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Frecuentemente escucho o me escribe gente que percibe que la ciencia pelea con las religiones. Contra las supercherías y los charlatanes es muy claro que sí. Pero con la religión los hechos y la historia de la humanidad nos documentan que sucede al revés, son las iglesias y sus seguidores quienes han beligerado con algunas de las ideas de la ciencia y sus autores.
En este espacio ya hemos comentado los más sonados y populares asuntos de Galileo Galilei y Giordano Bruno; uno abjurado de sus ideas de la Tierra y los planetas orbitando alrededor del Sol (que también eran de Copérnico), bajo arresto domiciliario perpetuo y el otro rostizado en leña verde.
Las ideas de Darwin, más que el mismo don Carlos, tuvieron influencia indirecta hasta en revoluciones, como la de España en 1868. “El origen de las especies”, como en su época y geografía “Simplicio” de Galilei, trascendió el ámbito académico y se trasminó hacia la cosa pública, política, ideológica, jurídica.
Durante los años veinte del siglo XX en Estados Unidos se desató una cruzada de la religión protestante contra las ideas de la evolución de las especies. El darwinismo no solamente se había difundido desde el Reino Unido a la mayor parte del mundo académico, sino también a lo largo y ancho de la escala social, impactando a grupos cada vez más alejados del ámbito de la investigación científica.
Los predicadores fundamentalistas denunciaron en toda la unión americana, principalmente en los estados del Sur, que la idea de evolución de las especies (incluido el hombre) iba contra la palabra de Dios y promulgaron disposiciones para prohibir sus enseñanza en las escuelas públicas.
La promulgada en Tennessee en 1925, llamada Ley Butler, fue desafiada por el profesor de secundaria John Scopes, actitud que recibió el respaldo de la Unión Americana de las Libertades Civiles quienes enviaron al hábil abogado Clarence Darrow y un grupo de juristas a defender al profe.
La acusación contra el catedrático de secundaria Scopes fue presentada por el poderoso William Jennings Bryan, quien había sido tres veces candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos.
Las noticias del juicio a John Scopes en el pueblito de Dayton, Tennessee fueron transmitidas por telégrafo a todo el mundo y en todas partes se enteraron del ridículo papel que hizo Bryan frente a la elocuencia, sustento, razonamiento y conocimientos de Darrow; incluso le obligó a admitir que no todas las palabras de la Sagrada Escritura podían interpretarse literalmente. Era increíble la ignorancia del fiscal acusador sobre temas científicos e históricos.
El profesor de secundaria John Scopes fue declarado culpable, con un jurado conformado a modo, y condenado a pagar una multa, pero el fundamentalismo a los ojos del mundo civilizado quedó desacreditado y la carrera política de Bryan quedó destrozada. Su congoja fue tal que cuatro días después de finiquitado el absurdo juicio murió.
La imágen es de la película "Heredarás el viento" que trata sobre el juicio
al profesor de secundaria que enseñaba evolución
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