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“Es de gordos, es una enfermedad, es genético, es para los que comen mal, ¡que miedo!...” Es lo que la mayoría piensa cuando escucha el término pero ¿sabías que el colesterol (COL) es una molécula esencial para el cuerpo humano?
Es una sustancia grasa que cumple muchas funciones: construir y reparar células, producir hormonas sexuales, convertirse en ácidos biliares que se utilizan en los procesos de digestión y además, se encuentra en grandes cantidades en el cerebro y el tejido nervioso.
Se obtiene a partir de dos vías, la endógena y la exógena. La primera hace referencia a la síntesis (producción) de COL por el cuerpo, básicamente el hígado y la segunda es la absorción del que está contenido en los alimentos de origen animal. De hecho, el primero es conocido como COL en suero y el segundo como COL dietario.
En el cuerpo debe haber una cantidad mínima de COL para que funcione adecuadamente, un exceso puede adherirse a las paredes internas de las arterias y formar placa. Esta placa es la que estrecha la luz (parte interna) de la arteria y puede llegar a taparla, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Como la grasa no se mezcla con el agua, eso lo aprendimos desde la primaria, el COL y los triglicéridos (TAG, otro tipo de grasa) deben unirse a proteínas que los transporten por el cuerpo (en la sangre). Entonces se llamarán lipoproteínas.
Hay cuatro lipoproteínas diferentes de acuerdo al contenido que tienen de COL, TAG y proteínas. Son: las de alta densidad HDL, las de baja densidad LDL, de muy baja densidad VLDL y los quilomicrones.
De éstas cuatro, las primeras dos se han vuelto muy populares por su asociación directa con la salud de las arterias y el corazón.
El COL HDL (conocido como bueno) contiene más proteína por lo que es menos dañino. Ésta molécula ayuda a recoger del interior de las arterias el colesterol LDL que se pudo haber fijado para llevarlo al hígado y que se utilice.
El LDL (malo) se fija en las arterias y forma placa iniciando el proceso aterioesclerótico que las endurece y puede llegar a taparlas.
Los TAG son otro tipo de grasa, de hecho, la de mayor presencia en el cuerpo ya que es la manera en la que se almacena la energía consumida pero no utilizada. Si la dieta aporta más calorías que las gastadas, los niveles de TAG se elevarán.
Un análisis determina la cantidad de HDL y LDL así como el de TAG. Es una prueba muy sencilla que puede hacerse con sangre capilar en el consultorio o con sangre venosa en un laboratorio. Es importante medir los niveles por lo menos cada seis meses y si alguno está alterado será necesario tomar medidas al respecto y volver a medir cada tres meses.
Una vez explicado (espero haber sido clara) es necesario hablar de los lineamientos para mejorar los niveles en cada uno de nosotros.
Es importante mencionar que si bien es cierto que en algunos casos las hiperlipidemias (COL y TAG elevados) se asocian directamente a una producción endógena derivada de la carga genética de cada uno de nosotros, en la mayoría de los casos tienen que ver con la alimentación y el estilo de vida del paciente.
Cabe mencionar, finalmente, que el tratamiento es en tres direcciones: las dos primeras (dieta y ejercicio) son fundamentales y sólo si hace falta, medicamento. Es decir, el éxito dependerá de las mejoras establecidas en nuestro estilo de vida y no únicamente de las medicinas... como siempre.
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