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POR: Arturo Carrasco Cruz, alumno del posgrado en Historia de la Facultad de Filosofia y Letras de la UNAM
Hace unos días un profesor nos cuestionaba sobre el por qué del poco interés de los jóvenes hacia las ideologías, sean de izquierda, centro o derecha, las cuales, decíamos y hemos de reconocerlo, han pasado a segundo plano dentro de las preocupaciones de los jóvenes,
Hace unos días un profesor nos cuestionaba sobre el por qué del poco interés de los jóvenes hacia las ideologías, sean de izquierda, centro o derecha, las cuales, decíamos y hemos de reconocerlo, han pasado a segundo plano dentro de las preocupaciones de los jóvenes,
Esta preocupación radica en el hecho de que los jóvenes actualmente tendemos a ver el mundo sin mayor visión crítica, sin una postura ante los hechos que acontecen, lo cual nos hace mostrarnos con sumo desinterés ante ciertos sucesos que antes, y al decir “antes” me refiero a experiencias vividas tan sólo ocho años atrás, hubieran sido motivo de queja y discusión por parte de una juventud habida por hacerse escuchar.
Hoy en cambio, las expresiones juveniles se dan en otros términos: en la música, en la posesión de bienes, en la obtención de placeres constantes lo cual ¿lamentablemente? ha desplazado la preocupación sobre sucesos que tenían en los jóvenes a sus mejores defensores: las luchas juveniles han perdido hoy su relevancia, y ya ni hablar de la revolución, idea que sólo permanece en aquellos nostálgicos de la izquierda y “revoltosos” que no han entendido la realidad actual.
A qué atribuir esto, y las respuestas las planteo más como preguntas por confirmar que como enunciados resueltos: al modernismo, que es por esencia una contradicción y como tal vuelve a los jóvenes, al contrario de lo que pensaba Salvador Allende, en seres que efectivamente van en contra de su propia biología. O bien, al hecho de que efectivamente han muerto las ideologías como dijera Daniel Bell o, peor aun, al fin de la historia -idea de Fukuyama- lo que significa un reconocimiento al predominio del capital y su cultura consumista y desechable.
Discutir este tipo de temas en momentos como el que vivimos no se debe circunscribir a momentos de ocio, dígase a “charlas cafeteras”, ni mucho menos a una expresión de “nostálgicos” de los viejos tiempos, al contrario, debe verse como un justo reclamo del ser que transita en la existencia y que en este transito, parafraseando aquella canción interpretada por Pedro Guerra, siente la necesidad de creer ya sea en cristo, la paz, en algo o en alguien pero, hemos de reconocerlo, debe de creer.
Finalizo como empecé, recordando la plática que tuvimos con el profesor la cual, al igual que este texto, terminó concluyendo que, efectivamente es necesario y hasta imprescindible creer.
Esta preocupación radica en el hecho de que los jóvenes actualmente tendemos a ver el mundo sin mayor visión crítica, sin una postura ante los hechos que acontecen, lo cual nos hace mostrarnos con sumo desinterés ante ciertos sucesos que antes, y al decir “antes” me refiero a experiencias vividas tan sólo ocho años atrás, hubieran sido motivo de queja y discusión por parte de una juventud habida por hacerse escuchar.
Hoy en cambio, las expresiones juveniles se dan en otros términos: en la música, en la posesión de bienes, en la obtención de placeres constantes lo cual ¿lamentablemente? ha desplazado la preocupación sobre sucesos que tenían en los jóvenes a sus mejores defensores: las luchas juveniles han perdido hoy su relevancia, y ya ni hablar de la revolución, idea que sólo permanece en aquellos nostálgicos de la izquierda y “revoltosos” que no han entendido la realidad actual.
A qué atribuir esto, y las respuestas las planteo más como preguntas por confirmar que como enunciados resueltos: al modernismo, que es por esencia una contradicción y como tal vuelve a los jóvenes, al contrario de lo que pensaba Salvador Allende, en seres que efectivamente van en contra de su propia biología. O bien, al hecho de que efectivamente han muerto las ideologías como dijera Daniel Bell o, peor aun, al fin de la historia -idea de Fukuyama- lo que significa un reconocimiento al predominio del capital y su cultura consumista y desechable.
Discutir este tipo de temas en momentos como el que vivimos no se debe circunscribir a momentos de ocio, dígase a “charlas cafeteras”, ni mucho menos a una expresión de “nostálgicos” de los viejos tiempos, al contrario, debe verse como un justo reclamo del ser que transita en la existencia y que en este transito, parafraseando aquella canción interpretada por Pedro Guerra, siente la necesidad de creer ya sea en cristo, la paz, en algo o en alguien pero, hemos de reconocerlo, debe de creer.
Finalizo como empecé, recordando la plática que tuvimos con el profesor la cual, al igual que este texto, terminó concluyendo que, efectivamente es necesario y hasta imprescindible creer.
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