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Reclamo porcino
29-mayo-2009
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Fotografía: Basurero
Un amigo que se encuentra en España manifestó gran indignación cuando, en los inicios de la emergencia sanitaria, leyó a un editorialista de aquel país comentando que era lógico que México fuera el foco del contagio, dadas las condiciones higiénicas que nos distinguen. Sin necesidad de entrar en odiosas e inútiles comparaciones o en el análisis del nacionalismo herido, lo que es cierto es que la situación apenas pasada nos ha dejado una importante enseñanza: muchas “buenas maneras” que tradicionalmente se cuidaban en la educación y que paulatinamente habían caído en desuso son más que nunca pertinentes.

Por anacrónico que pueda parecerles a los detractores del “estornudo educado”, hoy vuelve a descubrirse la validez de gestos delicados como cuidar el modo de toser o estornudar, lavarse periódicamente las manos y no escupir despreocupadamente en la calle. Y desde estas notas, propias para enfrentar el actual virus, cabe abrirse a horizontes más amplios, que también son caldo de cultivo de otras infecciones virales y bacteriológicas. Para considerarlo bastaría observar la cantidad de basura arrojada en la calle o en los medios de transporte, los más recónditos ángulos que esconden gomas de mascar y colillas de cigarro, o el entorno deplorable que caracteriza tantos lugares donde se preparan alimentos, desde pretendidos restaurantes del más alto nivel y costo hasta los puestos esquineros más modestos y populares.

Es verdad que también podemos reconocer con gusto e incluso enorgullecernos de varios espacios en los que la limpieza es una nota constante. Pienso, por ejemplo, en el reto permanente de conservar el metro de la Ciudad de México como uno de los más limpios del mundo, lo que en la emergencia sanitaria alcanzó niveles heroicos. Pero hay que decir que ello supone una estrategia en la que se combate la abierta indolencia de muchos pasajeros que no sólo no colaboran, sino de plano tiran desperdicios como bolsas, periódicos y latas, lo que hace que el final de los recorridos contraste ampliamente con el inicio de los mismos. ¿Quién no ha visto la célebre botella de jugos o refrescos recorriendo los vagones entre las frenadas y aceleradas de los trenes?

En nuestra cultura, el tristemente célebre lugar de la falta de higiene lo ocupan los cerdos. Independientemente de si esta asignación es justa o no –¿quién se resiste a un taco de carnitas o a unas buenas quesadillas de chicharrón?– empleamos muchas palabras referidas a ellos para indicar la suciedad. Los padres, para llamar la atención a sus hijos en torno a la limpieza, dicen como una muletilla común: “¡No seas cochino!”. Entre amigos, alguna ocurrencia que se considere inconveniente genera un explosivo: “¡Eres un cerdo!” –con prolongación cantada en la vocal “e”–. Un lugar desordenado es llamado “pocilga” y la más genérica manera de calificar la inmundicia es precisamente con la palabra “porquería”.

La experiencia de la influenza en la que aún nos encontramos, aunque ya haya bajado su intensidad, ha vuelto aún más penosa la condición porcina. En su arranque, la enfermedad fue bautizada con ese nombre. Al final resultó que el mal es más humano que porcino. Simpáticos reclamos podríamos escuchar ahora de ellos, con su peculiar gruñido.

Mientras pasamos ahora a un proceso de reposicionamiento de México como destino turístico, no estaría de más acompañarlo con una campaña que promueva también la limpieza como un valor cultural. Sigue siendo para nosotros una tarea pendiente la correcta separación de la basura, el respeto y la responsabilidad compartida en el cuidado de los lugares públicos, la moderación de todo tipo de contaminación y otras labores semejantes. Tal vez, incluso, una cultura de la higiene podría alcanzar también la limpieza en las campañas políticas. ¿O será demasiado pedir?
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Un lugar desordenado es la imagen de la persona y a eso le llamamos \"mala vibra\"


 Enviado por Paola Chávez - 29-mayo-2009 a las 17:52 Enviar mail al autor

 

Hola Julián:

lo que quieres es una limpieza profunda, por fuera y por dentro

si es un poblema la basura en la calle, y comienza porque no vemos donde tirar la basura, también la basura de casa, si no estas cuando pasa el camión, no hay manera de que se la lleven, claro, al menos en el DF, con su repectiva cuota, que cambia según la delegación

y la limpieza interna, es peor, porque como no la vemos, pues simplemente la mantenemos sepultada en la cabeza, en los pensamientos y claro en nuestras acciones

si deseamos campañas limpias, y ciudadanos limpios, empecemos cada uno, por nosotros mismos

saludos a todos


 Enviado por Claudia G - 29-mayo-2009 a las 12:01 Enviar mail al autor

 

Condemos a los puercos del PAN que nos quieren subir impuestos y siguen con sus cochinadas...


