Avenida Revolución, al poniente del Distrito Federal. Desde la altura del número 826 hasta un poco antes de Río Mixcoac, los carriles se han reducido de ocho a dos con motivo de la construcción de un puente vehicular que conecte Circuito Interior con estas vialidades. Es domingo por la tarde y el tránsito ligero fluye sin dificultades, pero este martes, cuando la ciudad regrese a la actividad después del último fin de semana largo del año, la situación seguramente será distinta.
Todos los que habitamos esta capital nos hemos quejado al menos en una ocasión de las obras que aquí se realizan. No obstante, más allá del enojo que pueden causarnos el ruido o el tráfico producto de estos trabajos, conviene pensar, por un lado, en las razones por las que se llevan a cabo lo mismo que en sus implicaciones inmediatas y, por el otro, en su impacto en la vida futura de esta urbe.
El gobierno local tiene abiertos 229 frentes de obra. De ese total —según reportó Johana Robles el 26 de octubre pasado—, 219, o sea, más de 90%, se efectúan conforme a los programas establecidos, en tanto que 10 de ellas, como el Distribuidor Muyuguarda, la nueva estación del Tren Ligero en Xochimilco, la rehabilitación de vías en Tláhuac y la Línea 12 del Metro, están retrasadas.
Cabe señalar que las autoridades capitalinas no son las únicas que desarrollan labores. Este viernes, por ejemplo, la delegación Miguel Hidalgo inició la edificación de dos pasos a desnivel sobre avenida Palmas, a pesar de las protestas de vecinos de Lomas de Chapultepec y Polanco.
No dudo que, como en su caso ha defendido el GDF, estas obras ya estén reportando beneficios a través de la creación de empleos. Tampoco cuestiono la utilidad que puedan tener en el corto e incluso en el mediano plazo una vez que hayan sido terminadas. Lo que pregunto, porque creo que ningún funcionario lo ha informado con claridad, es —literalmente— qué tipo de ciudad se está construyendo con estas acciones; qué tipo de ciudad tendremos en los próximos 10, 20, 30 o 50 años.
A reserva de lo que piensen los cibernautas, me da la impresión de que carecemos de un proyecto de largo aliento para esta metrópoli, de un plan que esboce, si no con puntos y comas, al menos sí en líneas generales qué debemos hacer para que este lugar siga siendo habitable y aun mejor en las siguientes décadas.
Es probable, sin embargo, que simplemente nunca lo hayamos tenido o que éste haya sido rebasado por la realidad: explosión demográfica, migración a los centros urbanos, crecimiento exponencial de las necesidades de vivienda y servicios, pobreza, desigualdad, reglamentaciones insuficientes. Por lo tanto, culpar del estado en que se encuentra la ciudad únicamente a las autoridades actuales o a sus antecesores perredistas, a pesar de los muchos errores que han cometido, es injusto porque los problemas que padecemos los hemos venido arrastrando desde inicios del siglo XX.
La lógica que parece haber imperado siempre es, pues, la de la solución rápida, coyuntural. Si se busca remediar la saturación vehicular en determinada área, se construyen más vías alternas (sin importar que durante la obra la concentración de automóviles se duplique o que con el tiempo esos caminos también se vean sobrecargados), en vez de favorecer un transporte público más eficiente que de veras invite a las personas a preferir esta opción por encima de la de sus coches.
Del mismo modo, si el conflicto es la alta demanda de casas, la respuesta es otorgar permisos de construcción, aunque esos conjuntos habitacionales no garanticen a sus moradores el acceso a agua o energía eléctrica y, quizá, ni siquiera cumplan con normas mínimas de seguridad.
Resultan evidentes los requerimientos del DF en materia de infraestructura vial y de servicios, pero éstos no serán satisfechos si nuestras autoridades, las actuales y las que vengan, las centrales y las de cada delegación, sólo se dedican a excavar, a pavimentar o a poner piedra sobre piedra sin ton ni son. Necesitamos, insisto, un proyecto a futuro que preserve la viabilidad de esta ciudad. Y en ese plan también deberían participar las instancias federales en tanto que estamos hablando de la capital del país y aquí se asientan los poderes de la Unión.
Para evitar que esta urbe siga creciendo como enredadera, que en ella flote indefinidamente la sensación de caos o que permanezca como en una obra inacabable, es indispensable empezar a construir con sentido.
