El desarrollo de cada país, expone la Academia Mexicana de Ciencias en un desplegado publicado en EL UNIVERSAL el pasado domingo, depende “de su inversión en educación, ciencia, tecnología e innovación”. En el mismo mensaje, la asociación sostiene que el escaso gasto federal en este rubro, 0.34% del PIB, ha provocado rezagos en investigación básica y progreso tecnológico, asimetrías entre estados, instituciones y grupos sociales, así como un retroceso en nuestra competitividad.
La comunidad científica respalda una demanda que viene de tiempo atrás: que el Estado invierta mayores recursos en el sector a fin de que éste pueda subsanar carencias, fortalecerse, crecer y, con ello, contribuir directamente a la vida de la República.
Dicho en números, la academia considera necesario aumentar al menos en 4 mil millones de pesos el monto asignado en el proyecto de presupuesto del Ejecutivo a los programas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Si esto se consigue, señala, los fondos tendrían que ser etiquetados para quedar protegidos e, igualmente, debería promoverse la colaboración “entre empresas e instituciones de educación superior e investigación mexicanas de reconocido prestigio”.
Tal pareciera que como país seguimos sin percatarnos del enorme potencial que encierra nuestro aparato científico, visible —por ejemplo— en la posibilidad de brindar más valor agregado a las exportaciones nacionales, de crear materiales que resistan desastres naturales, de mejorar los cultivos y combatir el hambre o en la capacidad de entender fenómenos sociodemográficos como la migración.
Y esa falta de apoyo, cuando no de elemental interés, se manifiesta no sólo en los exiguos recursos federales destinados a este rubro, sino en muchos otros ámbitos del espacio público.
La sociedad, por múltiples causas, tiene una concepción limitada de la ciencia y en ocasiones incluso da la impresión de querer huir de ella. Al respecto, en su reciente libro The Age of American Unreason (La era de la sinrazón americana), Susan Jacoby se pregunta si los estadounidenses —cuya cultura influye notablemente sobre la nuestra— se están volviendo “hostiles” hacia el conocimiento y concluye que están cobrando fuerza tendencias contrarias al intelecto y al racionalismo.
Pensemos, por otra parte, en nuestra educación primaria y secundaria. Sin echar por tierra el esfuerzo que sin duda realizan varios docentes, hasta donde recuerdo el sistema con el que contamos no se caracteriza por fomentar la curiosidad y el verdadero gusto por la ciencia. Parte, más bien, de un enfoque memorístico y plano que, en vez de quitarle los estereotipos que se le imputan —pertenecer a una élite o ser incomprensible además de aburrida—, termina por reforzarlos.
Asimismo, hay otro actor que tiene su porcentaje de culpa en el desinterés social hacia los temas científicos: los medios de comunicación. Para ser justos, quienes ocupamos un lugar en prensa, radio, televisión o internet podríamos jugar un papel mucho más relevante en la difusión y popularización de la ciencia.
Sin embargo, lo que observamos hoy en día, según me comentó la doctora Cristina Aguayo-Mazzucato hace algunas semanas, es una especie de “divorcio” entre periodistas y científicos. Ambos gremios tienen reservas para acercarse o simplemente deciden no hacerlo, con las consecuencias que ello representa para la población. Por lo demás, añadió la también colaboradora de este diario, cuando los medios se aproximan a los investigadores suelen otorgar mayor peso informativo a una noticia en la medida de qué tan “llamativa” resulta —en otras palabras, qué tanto puede “vender”—, mas no de acuerdo a su trascendencia científica.
Ideas muy similares son las que exponen Jim Hartz y Rick Chappell en el libro Mundos separados, pero, por fortuna, tanto estos autores como Aguayo-Mazzucato insisten en que es del todo factible que los periodistas llevemos a cabo una cobertura más atinada y al mismo tiempo atractiva de estos temas.
Últimamente se ha comenzado a escuchar que una crisis siempre guarda una oportunidad. En ese sentido, ojalá que la complicada situación económica que ya vivimos sea el detonante para que Ejecutivo, Congreso de la Unión, instituciones educativas, medios y sociedad en general empecemos a dar a la ciencia mexicana el sitio que merece para convertirse en impulsora del desarrollo nacional. A la larga, todos saldríamos ganando.
mauricio.torres@eluniversal.com.mx
Como hombre de ciencia, con experiencia en investigación en una Universidad Publica, considero pertinente hacer unos comentarios.
1. Buena parte del presupuesto del CONACYT se va en gasto corriente, por lo que una porción importante de los pocos recursos que recibe se gasta en sueldos de altos funcionarios (y sus vehículos, sus traslados, sus escoltas, celulares, etc.).
