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Fue a través de los celulares, unas telecomunicaciones resultantes de una revolución científica, como en su momento lo fueron las hojas volantes de la imprenta de Gutenberg, el medio de comunicación por el que corrió la noticia del avionazo del ex secretario de Gobernación.
De la prensa y los medios de comunicación electrónica puede percibirse que reaccionaron a la noticia más que a difundirla, propagaron creencias en vez de hechos, hasta que al final tuvimos dos creencias contrapuestas pero de la verdad nada. ¡Ah, pero pobre de aquél que tenga una tercera vía como esperar las investigaciones físicas, casi lo linchamos!
Por un lado hubo la imperiosa “necesidad” de que fuera un atentado y, por el otro, la imperiosa necesidad que fuera un accidente.
Aunque nos empeñemos con entusiasmo fanático en lo contrario no estamos fuera del mundo, en el que hay accidentes aéreos. El mes de agosto un jet comercial McDonnell Douglas MD-82 de Spanair se estrelló en el aeropuerto Barajas de Madrid y murieron 154 pasajeros. El vocero de la empresa Adolfo Lázaro dijo que no comentaría (a los medios) qué pudo causar el desastre, no obstante se difundió que los “flaps” de las alas no estaban desplegados cuando el avión tuvo que abortar un segundo aterrizaje. El vocero de le empresa comentó a la CNN que esa información la había difundido el gobierno. Poco después el secretario técnico de la comisión investigadora del accidente dijo a la prensa que las conclusiones definitivas tomarían tal vez un mes o quizá más.
También el mes de agosto un Boeing 737 de la empresa rusa Aeroflot se estrelló al aproximarse al aeropuerto de Perm, a mil 267km de Moscú en una zona deshabitada, muriendo sus 82 pasajeros y la tripulación. Según los expertos el accidente fue causado por la pobre capacitación del piloto y una cultura poquitera de bajar costos haciendo volar a los pilotos muchas corridas. Previamente se especuló que el accidente había sido causado por terroristas, lo que fue inmediatamente negado por la ministra de Situaciones de Emergencia del gobierno ruso, Irina Andrianova. Rusia y otras repúblicas que formaron la URSS tienen los peores niveles de seguridad en tráfico aéreo, según la Asociación Internacional de Aerotransporte.
El mes de enero un Boeing 777 de British Airways tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto londinense de Heathrow, no hubo desgracias que lamentar. El vuelo comercial perdió súbitamente potencia en sus motores por lo que tuvo que aterrizar de súbito. En las investigaciones de lo ocurrido intervinieron la estadounidense Administración Federal de Aviación, la británica Oficina de Investigación de Accidentes Aéreos, la Agencia Europea de Seguridad Aérea, la Oficina Nacional de Seguridad del Transporte (en inglés NTSB). Todos ellos coincidieron que debían cambiar las regulaciones de construcción y mantenimiento de las líneas de alimentación de combustible a los motores debido a que en bajas temperaturas el combustible se congela y no pasa a los motores.
Son muy complicados los factores físicos que intervienen en los vuelos de aviones: potencia, altura, velocidad del avión; densidad y temperatura de la atmósfera, velocidad y dirección de los vientos, por sólo mencionar algunos. Existen varios organismos internacionales con experiencia dedicados a indagar las causas objetivas, físicas, de los percances en la transportación aérea, a quienes interesan no sólo los vuelos comerciales sino todos, porque de ello depende la seguridad aérea en el mundo. Pero nosotros nos creemos distintos al mundo.
Como ciudadanos le ganamos en velocidad informativa a los medios. En banalizar, especular, fantasear, inventar, sospechar y complotizar empatamos con ellos. Ya decidimos divididos como en lo demás, sin razones y todos los prejuicios: fue un narcoatentado o fue un gubernamental accidente. Realmente no sabemos nada, pero creemos todo o lo inventamos.
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