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La desnudez encubierta: cubrebocas
06-mayo-2009
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…y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.

Poesía (fragmento). Xavier Villaurrutia.

POR: Ana Luisa Martínez del Campo Rangel, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras. UNAM

¿Nos miramos a los ojos?, ¿nos miramos mirándonos?, ¿pretendemos mirarnos?, ¿o, simplemente no nos miramos? Dos rostros, dos cubrebocas y de pronto dos pupilas. Justo en la dirección que conduce al horizonte inesperado. Encuentro, indiferencia, desencuentro, aguda coincidencia. Los rostros siempre están ahí, como un todo: nariz, ojos, frente, mejillas, labios. Sin embargo, los ojos son, quizá, lo último que observamos de alguien que no conocemos; sólo así, de soslayo, apenas. El cubrebocas, cuyo objetivo es aislar una enfermedad, aísla a un ser en la multitud, aísla a una multitud y paralelamente la unifica.

La ciudad parece distinta. Se ha vestido de un modo diferente. Ha cambiado de color. La piel casi ha desaparecido. Un trozo de tela. Una máscara. Una cara sin cara. Y los ojos. Incontrolables perseguidores de nosotros mismos: lagunas rodeadas por cuencas de infinitos, espejo de voces y eco de calladas gesticulaciones.

Por un instante no hay más. Ojos. Desconocidos, en la calle, en el pasillo de un hospital, en la avenida del supermercado, desvelan, mientras el resto del rostro permanece encubierto por un cubrebocas. El encuentro se siente más directo, más cercano. Más tibio. Menos casual, menos instantáneo, menos mortal. Ahí, frente a alguien con quien seguramente no volveremos a cruzarnos, tapada la mitad de la cara, podemos mirarlo mejor que si lo hiciéramos a través de la sola desnudez de todas sus facciones.

Los semblantes desnudos son la seca costumbre de una ciudad que esconde a un ser y sus reflejos, que los hace desvanecerse, en conjunto, los cosifica, los olvida y los hace olvidar la naturaleza humana que el génesis antiguo, adherido a las piedras que la cimientan, parió alguna vez. La máscara, el cubrebocas, paradójicamente, parecen devolverle la más pura sensación de autenticidad.

Yo miro, tú miras, él mira, ella mira, nosotros miramos, ellos miran… y todos nos ocultamos para hacerlo. Detrás queda la sonrisa, la carcajada abierta, el gesto de desdén, la muda admiración. El rictus en la boca. La mejilla doblándose y consiguiendo el desdoblamiento ajeno. El rubor de la piel. La mano sobre el rostro trazando la fuerza del sentido. Y sólo subsiste, más allá de la vestimenta del cubrebocas, esa humedad acuosa que se incrusta sin tocar, de un ojo a otro, pegajosa, como la baba de un caracol a la superficie de la tierra; es la mirada que exige ser mirada y que nos grita sin contención: aquí estoy, siempre, junto a ti; tú y yo somos parte de esta ciudad que habitamos y morimos cada día.

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Una de las recomendaciones para cuando estés en París es: no mirar a nadie a los ojos; también otros de los primates, en los zoológicos se ponen agresivos si los ves directamente. He oído que a mucha gente le aterra que los gatos les sostegan la mirada. Ahora nadie puede sentirse provocado, ni juzgado. La heroicidad de ponerse un cubrebocas, esfuerzo enorme de la solidaridad ciudadana, que el gobierno tanto ha alabado, nos los permite. Tu texto tiene la belleza necesaria para distanciarnos de cualquiera que fuera la realidad. Cristina


 Enviado por Cristina Manterola - 08-mayo-2009 a las 19:14 Enviar mail al autor

 

Gran texto y muy buena reflexión acerca de lo que de inusual pasa a ser cotidiano y adquiere carta de naturalización entre nosotros, ¿será el deseo fallido de haber sido doctores o enfermeras? ¿guess who?.


 Enviado por JLG - 07-mayo-2009 a las 10:15 Enviar mail al autor

 

Me encantó. La ciudad ha cambiado y el cubreboca le dió un rostro distinto. Felicidades.


 Enviado por Jorge Antonio - 06-mayo-2009 a las 23:00 Enviar mail al autor

 

Muy poético tu texto. Muchas felicidades. RM


 Enviado por rebeca mata - 06-mayo-2009 a las 12:11 Enviar mail al autor

 

Oye, está muy padre desde el punto desde donde tomas el concepto de tapabocas. Tienes mucha razón al decir que aísla y también unifica, dos cosas tan diferentes. Está muy padre tu texto, desde el punto de vista poético y profundo.


 Enviado por Talía - 06-mayo-2009 a las 10:56 Enviar mail al autor

 
 
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