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La venta de inmuebles, parece ser que sin hacer mucho ruido, se ha ido frenando en los últimos meses. Platicando con colegas que usualmente son optimistas y hasta un poco presumidos, he escuchado repetidamente la sentencia "el negocio anda un poco lento". ¡Gulp! Cosa seria, cuando no grave.
Efectivamente, en diferentes ámbitos de la actividad inmobiliaria las cosas no marchan del todo bien. La vivienda usada, incluyendo aquellas casas que en otros momentos se hubieran vendido como pan caliente, se desplaza a un ritmo desesperante y como si el mercado se hubiera puesto en la modalidad de "cámara lenta". La vivienda que hace un par de años se desplazaba en el mercado en cuatro o cinco meses, hoy puede tomar de ocho a doce meses para ser vendida.
En los desarrollos habitacionales recién construidos también el tiempo parece haberse detenido. El ritmo de venta o absorción de los departamentos o casas se invirtió. Los edificios que hasta hace un año y medio alcanzaban un 80% de ventas en la fase constructiva, dejando solo el 20% para el final, cuando el edificio estuviese terminado, hoy se encuentran en una situación diametralmente opuesta, ya que habiéndose concluido la obra, apenas alcanzan un 20% de unidades vendidas.
Pero hay algo todavía más extraño en términos mercadológicos. Ante la situación expresada y siguiendo las mas elementales reglas de la economía como la de oferta y demanda, los precios de los inmuebles que conforman esos desarrollos debieran bajar sus precios, pero no, vamos ni de lejos. Todos parecieran a solicitar el precio originalmente planeado, o incluso a subirlo para tratar de recuperar vía precio lo perdido en razón del tiempo transcurrido. Es tal la rigidez que me obligan a cuestionarme sobre el origen de los recursos ahí invertidos, porque pareciera no importar el resultado ni el rendimiento del negocio.
Aún sin ser mal pensados -no le vayamos a atinar- es cuando menos una gran inexperiencia e incapacidad de análisis financiero la que les hace permanecer aferrados a un precio que el mercado hoy es incapaz de reconocer como bueno. Aunque suena un tanto cuanto absurdo, les han faltado conocimientos y visión para saber perder. Reconocer una pérdida a tiempo y recoger el capital invertido oportunamente, requiere de mucho valor, pero en ocasiones da un mejor rendimiento o una menor pérdida.
La vivienda usada se mueve en paralelo y al ritmo que marca lo nuevo, por lo que el resultado obtenido, no es muy diferente. La falta de elasticidad en los precios es impactante. Los propietarios que intentan vender su casa, y que en ocasiones llevan años de exponerla en el mercado, prefieren pensar que han tenido mala suerte, o que las empresas inmobiliarias que han contratado son ineficaces, antes que reconocer que se han auto engañado buscando un precio exagerado y esperando que aparezca por ahí un comprador loco que se enamore de su "joya" o que producto de su ignorancia esté dispuesto a pagar un sobreprecio. Si algo he aprendido en este negocio, es que esos no existen o hay uno en un millón, y el mercado es sabio. Los compradores son muy inteligentes, tal y como quizá lo fue quien ahora intenta vender cuando adquirió, o que lo será de manera casi mágica en cuanto venda y salga a comprar un nuevo inmueble.
Las perspectivas no son muy halagadoras para lo que resta del año y el siguiente. Nuestra economía si bien muestra fortaleza en algunos aspectos, depende en una gran medida de lo que suceda con el petróleo en dos vertientes. La primera, el precio real que tenga por promedio la mezcla mexicana del crudo, la cual todo indica se presupuestará por el Congreso para el 2009 alrededor de los ochenta dólares. No será fácil alcanzar ese precio. Y la segunda vertiente, la constituye el alcance y profundidad de la reforma petrolera que seguramente se aprobará.
Por esa razón ya he encendido una veladora para el 2009 y he empezado a rogar para que esos dos factores se acomoden de una manera conveniente. De no hacerlo, el panorama se mantendrá gris y con posibilidad de oscurecerse un poco más. Al menos la reforma petrolera está en nuestras manos, las de los mexicanos, la otra se sale totalmente de nuestras capacidades de siquiera influir.
La seguridad, que evidentemente me preocupa en primera instancia por el agravio a nuestras familias y seres queridos, también tendrá influencia en el valor de cierto tipo de inmuebles y la forma de realizar las transacciones, pero ese tema lo dejo para otro análisis.
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