La colonia Guerrero es una zona estigmatizada y se le relaciona con ladrones y asesinos seriales como el supuesto caníbal que devoró a sus novias. También es una de las zonas con mayor tradición en el DeEfe con sus 136 años de existencia. Se construyó en 1873 cuando el entonces presidente Sebastián Lerdo de Tejada ordenó la ampliación de avenida Paseo de la Reforma. El juego de permanecer en sus calles como un avatar que presume invisibilidad no funciona. No hay que intentarlo porque las miradas, por más ausentes que sean, contienen furia reprimida. La nomenclatura de esta érea capitalina hace referencias a personajes mexicanos famosos y aparte del panteón San Fernando ya no quedan más de cinco inmuebles de la época pre-revolucionaria. A unos metros de la tumba de Benito Juárez, la mariguana y la piedra esperan en bolsas de hule y papel periódico. Son la una de la tarde: dos sexoservidoras van por la banqueta y se meten a uno de los tantos hoteles que proliferan cerca de Reforma. El trabajo es el trabajo. Los pegajosos rayos de sol estupidizan, por eso abandonan sus cuevas sin muros alcohólicos y ladrones. En el pavimento sólo quedan trapos mugrientos y envases de plástico. Total, no hay diferencias entre el bien y el mal ni entre preguntas y respuestas.
Lo que cae en este blog se lo debemos a la teoría del caos que tiene su epicentro en el Distrito Federal o Ciudad Monstruo.
Investigación urbana; bitácora de encuentros con personas, inmuebles y objetos.
Me interesa la ciudad de México como centro de experimentación y los modos de vida que se desarrollan en la capital del país, donde confluyen miles de personas anónimas que desarrollan su vida más allá de la publicidad de los mass media.