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Por Alejandro Curiel
¿Y entonces qué es el amor? ¿Un sentimiento? ¿Un estado anímico? ¿Una intoxicación? ¿Una alucinación causada por choques eléctricos en nuestro cerebro? ¿Acaso podrá ser solamente un recuerdo, un dato más en nuestra memoria?
En el cine contemporáneo la idea del amor como un recuerdo que se puede, o se tiene que olvidar, ha sido recurrente. En Allegro (Christopher Boe, 2005) un pianista regresa a su ciudad natal en Dinamarca para encontrarse con que cierta zona de la ciudad está cercada por una malla invisible, se trata del lugar donde había convivido con una novia que tenía antes de alcanzar la fama, pero que ahora de súbito no recuerda. Interesante metáfora que habla de ese mecanismo de supervivencia que nos hace evitar los lugares donde solíamos pasar el tiempo con una novia u amante que ya no lo es. Jugamos a la desmemoria.
Otro ejemplo de este juego de amor y memoria es el de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, Gondry, 2004). Aquí se plantea la posibilidad de una operación clínica que nos ayude a borrar de nuestra mente aquellos recuerdos no placenteros. Así al protagonista un mal día le llega la notificación de que su ahora ex novia ya lo borró de su memoria, por lo que le piden que no la moleste más dado que ya no lo recuerda. Hoy aún sin la máquina, ese proceso suele suceder con ciertas ex novias que nos desconocen después de un tiempo.
En Away from her (presumiblemente el título en español, si todo sale bien, será: Lejos de ella) la directora canadiense Sarah Polley explora estos mismos temas pero sin la necesidad de recurrir a la metáfora o a la ciencia ficción. Fiona (Julie Christie) y Grant (Gordon Pinsent) son una pareja de la “tercera edad” en Canadá. Fiona comienza a desarrollar síntomas de Alzheimer por lo que se decide a entrar a una institución especializada en la atención de pacientes con este mal. El problema es que el tratamiento implica que ella se mude por el resto de sus días a una clínica y que los primeros 30 días de internado no tenga contacto alguno con su esposo.
La idea no agrada en absoluto a Grant, pero no puede sino obedecer los deseos de Fiona. La sorpresa viene a los 30 días, cuando Grant puede visitar finalmente a Fiona se encuentra no sólo con que la enfermedad ya está más avanzada, sino que al parecer Fiona se ha enamorado de otro hombre y ya no lo recuerda a él.
Aunque el tema de las enfermedades degenerativas ya se ha tratado muchas veces en el cine, es interesante que el enfoque aquí no recaiga en mostrar la lucha del enfermo contra el mal que lo acecha, sino de cómo lo enfrentan los familiares, o en este caso, el esposo.
Julie Christie fue nóminada al Oscar por este papel (le arrebató el premio la joven Marion Cotillard por La Môme) que en su actuación presta de elegancia y dignidad a su personaje. Haciendo justicia, debió también ser nominado Gordon Pinsent, quien en su papel del atribulado, amoroso y elocuente esposo, dota a la cinta del suficiente peso dramático como para alejarnos lo suficiente de la cursilería o la lágrima fácil.
Alejada de convencionalismos, melancólica y triste, esta extraordinaria cinta plantea más que una simple historia de amor, para detenerse a analizar al amor mismo. Si aquello que llamamos amor no es sino un pedazo de memoria, luego entonces el amor es tan fugaz como cualquiera de nuestros recuerdos, mismos que con el tiempo se irán apagando uno a uno, como las luces de una casa.
Away from her
Dirección: Sarah Polley. Producción: Daniel Iron, Simone Urdl y Jennifer Weiss, Canadá, 2006. Guión: Sarah Polley; basado en el relato The bear came over the mountain de Alice Munro. Música: Jonathan Goldsmith. Fotografía: Luc Montpellier. Edición: David Wharnsby.
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