Recientemente se dieron a conocer las nominaciones para la 52 entrega del Ariel, premio que año con año otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas a lo más destacado de la cinematografía mexicana.
Llamó poderosamente la atención que la cinta ‘Arráncame la vida’ (una de las más taquilleras del año pasado y la producción cinematográfica más cara en nuestro país) no alcanzara nominaciones en los rubros más importantes: Mejor Director, Mejor Actriz, Mejor Actor ni Mejor Película.
Y no es que la decisión suene incorrecta, en este espacio no fuimos precisamente entusiastas de ‘Arráncame la Vida’, toda vez que la cinta nunca termina por encontrar el rumbo hacia el corazón de la novela original. No obstante, la Academia misma fue la responsable de enviar esta cinta como la representante de México en los premios Oscar que otorga su símil estadounidense.
¿Cómo se explica entonces que la cinta que la propia Academia Mexicana eligió para representarnos en los premios Oscar no alcance la nominación como Mejor Película para el premio Ariel?
¿Acaso entonces no era tan buena la película?, y si es así, ¿Por qué la enviaron en primera instancia?, ¿Quién o quiénes toman estas decisiones?, ¿Bajo qué criterios?
¿Habría sucedido lo mismo si en efecto hubiera alcanzado la nominación al Oscar, si hubiera ganado?, ¿Es acaso esto un castigo a la cinta?
Y no se trata, insisto, ni de menospreciar a los nominados (personalmente me entusiasma la idea de que una película como ‘Voy a Explotar’ de Gerardo Naranjo se lleve el Ariel a Mejor Película) ni de defender la calidad de ‘Arrancame…’, pero todo esto hace dudar de la seriedad y la visión que sobre el cine tiene la Academia Mexicana.
De las cintas nominadas a Mejor Película (‘Voy a explotar’ de Gerardo Naranjo, ‘Lake Tahoe’ de Fernando Eimbcke, ‘Intimidades de Shakespeare y Victor Hugo’ de Yulene Olaizola y ‘Los herederos’ de Eugenio Polgovsky) sólo una – Lake Tahoe- se ha podido ver en salas comerciales, las otras sólo en festivales o en funciones privadas para prensa.
No parece sano que el mayor premio cinematográfico del país esté cada vez tan lejano del público mexicano. Si bien el alma del Ariel es “una apuesta por el cine como expresión del espíritu, como séptimo arte, por encima de las limitaciones y las presiones del mercado y el comercio (1)”, tampoco es buena idea distanciarse tanto del público que ve cine en salas comerciales, no en festivales. Premios como los BAFTA, los Goya y (evidentemente) los Oscar son seguidos no solo por la gente de la industria, los críticos o los ‘Académicos’ del cine; sino por el público que gusta de ver cine, que le emociona la idea de que su película favorita gane. Imposible que un premio como el Ariel tenga eco en el público cuando no solo no están nominadas películas que hayan sido exhibidas de manera comercial, sino que además en todas las categorías se repiten prácticamente los mismos nominados. Es un premio sin competencia, donde incluso en algunas categorías solo aparece un nominado. ¿A quién le importa competir por un premio sin competencia?
En entrevista, Pedro Armendáriz justificó la lista de nominados de este año diciendo que ‘la democracia es extraña’, es decir, cuando la Academia votó por qué película mandar al Oscar, ‘Arráncame…’ parecía la mejor opción; peo cuando se trató de elegir a los nominados para el Ariel, otras cuatro películas salieron de repente y resultaron son mejores que aquella otra.
Esto evidentemente habla de un problema de organización y criterio. Armendáriz de nuevo se justifica diciendo que son pocas las películas que se hacen en México (por ende son menos las elegibles al Ariel), pero que además hay división en la comunidad cinematográfica, toda vez que son pocos los miembros de la Academia que hacen su chamba de ver las películas y emitir opinión. Luego entonces, ¿a quién le importan los Arieles?
Un premio como este, en estas tristes circunstancias, no le sirve de nada al cine mexicano. Si bien es cierto que los premios deben de otorgarse no a las películas taquilleras, sino a las de calidad, tampoco es bueno para la creación de una Industria Cinematográfica Nacional el alejarse tan groseramente del público al que tanto imploran que ‘apoye al cine mexicano’.
La Academia debería de generar los mecanismos para que el público se acerque más al cine mexicano, y que esa comunicación exista en dos vías; esa unión debiera ser la piedra angular del esa industria cinematográfica que tanto añoramos. Justamente un premio como el Ariel debería ser una herramienta para ello, generando competencia, promoviendo la calidad, atrayendo a más gente a la taquilla; y no simplemente conformarse con ser un triste reflejo del incipiente intento de industria que tenemos.