2. En la investigación y educación superior impera el amiguismo y compadrazgo. Abundan los casos de “investigadores” que no investigan y ocupan una preciada plaza. En las universidades públicas hay profesores con muy pobre desempeño académico y, lo que es peor, hay quienes ocupan cargos desde los cuales abusan, colocando cuates o desviando recursos.
3. La elevadísima burocracia nos hace poco competitivos a nivel mundial. Una convocatoria para presentar proyectos sufre retrasos en la designación de los recursos. Luego es común que dichos recursos lleguen meses después del periodo en el que el investigador planteaba aplicarlos. A eso hay que añadir la burocracia interna de cada universidad. Si se requiere de un reactivo, o la reparación de un aparato de emergencia, el problema es grave. Hay que hacer una solicitud por escrito, luego esperar que un comité decida si aplica o no. A veces hay que tener el aval del sindicato, u otra instancia. Finalmente aras de hacer licitaciones “limpias”, terminan por comprarle al compadre un producto de pésima calidad.
Pero, a pesar de lo anterior, y a pesar de los bajos sueldos, los científicos mexicanos sobresalen. Con tantos problemas económicos, de planeación y aplicación de recursos, es posible ver trabajos de altísima calidad publicados en prestigiadas revistas internacionales (Nature o Science). Es por ello que la ciencia mexicana sobrevive y se mantiene. Por ello coincido con ese “valoremos la ciencia mexicana”.
Enviado por Juan M - 18-noviembre-2008 a las 07:32
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Como lo dicen varios participantes, en Mexico no hay apoyos suficientes pues los politicos generalmente son licenciados, administradores, gente que sufre miopia inetelectual y piensan que comprando todo al extranjero resuelven sus problemas, lo cual es cierto a corto plazo pero no van mas alla, a experimentar para mejorar o innovar todo tipo de procesos. Lo puedes ver con la sra Kessel que ha dicho que Pemex no tiene los ingenieros que hacen falta, o lo que como loros dicen otras gentes del gobierno que no tenemos la tecnologia. Primero, si hay ingenieros de alta calidad y son ellos quienes deben llevar las riendas de la innovacion tecnologica proveyendolos de los insumos necesarios y no dar todo a contratistas extranjeros para que solo los supervisen. Por ejemlo, estuve trabjando en la U d G en la instalacion de una red sismica telemetrica en el estado de Jalisco, los apoyos eran desde nulos hasta infimos y francamente asi no se puede hacer nada.
Enviado por tona - 15-noviembre-2008 a las 04:16
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Hola Mau! qué interesante tema, fíjate que ayer justo estuve en una conferencia magistral (uyy)) de un Doctor de la Univ. de Salamanca que planteaba justamente esto pero a nivel global: ante la crisis tienen que hacerse modificaciones al sistema que tienen que ver con el desarrollo de una cultura científica entre la población, para así hacer que las sociedades al rededor del mundo confíen en la ciencia aunque tengan problemas más inmediatos que resolver (suena raro), pero él le apuesta a un cambio en el mundo atendiendo a los retos que tenemos que enfrentar como humanidad en estos momentos: revertir la desigualdad social, frenar el cambio climático, etc. Sólo es posible a partir de la suma de esfuerzos entre distintas naciones (obvio su perspectiva es disinta porque su referente es la Unión Europea y su ejemplo más claro y reciente es el LHC), no obstante, el panorama en México me parece como aún muy atrasado considerando la disminución paulatina sobre la investigación y la falta de vinculación entre organismos de gobierno y cient´ñificos, incluso entre empresarios mexicanos y científicos mexianos. También me parece que hay que hacer muchos esfuerzos para desmitificar a la ciencia en este país, el no verla como algo externo. Recuerdo mis clases de metodologñia en la facultad, me enseñaban cómo se hacía ciencia social, pero desde la teoría, jamás te hacen sentir como parte de, como involucrarte en este proceso de hacer ciencia, sino como algo externo. En fin, me parece que sí suena muy bonio eso de que la ciencia y sus aplicaciones puedan dar ciertos cauces a los problemas mundiales, pero falta confianza, dinero y esfuerzos de todos los habitantes. Por cierto, voy a leer la sección de ciencia :P
Saluditos!
