Nancy Mariel Castañeda Anaya
Estudiante de Periodismo en la FCPyS de la UNAM
Eran las siete de la noche cuando Susana volvió en sí y se encontró tirada en el suelo temblando afuera de la estación del Metro Zapata. Ella tenía las piernas encogidas y el rostro hinchado por los golpes. Poco a poco regresaron sus sentidos: primero la vista borrosa por las lágrimas, después comenzó a escuchar el pasar de los autos, su nariz tapada apenas percibía el aroma a gasolina quemada, por su lengua corrían un par de gotas de sangre y justo al final vino el dolor; le dolían el rostro, la cabeza, la muñeca izquierda y el cuello. Aunque Susana conoce al agresor, prefiere guardar el secreto.
Ese día por la mañana ella tomó la decisión de terminar su noviazgo con Fabián, un joven a quien conoció en la preparatoria meses atrás. La joven salió temprano de su casa rumbo a la estación del Metro Zapata; durante el camino pasó y repasó las palabras adecuadas, pensó en tonos de vos y hasta quiso llamar a una amiga para que la acompañara, pero le daba vergüenza que otros estuvieran cuando Fabián se burlaba de ella.
De acuerdo con el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ), 75.8% de los noviazgos en México presenta agresiones de tipo psicológicas, de las cuales casi 61% es contra las mujeres.
Cuando Susana llegó a la estación, Fabián ya la esperaba afuera, justo frente a los vitrales de una zapatería. Él tenía un ramo de rosas blancas y una sonrisa penitente en el rostro. De inmediato la abrazó y con voz dulce le pidió disculpas por lo del día anterior; Susana asintió con la cabeza, tomó las flores y comenzó a caminar hacia la casa de su novio. Veinte minutos después llegaron al departamento; la vieja puerta de metal rechinó como siempre pero de algún modo ella no pudo escucharla.
Él, igual a tantas veces, comenzó a besarla mientras intentaba convencerla de que no viera esa misma tarde a sus amigas. Le preguntó a dónde iban y posteriormente si la podía acompañar. Susana tomó su mano y lo encaminó hacia el sillón, luego de un gran silencio cerró los ojos, suspiró profundo y con la mirada perdida en sus rodillas le dijo: “Quizá debamos darnos un tiempo, tengo muchas cosas en la cabeza”.
Más tardó Susana en terminar su frase que Fabián en tomarla por el cuello y a empujones llevarla hasta su habitación. Una vez ahí la tiró sobre la cama, cerró con llave la puerta y comenzó a gritarle: “¡De aquí no sales jamás! ¿Lo entiendes? ¡Tú eres mía y primero me mato antes que dejarte ir!”.
No era la primera vez que la encerraba. Susana conocía bien la rutina: él la amagaría hasta escucharla decir: “Sí, soy tuya”; se lamentaría por hacerla llorar; luego se justificaría con la falta de su padre y terminaría desahogándose con los pantalones en los tobillos sin importarle que Susana no hubiese parado de llorar. Así fueron las siguientes cuatro horas.
Según los resultados de la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo (Envinov) 2007, 16.5% de los mexicanos entre los 15 y 24 años, involucrados en una relación, han sufrido ataques sexuales por parte de sus parejas.
Pasaron 30 minutos desde que Fabián se quedó dormido. Susana se subió los pantalones y en el camino topó la vista con los moretones en sus muslos, razón por la cual dejó de usar faldas; su novio solía morderla periódicamente en las piernas y en los pechos como si se tratara de un juego. Ella aprovechó el estado somnoliento de su compañero para abrir la puerta y salir corriendo.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, tres de cada 10 estudiantes mexicanos han sufrido violencia durante el noviazgo. Y las cifras a nivel mundial hacienden a 30% de los estudiantes universitarios que han recibido algún tipo de agresión por parte de sus parejas.
Cuando Susana llegó al paradero de camiones a un lado de la estación Zapata sintió un fuerte jalón de cabellos, alguien la tomó de la muñeca izquierda y la aventó contra las rejas de una jardinera. Era Fabián: la tenía amenazada contra el enrejado mientras le torcía el brazo izquierdo por la espalda. Él comenzó a estampar el rostro de Susana en el metal como si se tratara de huevo cocido y a gritarle en el oído: “¡Te vas a arrepentir, te lo juro!”. Luego la soltó y se alejó repitiendo la misma oración en tanto le mostraba el puño derecho a su ex novia.
