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El mito del libro
30-noviembre-2008
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POR: Román Salazar Luevano, estudiante de Ciencias de la comunicación de la Universidad Autonoma de Sinaloa

Hay una celebración nacional que cada año queda opacada. La muerte de una mosca es más espectacular. El vestido de la vecina es más relevante. Ya no se diga su importancia. El 12 de noviembre -dicen los que saben- es el día nacional del libro. Hace 29 años que dizque se celebra, y se emparenta para recordar a una tal Sor Juana Inez de la Cruz (¿Quién es esta mujer? Alguien que todos conocen pero que nadie a leído). La palabra no es celebración -de la vida libresca-, sino su conmemoración: para recordar un pasado que nunca existió.

Afortunadamente las autoriades competentes –mas no lectoras- harán un gesto simbólico a través de sus instituciones, o abusando de gentileza, incluso nos regalarán una declaración: leer es importante. Su gesto es más bien un rito fúnebre: Fue muy importante, pero ya no esta entre nosotros, lastima, prometia mucho.

Y el libro siempre promete. Pero no siempre cumple. La declaración, “leer es importante” -cuya frase emplaza la lógica de que sólo lo leído en libros se considera lectura- recuerda a los colados en un funeral, que sólo para simular que le importaba el difunto, se revientan un discurso sentimentaloide colmado de mentiras. Se llora que el libro es importante, y que ojala que su hábito viviera entre nosotros. Pero si viviera, no habría declaraciones; afortunadamente el libro esta enterrado 3 metros al fondo de una librería. A pocos les gusta la necropsia, incluso, hay quienes temen ver a alguien leer: mejor se convencen de que no leen en realidad, que sólo estudia para pasar la escuela (pues tan pronto nos recuerdan nuestra sacra obligación, nos prometemos la meta de leer, aunque sean los subtitulos de una mala película).

Leer es algo tan remotamente fuera de la vida comun, que se inventan falacias para convivir libremente con el remordimiento de no leer. Tal vez la peor de todas es que todo libro es bueno. Según Gabriel Zaid, cada medio minuto se produce un libro. Sería un engaño afirmar que por el hecho de imprimir un texto, este se vuelve bueno, correcto e indispensable; es una tomadura de pelo creer que leer un libro nos hace buenos, correcto e indispensables. Pero oficialmente no se le toma el pelo a nadie: se miden las tomaduras de pelo. La manía de las encuestas de lectura tienen como soporte la idea de que si sólo lees un libro al año (digamos, crítica de la razón pura) eres superior a alguien que lee seis (digamos “quien se ha robado mi queso”). Es decir: de nada sirve perder el tiempo tratando de entender lo que quizo decir Kant si te toma más de un mes; lo mejor es pasar a otro libro que no tome mucho leerlo, mucho menos entenderlo.

El libro, como objeto fetiche, es fuente de ensoñaciones para lectores y no lectores. Se tiene la bien intencionada creencia que entre más personas lean más, este mundo será un paraíso. Que una sociedad culta es una mejor sociedad, aunque poco se puede explicar de la Alemania de mitad del siglo XX, pueblo culto que desató semejante guerra. –Pero era una guerra entre cultos- diran los optimistas. Tal vez la lectura como creencia, como promesa de un paraíso sea sólo eso: una promesa. Juan Domingo Argüelles es más preciso: ¿Somos superiores los lectores a cualquier ser, sea músico, pintor, escultor, por el hecho de leer? ¿Debemos castigar con el desprecio a quienes aburren los libros? Exagero un poco, pero un poco nada más. El libro tiene fama de aliado emancipador; que ayudó a construir la revolución Francesa. Habría que preguntarse si en ese tiempo hubiera existido Internet, el libro hubiera sido tan importante. El libro, se dice, a diferencia de la televisión, no enajena. A lo cual se asume que nunca han leído a Carlos Cuauhtémoc Sánchez, o hacen menos documentos como Los protocolos de los sabios de Sión. Pero tampoco se necesitan de malos libros para enajenar. Grandes obras han enajenado a la humanidad por más tiempo que la televisión, como la Biblia o El Capital.

En realidad enajenarse (ponerse Ajeno a al realidad más próxima) no depende tanto del medio (radio, televisón, libro) sino de una cierta disposición a los medios del mundo: la de no pensar. Pero no es lo mismo pensar, a pensar algo. El primero todo lo hacemos; el segundo es más dificil, y lleva por nombre cuestionar. Y parece que es una perogrullada: todos debemos cuestionar. Pero el asunto es más complejo: El cuestionar es la continuación de una facultad biológica por medios psíquicos: la de separar la materia inerte para convertirla a un sistema complejo. Cuestionar, pues, es parte de la termodinámica biológica. Todo sistema vivo para sobrevivir debe hacer la separción tajante entre sí mismo y el medio que lo rodea. Cuestionar es distinguir (y distinguir viene del latin distinguĕre, separar, dividir). El imperativo biológico no es leer sino cuestionar, distinguir -separar- el Mundo (medio que nos rodea) y el sí mismo (Proceso del medio). Cuando un objeto reemplaza la tarea del proceso, el objeto se vuelve enajenante (incluyendo al libro). Por eso hay tantos eruditos y catedraticos que son analfabetos de la vida cotidiana. Creen que todo es economía, poder o información.