Enviado por Dela - 11-noviembre-2008 a las 21:42
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El desarrollo de la ciencia en México depende del modelo económico,politico y social. Para nuestros gobernantes resulta más comodo conducir su politicas al consumismo y depender del vecino del norte. Invertir en la ciencia representa un costo muy elevado y unos resultados a largo plazo, es por eso que CONACYT y los programas gubernamentales son puro parapeto de subdesarrollo cientifico a cargo de politicos que nada tiene que ver con la ciencia. Los recursos humanos los tenemos y los pocos estudiantes que destacan se tiene que ir al extranjero donde sus servicios en verdad son valorados y remunerados. El desarrollo de la ciencia va muy ligado con la educación, pero mientras nuestras politicas educativas esten dirigidas a formar empleados y no verdaderos profesionistas la ciencia siempre será un elemento pendiente en el desarrollo del país.
Enviado por Juan Collado - 11-noviembre-2008 a las 18:00
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A Ex: Hola. Muchas gracias por el comentario. Entiendo lo que señalas: es ilógico seguir invirtiendo recursos en preparar gente si al final ésta no hallará lugar y verá más conveniente quedarse en el extranjero si allá le pagan mejor. Lo que intento decir es que el cambio en la actitud nacional hacia la ciencia debe ser integral, o sea, de parte de todos y en distintos niveles. No es sólo dotar de más fondos al Conacyt, sino en serio vincular a instituciones e investigadores con cadenas productivas públicas y privadas para que ese capital intelectual se aproveche. De lo contrario, como adviertes tú, continuaremos casi tirando el dinero a la basura y expulsando talento. Muchos saludos.
Enviado por Mau - 11-noviembre-2008 a las 15:19
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A Pedro: Buenas tardes. Muchas gracias por tus comentarios. A decir verdad, no he hecho un seguimiento puntual de la labor del señor Juan Carlos Romero Hicks al frente del Conacyt como para poder emitir un juicio fundamentado, aunque creo que sus relaciones con el panismo más conservador cuando menos despiertan muchas sospechas. En cuanto a la secretaria de Educación, aunque quizá podrían encontrarse buenas intenciones en algunas de sus acciones, éstas tampoco han respondido al tamaño del rezago educativo que padece el país. Precisamente por eso creo que los mexicanos en general tendríamos que interesarnos en la ciencia para, en caso de requerirse, ejercer la presión social necesaria que lleve a que los funcionarios actuales cumplan con su trabajo o le dejen el puesto a alguien capaz. Y pienso que ese interés también podría servir para promover un cambio de actitud favorable hacia los estudiantes de posgrado. Pero para ello, insisto, tenemos que voltear a ver a la ciencia. Nuevamente, gracias por visitar el blog.
Enviado por Mau - 11-noviembre-2008 a las 15:06
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De qué sirve que le den más dinero al CONACYT? digo, enviaría a más gente becada a las mejores universidades del mundo pero, al regresar a México, nos quieren pagar lo mismo que a un egresado de licenciatura; y menos de la tercera parte de lo que alguien con el mismo curriculum ganaría en otro país.
Así, cuando regresé a México y me ofrecían 15000 pesos mensuales en una empresa trans-nacional, preferí regresarme a donde conacyt me envió y ganar 60000 mensuales en una empresa local.
Enviado por Ex - 11-noviembre-2008 a las 14:46
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Cuando alguien decide seguir su formación hasta el doctorado, sale de la escuela a los 30 años... más otro par de años en conseguir una plaza, para empezar a cotizar en la seguridad social. Es justo tratar a los estudiantes de posgrado de esa manera?
Enviado por Pedro - 11-noviembre-2008 a las 09:02
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Pregunta: qué $$%%&& le puede interesar la ciencia y la tecnología a una "secretaria" de educación?, si nadamás se la pasa pensando a qué otra secretaría saltar. Pregunta: qué tanto le puede interesar temas científicos al gobierno ferederal si pone a un administrador mediocre (ex-gobernador de guanajuato) a dirigir el conacyt?
Como jóvenes y como periodistas nos interesan muchísimos temas: desde la globalización, la política, el empleo, el desempleo y el costo de la vida en México, hasta los deportes, el ánime y el rock, pasando por la sexualidad, la cultura y lo que piensa nuestra generación tanto de sí misma como de las anteriores y de las que van llegando.
Egresados de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la mayor parte de nuestro desarrollo profesional ha cobrado forma en la Subdirección de Opinión de EL UNIVERSAL.
Así, a partir de nuestro lugar en esta casa editorial y de la nueva etapa de este blog, buscaremos aprovechar este espacio para explorar el acontecer diario, así como los temas que interesan, preocupan y ocupan a nosotros los jóvenes, para comentarlos y, esperamos, para conocer sus puntos de vista en torno a todo lo que merece ser discutido. Bienvenidos.