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A lo largo de mi experiencia profesional, por un lapso de diecisiete años llevamos en la empresa la administración de edificios y conjuntos sujetos a régimen de propiedad en condominio y vaya que fue una larga etapa en la que los sinsabores y angustias superaron por mucho a las satisfacciones personales y económicas. Ese amargo período terminó cuando un buen día nos dijimos "ya no más".
En la práctica se da un fenómeno que tiene varias facetas para su análisis. La primera es el hecho de que aún existe en nuestro país una falta de cultura para vivir ordenadamente en comunidad, sin importar el nivel socio económico del condominio que se trate. A muchas personas les cuesta trabajo entender la simple regla de que su derecho termina donde comienza el de otro. Difícilmente comprenden su posición de copropietarios de las partes comunes del edificio, y que forman parte de una Asamblea que debe tomar decisiones que obligan a todos los condóminos. Algunos, en ocasiones hasta con violencia, quieren imponer su punto de vista y disponer lo que a les parece correcto. Si no les agradan las decisiones tomadas en conjunto, pues simplemente las ignoran o "castigan" al administrador y al resto de sus vecinos, dejando de pagar la cuota de mantenimiento que les corresponde.
Parece increíble que quienes rompen, en cualquier sentido, con la armonía de la comunidad en la que viven, no alcancen a entender que todo lo que hacen de forma negativa, finalmente repercute en el valor y plusvalía de su propia casa o departamento. De poco sirve tener las áreas de propiedad exclusiva como "tacita de té" si las áreas comunes del condominio son una verdadera pocilga. Nadie querrá comprar un precioso departamento, que para acceder al mismo se deba tomar un elevador que no funciona, o circular por pasillos y escaleras llenos de basura y "triques".
Otra faceta de análisis, es el que aunque existen ordenamientos legales que debieran regir la vida en comunidad y particularmente en condominio, las leyes de la materia como la aplicable para el régimen de condominio, o la de la Procuraduría Social en el caso del D.F., resultan de muy escasa practicidad en su aplicación. La misma Procuraduría mencionada, que debiera ser un órgano con capacidad de sancionar a los incumplidos, opera en la práctica como un simple mediador o amigable componedor en el caso de conflictos. Le faltan "dientes" para poder imponer multas y castigos, y para luego poderlos hacer efectivos.
No desconozco que también se da el otro extremo, el de los administradores de mala fe que abusan de su posición en todos sentidos. Lo mismo obtienen prebendas y trato preferencial del personal que labora para el condominio, que llegan a defraudar descaradamente para lograr beneficios económicos más allá de lo que legítimamente podría corresponderles.
Quizás lo que sucede en la práctica, es que los condominios que se manejan en base a una auto-administración, es decir que la función la cubre uno mismo de los habitantes del edificio, enfrentan la falta de conocimientos y experiencia del que lo realiza, o bien en el caso de que contraten a un supuesto administrador externo, las cosas no cambian mucho, debido a la misma incapacidad de ese administrador que resulta improvisado.
En pocos casos los condóminos están dispuestos a pagar lo justo a un verdadero experto profesional en la materia por el incremento que ello representaría en el presupuesto del edificio y por tanto en las cuotas de mantenimiento. Por ésta última razón es que los administradores más serios e importantes están manejando casi en forma exclusiva condominios de oficinas y centros comerciales, y por excepción algunos conjuntos habitacionales de super lujo.
Una evidencia clara de que a los administradores profesionales de condominios habitacionales no perciben una remuneración proporcional a la responsabilidad y carga de trabajo que adquieren, es el comparar el pago que reciben, con el que obtendrían si el mismo edificio se administrara bajo un esquema de rentas, en donde la cantidad de trabajo a realizar es muy semejante, pero donde solo se rinde cuenta a un solo dueño.Insisto en pensar que la falta de Leyes realmente aplicables es el origen de la problemática. En el momento en que los condominios se convierten en territorios sin ley, todo puede suceder.
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