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Mauricio Torres
Más de un millón 900 mil empleos se han perdido en Estados Unidos en el trascurso de 2008 a causa de la desaceleración económica oficialmente reconocida como recesión. Sólo en noviembre desaparecieron 533 mil puestos de trabajo y, en este contexto, empresas transnacionales como Citigroup, HSBC, AT&T, PepsiCo, Canon, Toshiba, General Motors, Chrysler y Cemex han realizado o anunciado despidos. México, por tanto, debe actuar ya para afrontar tales focos rojos.
Todos los especialistas con los que he charlado coinciden al menos en tres apreciaciones. La primera es que el gobierno federal reaccionó muy mal al minimizar los efectos en nuestro país de la crisis financiera global. En segundo lugar, que las dificultades por las que atraviesa el principal motor de la economía mundial, la Unión Americana, afectarán a todo el planeta y en especial a nosotros. Por último, que se puede —y se debe— tomar medidas para disminuir los impactos negativos, pero esto requiere un cambio de estrategia materializado en acciones inteligentes e inmediatas.
Durante todo el año los mexicanos hemos resentido las consecuencias de la coyuntura mundial. Los precios de productos y servicios han subido, nuestro poder adquisitivo se ha visto mermado, la paridad peso-dólar se ha desestabilizado y, por supuesto, como sucede en el vecino del norte, también ha decrecido la generación de empleo.
Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEG) señalan que entre julio y septiembre la tasa de desocupación llegó a 4.2%, las más alta de 2008, al tiempo que se contabilizaron casi 3 millones de personas subocupadas y cerca de 12 millones en la informalidad. Además, claro, no sólo aumentan los números —fríos pero significativos—, sino las historias y la angustia personal y familiar de quienes no encuentran trabajo o perdieron aquel en el que se desempeñaban.
Frente a este difícil panorama en materia laboral, nuestras autoridades, no obstante, tienen tanto la posibilidad como la obligación de actuar.
Una alternativa que ya ha planteado el gobierno federal es promover la inversión pública en infraestructura: construir y reparar carreteras, puentes, presas, hospitales o escuelas. Sin embargo, como me comentó hace algunas semanas Aurora Gómez Galvarriato, profesora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), aunque el plan anticrisis apunta en la dirección correcta porque México necesita ese tipo de desarrollo y gracias al equilibrio reciente en sus finanzas es capaz de gastar, las medidas propuestas podrían resultar insuficientes para encarar la magnitud del problema.
En ese sentido, el Ejecutivo tendría que apostar a más, racionalizar el gasto burocrático (por ejemplo, bajando los salarios de los altos funcionarios y eliminando erogaciones superfluas) y destinar más recursos a obras públicas. Asimismo, debería fortalecer los apoyos a las empresas, en particular a las pequeñas y medianas, al igual que asegurar que la economía siga caminando. Y todo eso, por cierto, tendría que empezar a hacerlo muy pronto.
Así, a pesar de que la crisis que ya se instaló en territorio nacional sin duda alguna será complicada, considero que antes que motivo de desesperación debe serlo de enseñanza para la comunidad internacional. Con respecto de nosotros, creo que podría ser el punto de partida para repensar y redefinir nuestro modelo económico y convertirlo en uno que produzca riqueza repartida con mayor justicia, solidez interna, competitividad global y bienestar social.
En lo que se refiere al empleo, como apuntó Ciro Murayama en su artículo de la pasada edición del suplemento Ideas, tendría que ser el momento en que este tema dejara la categoría de mero asunto de discursos en época de campañas electorales, para asumir la prioridad que merece en las agendas de todos los sectores: políticos, iniciativa privada, sindicatos, academia, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales, sociedad.
Y si bien en esa revalorización del trabajo a todos nos corresponde una responsabilidad, al gobierno federal, desde ahora, compete dar los primeros pasos.
mauricio.torres@eluniversal.com.mx
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