A Rigoberto Pantoja: Hola. Muchas gracias por comentar. Lo que planteas deja ver que en este tema de las obras públicas hay un aspecto que no hay que olvidar: la transparencia en las licitaciones y contratos. En efecto, debe reporbarse y evitarse todo intento de amiguismos o favoritismos similares, y para eso, aunque sea difícil de creer o lograr, la presión que podemos ejercer los medios y los cuidadanos tiene mucho peso. Quedarnos callados en estos sólo contribuirá a que las cosas permanezcan igual o empeoren. Muchos saludos.
Enviado por Mau - 18-noviembre-2008 a las 17:28
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A Patricia García: Hola. Muchas gracias por tu comentario. Reitero: creo que no se trata de que ya no se lleve a cabo ni una obra más; muchas de ellas son necesarias. Sin embargo, estoy de acuerdo en que no hay que excavar por excavar, sino mejorar el transporte público, así como generar y cuidar las áreas verdes. Muchos saludos.
Enviado por Mau - 18-noviembre-2008 a las 16:39
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A Juan: Buenas tardes. Muchas gracias por tus comentarios; creo que en los tres expones puntos de vista interesantes. Como dices, es inevitable que en una ciudad, y más en una tan grande como la nuestra, se realicen obras de mantenimiento, rehabilitación o construcción. Lo que creo (y me parece que tú también) es que esto podría hacerse con mucho más orden, con perspectiva a futuro. La idea de destruir el DF o algunas partes de él quizá sea radical, pero no debemos desecharla porque no sabemos si en última instancia será nuestra única solución. Finalmente, coincido con que el gobierno federal podría hacer mucho más sin interferir con las facultades de las autoridades locales (promover el desarrollo de otras regiones y la descentralización son propuestas fundamentales) y, por otro lado, con que corresponde a los ciudadanos cuidar más el lugar en que vivimos. Muchos saludos.
Enviado por Mau - 18-noviembre-2008 a las 16:36
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La neta, ese es el negocio. No importa si en tres o cuatro años hay que reencarpetar segundos pisos , el dárselo a nuestros cuates hasta nos puede llevar a ser casi presidentes o al menos \"legítimos\". Ebrard sigue la máxima que dice \"pan y circo\" y da pan a los explotados trabajadores y hace que los habitantes del D.F. hagamos circo. pero él contenderá por la \"silla grande\" que es lo que le interesa. ¿pensar en promover el transporte masivo, eficiente y seguro? . Bueno estamos en México en donde ni los \"choferes de Learjets\" están capacitados. sigamos dando licencias \"al costo de los derechos\" y los microbuseros, taxistas y transportistas seguirán matando mexicanos, junto con los hábiles pilotos, ya sean Mouriños o Pérez. poero eso si sigamos el ejemplo de AMLO, viviendo de la mentira sin trabajar y jodiendo a quien se deje. Recuerden somos mexicanos, y todos somos \"enanos\". Saludines.
Enviado por rigoberto Pantoja - 18-noviembre-2008 a las 11:46
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SE NECESITAN AREAS VERDES Y TRANSPORTES PUBLICOS EFECTIVOS. NO QUEREMOS DEPRIMIDOS Y MENOS MAS OBRAS QUE NOS HACEN LLEGAR ESTRESADOS A NUSTROS DESTINOS.
Enviado por Patricia García - 18-noviembre-2008 a las 09:54
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El Berlín de estos días es una hermosa ciudad que se reconstruyó casi en su totalidad. Bien planeada, funcional y moderna, resurgió después de haber sido separa por un infame muro durante décadas. Por suerte, para los alemanes, cuentan con el dinero y la capacidad de construir una ciudad de la nada, si se lo propusieran. Hay vastas áreas de la Ciudad de México que podrían correr semejante suerte, ser literalmente destruidas para volverse a construir. Por desgracia, el dinero es una limitante muy grande para este tipo de proyectos en el país. De hecho, lo altamente costoso (y muy a menudo impractico por la sismicidad de la ciudad y el tipo de suelo) de la construcción de túneles, ha tenido que dar paso a alternativas elevadas (segundos pisos y distribuidores elevados).