 Enviado por Estrada Morón - 29-mayo-2009 a las 11:53 Enviar mail al autor

 

P. Julián, creo que sí se puede crear una cultura de limpieza como valor cultural, en cualquier caso ya sea de educación o politica, porque tenemos los medios y tenemos a los medios, así como se repite y repiten tantas mentiras que las hacen una verdad absoluta, así los comunicologos profesionales y honestos pueden hacer la diferencia, cuando en las casas falte ese principio que es la educación, sería uno buena opción en lugar de mandar mensajes de violencia.


 Enviado por Carmen Delgado O. - 29-mayo-2009 a las 11:16 Enviar mail al autor

 

P. Julián, de las cosas buenas que podemos recuperar de la pasada contingencia es una cultura de la higiene. Fue gratamente sorprendente observar la solidaridad de la mayoría para acatar las medidas, extremas para unos, pero necesarias para las autoridades. Hubo acatamiento, conciencia, en el momento. Sin embargo, pasa la ‘emergencia’ y se diluyen las medidas. Para crear ‘hábitos’ es necesaria la repetición de actos, y si buenos, tendremos virtudes. El ejemplo arrastra. Creo que es deber de conciencia para toda figura pública —al menos católica—, el continuar con estas prácticas de higiene, de manera que se haga costumbre y se cree cultura. Y en esto, ustedes los sacerdotes tienen un papel. Fue lamentable constatar como, en plena contingencia, algunos ‘ministros’ se pasaron por el ‘arco del triunfo’ las instrucciones de las autoridades —incluyendo la eclesiástica. ¡Que ejemplo! Bueno, si esto vemos en personas ‘preparadas’, qué podemos esperar ver en candidatos ‘express’, en un ámbito de cochinero. ¿Pulular las infecciones? Pero el remedio está en nosotros, en cada uno de nosotros: mantener una conciencia limpia (formada y educada), desinfectar las costumbres, y buen ejercicio, ejercer un voto razonado, libre y responsable. En pocas palabras: erradicar el ‘chiquero’ por un gobierno sin infecciones.


 Enviado por Lord Michael - 29-mayo-2009 a las 11:13 Enviar mail al autor

 

Padre lo justifica la razón; ¿A quién no le ha tocado ver a los autos, micros o camiones donde sus viajeros o familias avientan la basura a la calle? o los grupos de estudiantes que dejan las latas, colillas de cigarro, bolsas de frituras, etc. en cualquier barda o carro. Estos casos no sólo son de educación en casa, sino del MÁS BÁSICO SENTIDO COMÚN. Al gobierno estatal o municipio hay que pedirles botes de basura sobre todo alrededor de las escuelas, \"tiangis\" y calles con gran flujo de personas. Y ustedes, nuestros guías, también colaborar en su difución semanal para tratar de \"educar\" a esta gente que le falta el básico \"sentido común\" . Saludos


 Enviado por lauris - 29-mayo-2009 a las 10:37 Enviar mail al autor

 
 
Acerca del autor
 
Julián López Amozurrutia

Este espacio anhela ser una búsqueda compartida. Juan Pablo II decía que tenemos que dar el paso “del fenómeno al fundamento”. En el fundamento hay siempre buenas noticias: la de la vida humana, la de la dignidad de la persona, la de su trascendencia. Porque la realidad se nos presenta como un conjunto de VALORES por descubrir; porque la persona humana puede cultivarse en la VIRTUD; porque la mente se eleva hacia la VERDAD.

Soy ciudadano mexicano, discípulo de Jesucristo, sacerdote católico. Hoy tengo la bella misión de acompañar como rector a los jóvenes que se preparan en el Seminario Conciliar de México.

Página personal: www.amoz.com.mx

 
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