¿Quién vigila a los que nos vigilan? Watchmen Dir. Zach Snyder
Después de ver Watchmen, la adaptación a cine hecha por Zack Snyder sobre el cómic más importante en la historia de ese medio, queda clara una cosa: en efecto, este proyecto era –y hasta el momento sigue siendo- imposible de filmar.
Watchmen es sin duda el cómic que vino a cambiarlo todo. Publicado originalmente en el año de 1986, la obra maestra de Alan Moore demostró que el arte secuencial no era cosa de niños y que sus posibilidades estaban a la altura del cine o la literatura. Watchmen se permitía hacer lo que ningún otro cómic había hecho antes: hablar de la naturaleza humana con una profundidad hasta entonces desconocida para el medio.
La cuestión se reducía a ver qué tan hábil resultaba el director Zack Snyder (egresado del mundo de la publicidad y apenas con otras dos cintas a cuestas, si, la tan mentada 300 es una de ellas) en el uso de la tijera y el pegamento.
El veredicto es simple: estamos ante la mejor adaptación de un trabajo de Alan Moore al cine.
Lo anterior no es cosa menor, luego de que el propio Alan Moore decidió retirarse y retirar su nombre (renunciando a regalías) de toda adaptación a cine que se hiciera de su obra. Moore es tajante respecto a la reciente moda de llevar cómics a la pantalla: “La razón principal de por qué los comics no funcionan como películas es debido a que el control en la industria del cine cae siempre al final en manos de un contador […] estos tipos probablemente sepan de balances contables, pero en cualquier otra área son estúpidos incompetentes sin talento […] este mundo no necesita más películas mierda”
Aún con ese panorama poco prometedor, Snyder levanta el proyecto con la promesa de ser lo más fiel al cómic. Y es una promesa que cumple dentro de sus propias limitantes artísticas.
No revelaré la trama de la cinta. Sólo necsitan saber que Watchmen se hace una pregunta fundamental: ¿Qué pasaría si en este mundo en realidad existieran los superhéroes? Cómo sería su actuar y cómo se relacionarían con los otros seres humanos, nosotros, a los que en teoría protegen.
La novela tanto como la película se desarrollan en Nueva York, en un 1985 alterno donde Richard Nixon nunca dimitió y continúa como presidente. La guerra fría contra los Soviéticos mantiene a los Estados Unidos al vértigo de la guerra nuclear, el reloj que anuncia la eminente guerra final sitúa sus manecillas apenas cetro minutos antes de las 12.
En medio de este panorama de guerra nuclear eminente, un hombre es lanzado por la ventana de su departamento. No es cualquier persona, se trata de Edward Blake, antiguo vigilante miembro de un grupo de héroes enmascarados originalmente conocido como Minutemen. Los enmascarados han sido prohibidos por ley, pero aún hay algunos que operan en la clandestinidad. El vigilante conocido como Rorschach es uno de ellos, llega a la escena del crimen y descubre que Blake era en realidad el vigilante conocido como The Comedian. ¿Esto es una coincidencia, o se trata esto el inicio de un complot para acabar con los vigilantes? Hasta aquí la historia.
Son más los aciertos que los errores de Snyder, y el primero de ellos es no autocensurarse. La novela gráfica original es ‘fuerte’ en su lenguaje, sus personajes no dejan de ser humanos y como tales pueden ser crueles y mezquinos; los héroes de esta historia no por ser ‘héroes’ dejan de ser brutales y violentos cuando es necesario. Todo ello está ahí, la sangre no se omite, la violencia no se maquilla, el sexo no se oculta, el lenguaje no se censura. Si algo hay que agradecerle a Snyder es que haya resistido la presión de bajar el tono de su obra con tal de vender más boletos, éste es su verdadero logro.
Pero si bien el director logra mantener casi intacto el actuar de sus personajes, no le alcanza el tiempo para abarcar la profundidad psicológica de los mismos. Tampoco le alcanza el tiempo para abarcar todas las imágenes y simbolismos de la obra original. Y no se le puede reprochar, simplemente era imposible. Watchmen no es un cómic cualquiera.
Prueba de estas dificultades es que tiene que recurrir a la palabra ‘Watchmen’ para referirse al grupo de héroes que protagoniza la historia. La palabra sólo se menciona en una ocasión en el cómic original, pero Snyder no encuentra mejor forma de explicar el verdadero sentido de la frase ‘Who watches the watchmen?’ (¿Quién vigila a los que nos vigilan?).
En esa manía por prácticamente calcar cuadro a cuadro la novela original está su principal error, siendo este un cómic que pretende insertar en un mundo real a los superhéroes, la puesta a escena de Snyder se ve demasiado ficticia toda vez que los colores originales del cómic son muy vívidos, pero al verlos en pantalla resultan apabullantes y caricaturescos. Watchmen la película, nunca logra abstraernos de la idea de que estamos viendo “una película de cómics”, cosa que si hacía la novela original al abstraernos de la idea de que estábamos leyendo “simplemente un cómic”. La cinta falla en trasmitir la angustia (propia de la guerra fria)de la población y de los propios héroes ante la inminite guerra nuclear, siendo este un elemento vital de la novela.
