|
Por Alejandro Curiel
When routine bites hard and ambitions are low. And resentment rides high but emotions won't grow. And we're changing our ways, taking different roads.
Then love, love will tear us apart, again. Love, love will tear us apart, again.
Ian Curtis
Es difícil entender el fanatismo por Joy Division, es difícil entender cómo con tan sólo dos discos sigan siendo referencia obligada e inspiración para muchas bandas como U2, Franz Ferdinand, Nine Inch Nails, Moby, The Killers y más. ¿Hasta qué punto sólo es efecto de la tragedia, el suicidio de Ian Curtis a los 23 años justo antes de ir a su primer gira en Estado Unidos, lo que hizo que la banda se volviera “de culto”?
La leyenda cuenta que todo empezó cuando este grupo de jóvenes (Ian Curtis, Peter Hook, Stephen Morris, Bernard Summer) acudieron por separado al concierto de los Sex Pistols en el Manchester Lesser Free Trade may. La identificación fue absoluta, los Sex Pistols vinieron a demostrar que para hacer música no se necesitaba ser un virtuoso en la guitarra como David Gilmour, no se necesitaba hacer esos largos e interminables solos del progresivo y sobre todo, que los músicos no son dioses. Los Sex Pistols tocaban mal, sus rolas duraban menos de tres minutos, ninguna tenía más de tres acordes, eran malhablados y su vestimenta (zippers, cadenas, estoperoles) eran un reflejo de su condición social, los tipos venían de los barrios pobres de Londres, no tenían dinero para vestir mejor. El gran aporte de los Sex Pistols es precisamente democratizar la música: cualquiera puede hacer una banda, aunque no sepas tocar una guitarra como un virtuoso.
Ese mítico concierto es el que hizo que Hook, Morris y Summer, decidieran formar un grupo; sólo les faltaba un vocalista, es ahí cuando se les unió Ian, poco después comenzó también a escribir las canciones del grupo. Al principio se llamaban Warsaw (por una canción de David Bowie), pero después se cambiaron el nombre a Joy Division, en alusión al sector encargado de la prostitución en los campos de concentración nazi.
De aquellas épocas de éxito instantáneo, un fotógrafo se encargó de tomar algunas de las placas más emblemáticas del grupo: Anton Corbijn. Fotógrafo de profesión, director de videos por hobby y cineasta por obsesión; Corbijn es el responsable de forjarle una imagen propia a grupos como Depeche Mode y U2, a quienes ha tomado fotos para las distintas portadas de sus discos.
A Corbijn le gusta la música, con su arte se ha acercado a muchos de los grupos más influyentes de la historia, pero por encima de todos ellos, es un fiel apasionado de Joy Division.
Su opera prima, Control, narra la corta pero influyente vida de Ian Curtis y Joy Division, utilizando como guía el libro escrito por su viuda, Deborah Curtis. Contrario a lo que se pudiera pensar de una cinta hecha por un fanático de Joy Division como lo es Corbijn, su trabajo es bastante mesurado, sin pirotecnia visual, sin montajes, Control dista mucho de las clásicas biopics de músicos.
Fino maestro del blanco y negro, Corbijn, repite ahora la fórmula en su incursión al celuloide, esto le ayuda a decantar la historia, hacerla más humana y liberarla de artificios, no le gana el fan que vive dentro de él. Así, escenas como el mítico concierto de los Sex Pistols pasan como si nada en la cinta (en cambio dicho concierto es retratado como definitorio en la carrera del grupo en cintas como 24 Hour Party People); para Corbijn lo realmente definitorio en Joy Division es Ian, su personalidad, su sencillez, su depresión, su enfermedad, su dolor, su desesperación de estar enfrente de un público cada vez más eufórico. “Antes las cosas eran más sencillas”, dice un Ian quien aún con su timidez es considerado uno de los frontman más importantes del rock.
Parte de esto se debe a su particular forma de cantar frente al público, sosteniéndose del micrófono, bailando frenéticamente, como si estuviera experimentando uno de sus cada vez más frecuentes ataques epilépticos.
El actor San Riley hace un trabajo excelente al interpretar al cantante, incluso en la difícil tarea de imitar su estridente baile en el escenario. Los actores que interpretan al resto de la banda aprendieron a tocar y son ellos los que interpretan las canciones de Joy Division en vivo al momento de filmar.
Control, al contrario de la mayoría de las biografías de cantantes o grupos, se aleja del melodrama y se acerca mucho más al arte de la crónica. Sencilla, intensa, conmovedora. No explica el fenómeno de Joy Division, pero nos acerca más a ese fenómeno llamado Ian Curtis, un hombre que no podía lidiar con el hecho de amar a otra persona que no fuera su esposa y la madre de su hija. El amor, descubre trágicamente Ian, nos puede separar de aquello que más queremos.
Control. Dirección: Antón Corbijn. Producción: Orian Williams, Anton Corbijn y Todd Eckert, Reino Unido, 2007. Guión: Sarah Matt Greenhalgh; basado en la autobiografía Touching from a distance de Deborah Curtis. Música: Joy Division y New Order. Fotografía: Martin Ruhe y John Watson. Edición: Andrew Hulme. Con: Sam Riley, Samantha Morton, Alexandra Maria Lara, Joe Anderson, James Anthony Pearson, Toby Kebbell, Craig Parkinson, entre otros.
|