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Por Don Ojón
Una vez, a los hermanos Lumiére, se les ocurrió producir una serie de cortometrajes para presentar su nuevo invento. De tipo documental, se mostraban diversos elementos en movimiento: obreros saliendo de una fábrica, olas rompiendo en la orilla del mar y un jardinero regando el césped. Uno de sus cortometrajes más efectistas para demostrar las posibilidades del nuevo invento fue el que mostraba a un tren correo avanzando hacia el espectador. La imagen era tan real, que el público asistente se agachaba gritando o se levantaba de su asiento pensando que el tren los alcanzaría. Respuesta totalmente obvia. En 1895 nadie había visto un tren en movimiento proyectado en una pantalla gigante.
El éxito del invento quedó comprado desde el primer grito. Qué mejor prueba: el público aterrado levantándose de su asiento pensando que un tren los alcanzaría.
Así es como se mide el éxito de las cosas. Despertando algo en la gente. Haciendo que grite y se emocione. Provocando cosas en ella.
Hace unos días en el baño de un cine se colocó un maniquí, simulando un cadáver, tirado sobre un supuesto charco de sangre. Como parte de una campaña para una serie de televisión se simuló la escena del crimen colocando cintas amarillas rodeando el cuerpo. Al salir de la función los asistentes se encontraron con el supuesto cuerpo sobre el charco de sangre.
La reacciones fueron: desde crisis nerviosas hasta policías de verdad en la falsa escena del crimen.
¿Así es como se debe provocar a la gente?
Alguna vez escuché a alguien decir que la publicidad tiene que dar cosas buenas a la gente. Hacerlas sentir bien.
Lo bueno de todo esto es que las campañas se pueden poner más interesantes fuera de la tele, radio y prensa. En México prácticamente no vemos nada fuera de éstos tres medios.
Algunos dicen que en México, las verdaderas ideas están en la calle.
A ti, ¿qué te gustaría encontrarte en la calle?
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