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¿Qué tienen en común un neurocientífico, un mago y un ladrón de bolsillo? Los tres dependen de la función cerebral de otras personas para sobrevivir.
Los ladrones de bolsillo y los magos han estudiado los mecanismos cerebrales de conciencia y atención durante cientos de años. Gracias a esta especialización funcionan sus trucos y son exitosos en obtener pertenencias ajenas sin que las personas se den cuenta.
Ahora, las neurociencias vuelcan su atención a ambas profesiones para hacer uso de varios de sus trucos y utilizarlos en conjunto con las técnicas actuales de estudio cerebral para tratar de entender cómo funciona el cerebro.
Un artículo, publicado en la revista Nature Neuroscience junto con los congresos anuales de la Asociación del Estudio Científico de la Conciencia reúnen a magos y científicos en colaboraciones para dilucidar juntos las funciones cerebrales.
La magia manipula la atención, la conciencia, la confianza y la percepción lo que permite hacer creer a la gente cosas que no son reales. Son precisamente estos procesos que resultan de gran interés para los científicos que estudian al cerebro y tratan de entender los procesos cognitivos, la memoria, la atención, los lazos sociales, los procesos de inferencia y la conciencia.
Entre las estrategias utilizadas por magos y ladrones de bolsillo están las ilusiones como la ceguera no intencional, las ilusiones de memoria y las correlaciones imaginarias.
Uno de estos casos se ejemplifica con la respuesta cerebral después de ver un estímulo y consiste en la persistencia de la imagen en la conciencia durante un tiempo corto después que el estímulo ha desaparecido.
Los magos hacen uso de estos momentos en los cuales las personas creen que siguen viendo algo que ya no está ahí para “mágicamente” hacer aparecer objetos o cambiar algunas de sus características.
Otra habilidad desarrollada por los magos durante sus trucos es un conocimiento a profundidad de como se manipular la atención del público. La cantidad de información que hacemos conciente es una mínima parte de lo que sucede a nuestro alrededor y nuestro cerebro sigue un orden riguroso en el que prestará atención a objetos nuevos, inusuales, contrastantes o en movimiento. Así, un mago puede distraer a las personas utilizando estos principios mientras lleva a cabo algún truco que no alcance el conciente de las personas.
Sin embargo, existen una serie de reglas que siempre deben seguirse para que pasen desapercibidas y sea creíble un truco de magia. Cada movimiento del mago debe estar justificado. Muchas veces el mago explica cada una de las acciones que lleva a cabo de manera que resulten lógicas para el cerebro (aunque en realidad la verdadera razón por las que las hace sean diferentes y escondan el truco). Nunca se debe repetir el mismo truco dos veces ante un mismo público. La mayoría de los actos de magia más exitosos son aparentemente repetidos aunque cada vez se utiliza una técnica distinta lo que le permite al mago descartar los posibles mecanismos que hagan que funcione.
En el caso de los ladrones de bolsillo o de relojes, también utilizan al tacto, otro de los sentidos que dan una gran cantidad de información al cerebro sobre la realidad que nos rodea.
En este caso, antes de desabrochar y quitar el reloj, el ladrón apretará la muñeca de la víctima lo que despierta un mecanismo de adaptación que tiene dos efectos. Por un lado eleva el umbral de respuesta de los receptores táctiles de la piel durante unos segundos lo que hace que la sensibilidad disminuya y los subsecuentes movimientos para extraer el reloj sean menos perceptibles. Por otro lado se crea una ilusión táctil de que el reloj sigue ahí aunque haya sido extraído ya, similar al efecto de la imagen que parece seguir ahí aunque ya no esté.
Varios de estos procesos han empezado a ser estudiado utilizando resonancias magnéticas funcionales y tomografías cerebrales mientras las personas observan distintos trucos de magia.
De esta manera, la ciencia empieza a utilizar el conocimiento de magos e ilusionistas para mejorar la comprensión de la magia de la conciencia.
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