Entonces, ¿Cuál es la fución del libro? Marcel Proust da la respuesta:

“En realidad cada lector cuando lee, es el propio lector de sí mismo. La obra no es más que una especie de instrumento óptico que el escritor ofrece al lector a fin de que permita discernir lo que, sin ese libro, probablemente no hubiera podido percibir. El reconocimiento que el lector hace de sí mismo a partir de lo que el libro dice es la prueba de la verdad de éste.”

El libro puede ser fetiche o proceso. Quienes viven de la lectura (los escritores se mueren de hambre, pero con Doctorado…), necesitan comprobar que leyeron, necesitan venerar al libro como fuente de soluciones infinitas, necesitan alimentar el mito de que el libro resuelve todos los problemas nacionales. La infabilidad papal ya pocos la creen: se cuestiona casi por hábito. Pero la infabilidad meritocrática no es cuestionada sino que se reparte en cuestionadores. Cioran decia que la sociedad es una infierno de salvadores; ¿Qué pasa cuando la salvación se burocratiza expendiendo el título de cuestionador / salvador de la sociedad? Habría que preguntarle a alguien muy leido(sic). El libro fetiche nos vuelve objetos, planos: una caricatura de nosotros mismos. La infabilidad libresca nace del canon de lo comun. De la construcción de una verdad asimilidad como verdadera, cuando sólo es una opinion (un doxa). La infabilidad libresca se reviste de fama ajena. Toma los nombres de los grandes personajes y se arropa de su autoridad intelectual para adquirir autoridad moral: Yo leo a Balzac, Yo leo a Cervantes, Yo Apollinaire, Yo leo a Flaubert. El estereotipo o etiqueta, es una titulación extraoficial, convierte al hombre detrás del libro en un simple lector: lo reduce a una dimensión que a la vez lo exalta. Quienes leen muchos libros sin el asombro de un primer libro, terminan por leer 5 o menos libros en toda su vida: su incapacidad de asombro encasilla toda obra en una anterior.

La fuerza del libro es endógena: viene de su interior, de crear nuevas conexiones con el mundo en la medida que lo cuestiona. Pero su poder es exógeno: legitima los actos como verdaderos, les da su visto bueno como correctos (he aquí la función de los intelectuales en diversos gobiernos). No hay que olvidar que la escritura nace con el poder. El código Hammurabi nació como la regulación del poder para evitar abusos, para sostenerse de un principio objetivo (lo escrito). Las letras son hermanas del poder. La genealogía de la escritura nos obliga a cuestionar la fuerza de la escritura, a regular su poder.

Y tú, ¿Cuándo fue la última vez que cuestionaste lo legítimo, lo academicamente correcto, las verdades asumidas, los doxas de los lugares comunes? ¿O sólo lees libros?

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Mi querdi Refifi: Existe una palabra que se llama neologismo.


 Enviado por el autor - 02-diciembre-2008 a las 15:07 Enviar mail al autor

 

Roman Salazar Luevano No existe la palabra \"infabilidad\" \"\"pendejazos\"\"


 Enviado por refifi - 02-diciembre-2008 a las 11:27 Enviar mail al autor

 

Dejame ver si entendì....no estàn para saberlo, pero siempre ando cuestionando lo legìtimo,lo acadèmicamente,y aquì cabrìa agregar lo social, lo gremial, lo intelectualmente correcto; todos los que hemos tenido la fortuna de llegar al nivel superior y cursar una carrera nos hemos visto en la cruel necesidad de leer X o Y libro por obligaciòn, y no por gusto; pero hay quien presume de haber leìdo esos libros y por ende entre màs libros se lean eres màs culto, pero bien sabemos que eso es solo una mentira y una necesidad de demostrar que se sabe, o una intenciòn un poco \"wannabe\" de demostrar conocimiento; aquì lo importante es que el gusto por leer se trae desde que se es pequeño, y ese gusto se incrementa al leer cosas que a uno le gustan, agradan y que inspiran; por ejemplo, ahorita que està tan de moda Carlos Fuentes, a mi en lo personal no me gusta, y por esto muchos me han dicho (y me diran) hasta de lo que me voy a morir, pero no me importa; ¿Por què tengo que leer los libros de ese señor si no me emocionan desde sus primeras lìneas, si no me gustan, si no me inspiran? señores, hay que leer por gusto y con curiosidad, y no nadamas porque se los demanden en la escuela o porque se los recomendaron en la Jornada o en tv.


 Enviado por Karinita - 30-noviembre-2008 a las 23:48 Enviar mail al autor

 

chiale chiale, si el lenguaje aunque no se quiera se presenta rebuscado, ¿para que leo?. digo!; ¿Letras, poder? recordemos al burro parado (ex-presidente 2000-2006)y claro la infabilidad bibriesca; además los escritores de nuestro tiempo (en méxico)son las plañideras del festejado! serapio arteaga. estudiante de biologia. Universidad Autonoma Metropolitana UAM.


 Enviado por serapio - 30-noviembre-2008 a las 20:54 Enviar mail al autor

 

Leí las primeras tres o cuatro líneas y mi asombro no fue tan grande como para seguir perdiendo el tiempo. Lo increible es que este blog se llame universitari@s. Demanden a la institución que los defraudó. Fue un crimen lo que cometieron con ustedes.


 Enviado por Lennon - 30-noviembre-2008 a las 02:51 Enviar mail al autor

 
 
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