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Ya contamos con las primeras mediciones de las consecuencias económicas del virtual paro económico que se instrumentó en México a raíz del brote de la influenza A H1N1 a finales e inicios de mayo.
El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) disminuyó en abril 12.2 por ciento en su comparación anual, la contracción más profunda para un mes desde que se tiene registro del indicador en 1993.
Los datos del INEGI señalan que la contracción fue consecuencia de la suma de varios factores negativos entre los que destacan: la debilidad de la demanda interna, la recesión mundial, el brote de influenza A H1N1 así como los menores días laborados por las festividades de pascua.
Las actividades más afectadas por los datos negativos fueron el comercio, servicios educativos, autotransporte de carga, servicios de apoyo a los negocios, de preparación de alimentos y bebidas, y de alojamiento temporal, principalmente.
Por su parte, el sector industrial que incluye manufactura, construcción, minería y electricidad, retrocedió 13.2 por ciento real, mientras que las actividades primarias aumentaron 8.7 por ciento anual.
Ya habíamos llamado la atención en este espacio sobre el impacto del virtual paro económico por la alerta sanitaria.
¿Cuál será el resultado de este paro económico?
Podría ser que el paro económico sirva para darle un respiro a la economía, así haya sido una medida atinada para detener el brote de la influenza o bien una medida económica que sobre reaccionó a un brote epidémico estacional.
Para remediar la sobre oferta que implica una recesión se necesita reducir el precio de las mercancías para las cuales no hay demanda, con el fin de incentivar su consumo.
Al reducir la sobre oferta hasta que se iguale a la demanda, los empresarios estarán dispuestos a invertir para producir más, lo que creará empleos y generará ingresos.
Desde el lado de la producción, las empresas redujeron sus inventarios acumulados por la crisis, y se ahorraron algunos gastos fijos por honorarios y contratos de trabajo no asalariados.
Para los productores que padecían la sobre oferta de sus mercancías, el paro económico pudo ser un respiro.
En el lado de la demanda, la población se encerró en sus casas y aunque se realizaron algunas compras de pánico, el gasto se redujo al reducirse las posibilidades de encontrar establecimientos abiertos.
En otras palabras, se puede esperar que el ahorro familiar se haya incrementado. Respecto del ingreso, muchas personas dejaron de percibir sueldos y honorarios. A saber: músicos, trabajadores de la industria restaurantera, trabajadores sin contratos asalariados.
Lo que ya puede observarse con facilidad después de este paro económico son ofertas en industrias como la turística, que tratarán de recuperarse en la temporada veraniega y recibirán incentivos para superar las secuelas del virtual paro económico.
También hemos visto una apreciación del peso frente al dólar por los buenos resultados en la balanza comercial, después de que pase la volatilidad que causó la especulación en el mercado de divisas con el pretexto de la incertidumbre de los inversionistas ante el brote epidémico.
Este "switch" económico costará al final del año al menos un 0.3 por ciento del Producto Interno Bruto. Lo que me queda es la esperanza de que el paro económico de abril tenga efectos positivos en la economía igualando a la oferta y demanda de servicios y mercancías.
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