con la población.
Tengo la impresión de que con el discurso del pasado miércoles logró ganar tiempo, mismo que ha ido administrando con sus encuentros con la oposición o con el programa del domingo. El Presidente Calderón está reforzando su presencia porque no quiere ser actor de reparto los próximos tres años sino protagonista.
De ahí que sea fundamental ver si los nuevos secretarios tienen la capacidad para apoyarle en esa tarea. El resultado dependerá de al menos dos cosas: la capacidad de los desginados para impulsar un nuevo estilo en sus secretarías-lo cual está por verse - y el margen que les den para que luzcan y sean verdaderos aliados del Presidente.
Hasta ahora el sello de la casa han sido los secretarios de Estado con un bajo perfil. Veremos si en este rubro también hay cambios ahora que se está lanzando la nueva etapa de la administración. Si se les deja, serán una ayuda importante, si los mantienen atados y guardados seguirá recayendo toda la carga sobre Felipe Calderón. Veremos qué pasa en los próximos días.
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