El Gobierno Federal podría ayudar mucho, sin intervenir directamente en las decisiones que competen al Jefe de Gobierno, propiciando que el DF sea un estado autónomo e independiente (con su propia Constitución), favoreciendo el desarrollo de otras ciudades, realizando una descentralización plena (Secretaria de Marina en Veracruz, por ejemplo), promoviendo leyes donde los autos usados sean comprados por las propias compañías automotrices (a cuenta de un nuevo automóvil) ayudando a la des-chatarrizacion, y propiciando el desarrollo del campo y las ciudades pequeñas.
El Gobierno de la Ciudad bien podría presentar un plan, a largo plazo, de las directrices elementales para una vialidad planificada a futuro.
Pero lo mas importante, los ciudadanos seriamos quienes daríamos la ayuda mas sensible con medidas relativamente sencillas: estacionarse en lugares permitidos (no en doble o triple fila, en lugares para minusválidos o sobre la banqueta), respetar las señales de transito (sobre todo aquellas que favorecen el paso de peatones), respetar nuestros carriles, usar el auto lo menos posible.
Parte 3
Enviado por Juan - 18-noviembre-2008 a las 06:29
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Críticos y analíticos, varios columnistas políticos hicieron ver, en su momento, que gran parte del éxito de López Obrador al frente del Gobierno del DF, se debió a que este entendió que no podía mas que administrar el caos. Por consiguiente, se avocó a dar solución a los problemas mayores, uno por uno. La corrupción que imperó en la ciudad durante varias décadas (que no podía desaparecerse de un día para otro), había tolerado el crecimiento anacrónico de la ciudad. Como resultado, se tenían calles cerradas por el comercio informal, un desquiciante y corrupto sistema de transporte publico (los peseros, luego convertidos a micros), calles sin pavimentar o con pavimento de baja calidad, áreas densamente pobladas con pocas opciones de transporte, o unidades habitacionales donde cada casa se fue comiendo las zonas verdes aledañas o cerrando calles a discreción. Esto convirtió a la ciudad en una torre de Babel donde cada quien transforma su espacio inmediato a su antojo. A ello debe sumársele el uso excesivo del automóvil y la aun corrupción tolerante de varias violaciones a los códigos de la ciudad.
En una campaña llena de propuestas populistas, se nos ofreció como futuro decoroso tener un bocho y un changarro. El resultado fue espectacular, un creciente numero de vendedores ambulantes robándose las calles en cualquier ciudad del país, y millones de autos destartalados contaminando y obstruyendo vialidades (baste recordar que se permitió comprar autos usados de los Estados Unidos y, en el colmo, se vendieron en México aquellos que fueron rescatados de la inundación provocada por Katrina).
Parte 2
Enviado por Juan - 18-noviembre-2008 a las 06:28
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Toda ciudad del mundo necesita mantenimiento. Con base en esa premisa, es importante reconocer que de vez en vez habrán de cerrarse avenidas o limitarse el acceso a ciertas zonas. Sin embargo, creo que la ciudad de México ha rebasado, y por mucho, la capacidad de respuesta de cualquier autoridad; lo cual por cierto no es excluyente de otras grandes ciudades. El Londres actual es un caos semejante, o peor, que el DF, en cuanto al tráfico. En su caso, las alternativas son limitadas ya que las calles no pueden ampliarse porque correrían el riesgo de destruir sitios de gran valor histórico. Del mismo modo, el transporte público ha copado las calles y los cada vez mas grandes camiones no alcanzan a servir con eficiencia al creciente número de personas que los usan.
Ante ese panorama, no queda más que reconocer que el reto de dar vialidad a una ciudad sobre poblada es inmenso; a veces francamente imposible.
Parte 1
Como jóvenes y como periodistas nos interesan muchísimos temas: desde la globalización, la política, el empleo, el desempleo y el costo de la vida en México, hasta los deportes, el ánime y el rock, pasando por la sexualidad, la cultura y lo que piensa nuestra generación tanto de sí misma como de las anteriores y de las que van llegando.
Egresados de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la mayor parte de nuestro desarrollo profesional ha cobrado forma en la Subdirección de Opinión de EL UNIVERSAL.
Así, a partir de nuestro lugar en esta casa editorial y de la nueva etapa de este blog, buscaremos aprovechar este espacio para explorar el acontecer diario, así como los temas que interesan, preocupan y ocupan a nosotros los jóvenes, para comentarlos y, esperamos, para conocer sus puntos de vista en torno a todo lo que merece ser discutido. Bienvenidos.