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Mauricio Torres
La edificación de la Línea 12 del Metro, planteada para correr de Mixcoac a Tláhuac, fue encargada por el Gobierno del Distrito Federal (GDF) al consorcio integrado por las empresas Alstrom, ICA y Carso Infraestructura y Construcción.
Esta obra —de acuerdo con la nota del viernes pasado de Alberto Cuenca y Johana Robles— tendrá una extensión de 24.5 kilómetros y contará con 22 estaciones y dos terminales. Asimismo, costará 17 mil 583 millones de pesos, más 200 millones de dólares que la administración capitalina piensa destinar a la compra de trenes, y se calcula que durante el tiempo de su elaboración —alrededor de mil 277 días, desde el próximo 3 de julio hasta antes del 31 de diciembre de 2011— generará entre 8 mil y 10 mil empleos directos.
Información como la citada permite verificar que, en efecto, se trata del proyecto más ambicioso de la gestión de Marcelo Ebrard. Sin embargo, dejando de lado la publicidad en torno de la también llamada “línea dorada”, o los sentimientos de simpatía o rechazo que cada quien tenga para con el jefe de Gobierno o para con los empresarios seleccionados (Carso pertenece a Carlos Slim), conviene revisar el asunto con mayor detenimiento.
Por principio de cuentas, a pesar de que ya ha sido entregado el contrato de la obra pública, aún hay, cuando menos, un tema pendiente: la Asamblea Legislativa del Distrito Federal —según lo reportaba Ella Grajeda este martes— no ha aprobado el Programa de Desarrollo Urbano para Tláhuac, es decir, no se ha cambiado el uso de suelo correspondiente para que en la zona esté permitido construir. En ese sentido, no sólo es deseable que desde el punto de vista administrativo todo esté en orden, sino que las familias y comunidades afectadas por esta edificación sean compensadas debidamente.
A partir de un enfoque más general, por otro lado, considero positivo que el actual gobierno de la ciudad esté prestando atención al transporte colectivo. También deben realizarse trabajos de infraestructura destinados a los autos particulares pero, dada la saturación demográfica y vehicular de esta urbe —sin mencionar la contaminación ambiental—, me parece que el servicio comunitario debe ser prioridad.
Las autoridades, ahora bien, tendrían que analizar con afán autocrítico sus programas en este rubro y, de esa manera, observar las deficiencias que ha presentado el Metrobús e igualmente atender los pendientes de la relación con los concesionarios de microbuses. Y en lo que respecta al Metro, la labor no debe centrarse únicamente en la construcción de una nueva y flamante línea, sino que debe contemplar los problemas que aquejan a toda la red.
Sergio O. Saldaña Zorrilla, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, señalaba en un artículo reciente que la estructura del Metro resulta insuficiente para cubrir los requerimientos actuales de movilidad de la capital. Para lograrlo —afirmaba— tendría al menos que duplicar su capacidad, y triplicarla a fin de soportar las consecuencias del crecimiento poblacional de los siguientes 15 años.
Que la red del Metro está siendo o ya fue rebasada por la cantidad de personas que vivimos y transitamos en esta ciudad lo constatamos quienes cotidianamente viajamos a través de ella. Es cierto que el subsidio del GDF ha mantenido bajo y estable el costo del boleto para no impactar negativamente en los bolsillos de los usuarios, pero si esos recursos no van acompañados de una estrategia de largo plazo para extender este sistema de transporte y hacerlo más eficiente terminarán convirtiéndose en dinero mal invertido.
Y en lo que se refiere a financiamiento, planeación y ejecución, ese hipotético proyecto para mejorar las opciones de traslado en el DF tendría que involucrar tanto a la administración local como a la federal —más allá de estériles rivalidades partidistas—, simplemente porque aquí están asentados todos los poderes de la Unión y porque este espacio, con todo lo que ello implica, es el centro de la vida política del país.
Por lo pronto, a reserva de la forma en que se desarrolle la obra, construir la Línea 12 del Metro parece una buena idea del GDF para satisfacer un porcentaje de las necesidades de transporte de los capitalinos. Pero ojalá no sea la única.
mauricio.torres@eluniversal.com.mx
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