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POR: Verónica Valentín Archundia, estudiante de Administración, UAM Unidad Azcapotzalco
Los analistas económicos y (muy convenientemente) las autoridades financieras de este país describen a la crisis que experimenta actualmente Estados Unidos como un problema de “liquidez”; sin embargo, considerando los sucesos recientes, las complicaciones surgidas no son simplemente de liquidez sino de solvencia. Es decir, el inconveniente es mucho más grave pues se manifestará en el largo plazo.
¿Cómo es que un problema de solvencia es peor frente a uno de liquidez? Lo relevante es distinguir entre estos dos conceptos y, teniendo claro que la liquidez se refiere a la tenencia/falta de dinero en un determinado momento para hacer frente a los compromisos inmediatos; mientras que la insolvencia se traduce en un problema de estas características pero presente de manera sostenida; entonces debe entenderse a la insolvencia como la incapacidad de pago durante un periodo prolongado.
Cuando el comportamiento de insolvencia se generaliza en una economía, esto la desacelera, la “alenta”. Por lo tanto, al irse frenando paulatinamente el sistema de pagos (consecuencia clara de la recesión norteamericana ocasionada por el incumplimiento en el cobro del principal y los intereses generados por créditos hipotecarios esencialmente, mismos que fueron convirtiéndose en incobrables), la economía se desactiva debido a la escasez de financiamiento que por supuesto produce una contracción de los mercados a nivel internacional.
La respuesta inmediata ante una situación de tal naturaleza es generalmente intentar reactivar la economía doméstica a través de un incremento en el gasto público; es decir, incentivar la productividad nacional principalmente en sectores como el de la construcción. Deberíamos preguntarnos si esta clase de medidas son realmente las adecuadas en el caso mexicano. Un aumento del gasto probablemente producirá endeudamiento y alza de precios, pues aunque el objetivo es generar empleos nuevos en el corto plazo, se trataría sólo de una acción de tipo emergente.
A mi juicio, la crisis que nos aqueja actualmente definitivamente impacta a los diversos ámbitos de la sociedad de manera negativa, pues nuevamente genera un detrimento de la calidad de vida de los mexicanos (que ya de por sí ha sido bastante golpeada); debemos reflexionar sobre la resistencia de la sociedad ante sucesos así, no sería extraño que en el futuro próximo las personas optaran por dejar de bloquear las avenidas principales de esta ciudad para hacerse escuchar y comenzaran a tomar medidas mucho más “drásticas”. A fin de cuentas, a todos e acostumbra el hombre, menos a dejar de comer… ¿Tú cómo ves?
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