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Por: Alejandro Curiel
Por muchos años la televisión manejó un concepto estereotipado de la mujer. Para la televisión, concretamente en el género favorito de este país que es la telenovela, las mujeres solo podían ser una de estas opciones: madres abnegadas, esposas abnegadas, putas sin redención posible, inditas con ganas de superación personal (leáse casarse con el patrón para ser ricos y felices por siempre), y claro, de vez en cuando se da chance a una mujer jugar el papel de la supervillana, que puede ser la suegra o algún personaje con poder casi maléfico, pero que al final resulta ser más interesante que la protagonista.
Por eso un fenómeno como Sex & The City es interesante, no sólo en el mundo, sino particularmente en México, donde por décadas hemos padecido en las salas de nuestra casa ese mal que se llama “televisión mexicana”. De entrada el título, que involucra una de las palabras otrora prohibidas del espectro televisivo: sexo. Peor aún, la serie cuenta las historias de cuatro mujeres, profesionistas, exitosas, en la frontera de los treinta, para las cuales el sexo ha dejado de ser tabú.
Así, muchos mitos sobre el sexo y las mujeres se destrozaban en la serie, como por ejemplo: el sexo no solo es para procrear; sí, el sexo da placer y es válido buscar sexo por placer; no, no se necesita estar casada para tener sexo con un hombre; sí, hay que cuidarse y usar condón; no, una mujer no vale menos por no estar casada después de los treinta; un buen dildo (los fans de la serie recordarán el famoso conejito) puede reemplazar a veces a un hombre.
Sin ser feministas, las protagonistas también manejaban una postura audaz en cuanto a la relación con los hombres. Particularmente en el hecho de que ellas son profesionistas con salarios elevados. A los hombres no siempre les es agradable saber que su mujer o novia gana más que ellos. “Esta sociedad nos castiga por nuestro éxito” reclamaban las cuatro chicas en algún capítulo.
El éxito fue rotundo. Las mujeres encontraron en la televisión una voz que pensaba lo que ellas no se atrevían a comentar en público. Por supuesto, el elemento “aspiracional” (como en las telenovelas) estaba presente, con una gran diferencia; aquí no se trataba de desear al príncipe azul, o bueno, tal vez, pero no sin antes tener un vestido como el de Carrie, la cirugía de busto de Samantha, el juego de cubiertos de la mesa de Charlotte o la Blackberry de Miranda. Claro, en nuestro país hay que añadir un elemento aspiracional más: Nueva York no es México (ni el DF); por lo que la aspiración primaria de las televidentes mexicanas tendría que conformarse. A falta de Nueva York, pues… con la Condesa (o la Zona Rosa).
Televisión al fin y al cabo, la serie poco a poco fue cediendo terreno ante la fórmula de la telenovela, dando pie a las historias sobre la búsqueda de pareja (y el amor, of course) por parte de las protagonistas. Aunque hay que mencionar que el orden de los factores aquí si importa, todas ellas prefirieron ser profesionistas antes que casarse o tener hijos, de nuevo, al contrario del estereotipo clásico.
¿Qué esperar de una película sobre Sex & The City? Personalmente, me conformo con un buen capítulo de dos horas. No creo que valga la pena que los productores quieran descubrir el hilo negro y apostar por “lo fílmico” (el director es el productor de la serie y director de muchos capítulos), no hay necesidad de ello. Donde la crítica mundial ve su peor defecto yo veo su gran virtud. Afortunadamente, la película es, en efecto, un gran capítulo final (mucho más disfrutable que el último capítulo que salió al aire) donde se agradece el tino de contratar a todos los personajes emblemáticos que aparecieron en seis temporadas por la cadena HBO y por TV Azteca en México.
Con la fórmula del ¿y qué pasó entonces?, la historia se sitúa un par de años después del último capítulo de la serie. Carrie continúa su noviazgo eterno con Mr. Big, Samantha se ha mudado a Hollywood con su novio galán de cine, Miranda vive su matrimonio feliz y Charlotte ha adoptado ya a una niña oriental.
No vale la pena siquiera hacer hincapié en la trama. Cual telenovela, esta historia terminará en boda (no podría ser de otra forma, ¿o sí?). Y es justamente ese el peor problema de la cinta. Aunque reconocemos que todos los elementos siguen ahí -el sarcasmo, el humor, las charlas entre amigas- la cinta no puede eludir el abismo del happy end previsible.
Para los fans de la serie (me declaro culpable) la cinta cumple y más, sobre todo en la parte del humor. Como fenómeno, resulta interesante ver una cinta que cuenta probablemente con la lista más grande de product placement que yo recuerde. El número de marcas que desfilan frente a nuestros ojos es impresionante, desde diseñadores de moda, zapatos, discos, perfumes, teléfonos celulares, libros y revistas.
Aun con todo ello, reconforta saber que el humor negro de los escritores es lo suficientemente hábil como para burlarse de sus anunciantes, dos ejemplos: en una secuencia Carrie pide –desesperada- un celular a sus amigas, Samantha le acerca un iPhone y Carrie contesta: “dame un teléfono normal, yo no sé usar estas cosas” (¡tome ese reclamo femenino Mr. Jobs!). Otra: Samantha lee en la playa el libro “El Secreto”, después de ojearlo lo tira, no tiene las respuestas dice la voz en off de Carrie.
Para los fans de la serie es obligado verla, para los nuevos, mejor remítanse a las temporadas, ya en DVD.
PD: Por cierto, no les pongo la liga de los avances por que es de esos trailers infames que cuentan toda la película.
Sex And The City
Producción: Michael Patrick King, John Melfi, Sarah Jessica Parker y Darren Star; E.U., 2008. Dirección: Michael Patrick King. Guión: Michael Patrick King; basado en los personajes creados por Candace Bushnell; sobre la serie de televisión creada por Darren Star. Edición: Michael Berenbaum. Música: Aaron Zigman. Fotografía: John Thomas. Vestuario: Patricia Field. Con: Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis, Cynthia Nixon, Chris Noth, Jennifer Hudson, Jason Lewis.
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