Cuando la cinta se va a tonos obscuros es cuando mejor funciona, pero con luz descubrimos un mundo de colores neones, con una estética tan luminosa como artificial. Snyder no entendió que los colores originales del cómic respondían más a una necesidad técnica de la época que a una auténtica voluntad por hacer todo más caricaturizado.
El colmo de esta voluntad estética es cuando se muestra a políticos reales como Richard Nixon –personaje que juega un papel fundamental en la historia-; Snyder caracteriza al actor que le da vida al político haciéndolo ver como un bufón con una nariz a todas luces falsa que lo hace ver ridículo (Frank Langella, ¿Dónde estás?).
Afortunadamente sus otros actores, los que interpretan al grupo de héroes, se toman su trabajo un poco más en serio. Destaca el trabajo de Jackie Earle Haley como Rorschach, en una actuación a tono con la novela: intensa y cerebral. Destaca también el uso de la música, misma que el propio Alan Moore utiliza en la obra original en forma de epígrafes que cerraban cada capítulo. Snyder sabe cómo utilizar su soundtrack de manera eficaz.
Creo que los fans pueden (podemos) estar tranquilos. Se agradece con todo el respeto que tiene el director a la obra original, a pesar de los excesos que esa manía le hace cometer. Se extrañan, pero era inevitable, las miles de referencias que deja fuera el director. Terry Gilliam, uno de los tantos directores que intento llevar la historia a cine, se dio cuenta de esto y alguna vez declaró que la historia sólo podría contarse en forma de miniserie. Tiene razón.
Con todo, me parece que el maestro Alan Moore tendría menos razones para odiar esta película que las que tuvo con otras adaptaciones menos logradas como lo fueron V for Vendetta, The League of Extraordinary Gentleman y From Hell.
La recomendación final es obvia, lean Watchmen y comprueben que el arte secuencial es más que tipos corriendo con mallas.
Nota a manera de disculpa.
Por un error técnico, este blog no estuvo disponible desde temprano como es habitual, ofrezco una disculpa a los lectores por el inconveniente.
El Twitter de este blog sigue y seguirá activo hasta que nos cansemos de subir mensajitos u otro error nos tire el sistema, la dirección es: http://twitter.com/elsalonrojo. (entren para ver una bonita foto de Malin Akerman, protagonista en Watchmen)
Héroes en mid age crisis... Woody Allen meets DC Comics... no... yo no sé qué le ven a Watchmen!
Enviado por Piero - 13-marzo-2009 a las 06:43
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Alejandro; Tomo en cuenta tus recomendaciones, pero al parecer las del Ariel están \"alejadas\" del mundanal ruido de las salas. En una de esas seremos \"fans\" del cine hindú..... Supongo que no tardaremos en que nos invadan, como es de todos sabido que en la India es donde mas cine se hace....nosotros iremos donde nos \"quieran\", donde ni nos \"pelen\" pues corresponderemos de la misma manera con \"frialdad\", aunque sea muy cine nacional.
Enviado por COCO - 06-marzo-2009 a las 17:38
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creo que se sigue tratando al publico mexicano como falto de cultura e inteligencia y que no es capaz de poder o querer ver mejores películas que todas las \"palomeras\" que abarrotan las salas de cine. ¿Cuando se darán cuenta que habemos muchas personas que queremos ver una cartelera más amplia donde podamos ver películas que como tú mencionas solo se exhiben en festivales o en DVD?.
ta chido el blog
saludos Alex.
No sé ustedes, pero yo estoy harto de los críticos de cine. Usualmente son individuos algo petulantes que odian el cine comercial y erigen sobre un pedestal a cualquier cinta de tres horas en blanco y negro. Desde su mirada fría y sin pasión creen tener la verdad absoluta.
Olvidan que el peor pecado que puede cometer un director de cine es hacer una cinta aburrida. ¿Cuándo habrá sido la última vez que esos críticos entraron con auténtica emoción a una sala de cine?
En este espacio nos gusta el cine, no importando de donde venga, ni quién lo haga. Se trata de recuperar esa capacidad de asombro, justo como ocurría en sus inicios, en aquel Salón Rojo (la primera sala de cine en la ciudad de México) donde la emoción de la imagen en movimiento se convirtió, con el paso de los años, en cinefilia.
Pero no nos malinterpreten, si bien nuestra dieta visual se permiten ciertas golosinas, tampoco soportamos aquel cine que atenta a nuestra inteligencia.
Sirva este espacio para platicar de lo que más nos gusta: el cine y su experiencia. Al fin y al cabo, la crítica la hacemos todos. Bienvenidos.