Durante un rato la joven permaneció tirada en el piso privada de miedo. Los vendedores y transeúntes de aquel lugar no se perdieron ni un instante de la golpiza, pero nadie se acercó a ayudarla ni siquiera cuando su agresor se marchó. Susana tragó la sangre en su boca, arregló un poco su cabello, se levantó y caminó en silencio rumbo a los andenes del Metro.
Por favor no me dejen a medias, que paso despues?, denuncio los hechos?, metieron a la carcel al novio?, Susana se esta tratando fisica y sicologicamente?. Pobre muchacha, ojala que haya puesto la denuncia, si no, el problema va a seguir para esta muchacha, corriendo el riesgo de morir en manos de ese enfermo.
Casi siempre, las victimas de violencia necesitan que alguien las \'\'empuje\'\' a poner la denuncia, necesitan mucho apoyo emocional, pero desgraciadamente el victimario trata de aislar a la victima, las alejan de amistades, hasta de la familia para que \'\'no le abran los ojos\'\' y poder seguir abusando de la pareja.
Yo no se que esta pasando actualmente con la juventud actual, antes la violencia domestica solo se daba en los matrimonios o concubinatos, ahora sucede en los noviazgos.
Una ALERTA para los padres de familia, esten muy pendientes de sus hijas (os), nadie conoce mejor a los jovenes que sus propios padres, vean los cambios que tienen sus hijos, el semblante, el estado de animo, el rendimiento escolar, alejamiento de sus amistades, las madres tenemos muy desarrollada la intuicion con nuestros hijos, USENLA. PERO LO MAS IMPORTANTE, SENORAS, NO SE DEJEN PEGAR POR SUS MARIDOS, POR ESO SUS HIJAS SE DEJAN PEGAR POR LOS NOVIOS O MARIDOS PORQUE LO APRENDIERON EN CASA.
Enviado por Liliana - 27-abril-2009 a las 20:26
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Puff que tonteria acabo de leer, jamas es culpa de la mujer, lamentable esta situación, y lamentable que haya gente que viendo, no intervenga, aunque sea para ayudarla cuando ya no estaba su agresor. Un saludo
Enviado por Undertaker - 27-abril-2009 a las 14:01
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Cuando golpean a una mujer,
La primera vez es culpa del hombre
La segunda ya es culpa de la mujer
Enviado por jbc - 27-abril-2009 a las 09:10
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Hola Mariel! Wooow... es un tema bastante fuerte -y triste, pero frecuente- el que tocas en tu crónica, muy aplaudible.
El relato es bueno, pero si aceptas mi muy muy muy humilde opinión creo que la inserción de datos duros - sin duda importantísimos- hacen que el hilo de la narración se pierda por momentos, creo que quizá colocados de otra forma, ligandolos mucho más al ritmo narrativo que llevabas hubiese enriquecido mucho más tu de por si buen trabajo.
Es lamentable, por otro lado, que la situación que acá retratas se presente con una frecuencia alarmante. No sólo la violencia física es común, también la psicológica, los gritos... los chantajes sentimentales... en fin, es evidente que debemos aprender a respetarnos nosotros mismos, y ante cualquier signo de posible agresión abandonar una relación enfermiza... está en un uno el decir BASTA!
Muchas felicidades Mariel!
Saludos, Ruth
Como jóvenes y como periodistas nos interesan muchísimos temas: desde la globalización, la política, el empleo, el desempleo y el costo de la vida en México, hasta los deportes, el ánime y el rock, pasando por la sexualidad, la cultura y lo que piensa nuestra generación tanto de sí misma como de las anteriores y de las que van llegando.
Egresados de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la mayor parte de nuestro desarrollo profesional ha cobrado forma en la Subdirección de Opinión de EL UNIVERSAL.
Así, a partir de nuestro lugar en esta casa editorial y de la nueva etapa de este blog, buscaremos aprovechar este espacio para explorar el acontecer diario, así como los temas que interesan, preocupan y ocupan a nosotros los jóvenes, para comentarlos y, esperamos, para conocer sus puntos de vista en torno a todo lo que merece ser discutido. Bienvenidos.