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Por Alejandro Curiel
Una de las imágenes más significativas de esta cinta muestra a un grupo de adolescentes que corren por los verdes (e idílicos) prados del fraccionamiento donde habitan vestidos con sus lujosos uniformes escolares mientras que de fondo, a lo lejos se ven montañas tapizadas de casas paupérrimas. La riqueza en apariencia ilimitada convive a tan solo un muro de distancia de la pobreza que tapiza los cerros hasta el horizonte.
En La zona, opera prima del director uruguayo-mexicano Rodrigo Plá, se plantea la existencia de un fraccionamiento que erige grandes muros para separar el confort y la opulencia de sus adinerados inquilinos, de la pobreza, la violencia y el hambre que los rodea en una urbe sin nombre (pero que se adivina la ciudad de México).
Así, mediante un amparo, este grupúsculo de familias ricas se deshace del Estado y toma el control de su fraccionamiento sin injerencia externa. La zona cuenta con vigilancia privada las 24 horas, mediante un sistema de circuito cerrado de televisión operado por profesionales pagados. Las calles están limpias, pavimentadas, iluminadas, sin baches; dentro de La zona todos se conocen y toman decisiones colectivas; incluso cuentan con una escuela dentro del fraccionamiento.
Una noche de tormenta, la pertinaz lluvia derriba un anuncio espectacular que cae sobre el muro divisorio con La zona, permitiendo la entrada desde el exterior a tres jóvenes que, sin dudarlo, entran con la intención de robar.
Dos de ellos son asesinados por los equipos de seguridad, pero uno sigue libre y escondido en alguna parte del fraccionamiento, evitando el acoso de las cámaras y de los grupos de vecinos que armados, toman la justicia por propia mano, ya que si las autoridades se enteraran de las muertes, perderían el amparo que les concede su autonomía y privilegios dentro de La zona.
La forma casi esquizoide de operar de esta clase alta atrincherada podría parecer un exceso en la cinta. Pero sólo cabe recordar los fraccionamientos de la zona de Santa Fe, en la ciudad de México, para comprobar que la idea no es producto de una imaginación descabellada, sino la realidad de un México en el que los extremos sociales conviven a tan solo una cuadra de distancia.
La zona es en realidad una grata sorpresa, un thriller urbano que mantiene el suspenso in cresendo gracias a su bien articulado guión y a las actuaciones de Gimenez Cacho y Daniel Tovar en sus papeles de padre e hijo, relación donde descansará parte importante de la trama cuando entre en escena un agente de policía (Mario Zaragoza, excelente) que tiene sospechas sobre lo ocurrido, aunque su tenacidad sea más un producto del rencor social (“estos ricos no van a venir a humillarme”) que por un auténtico deseo de hacer justicia.
Desgraciadamente, la calidad de opera prima de esta cinta queda manifesta en la indefinición del guión, que al final no resiste la inercia de pintar a los pobres como víctimas y a los ricos como verdugos, en una bizarra relectura de aquellas fábulas urbanas de Nosotros los pobres.
De trivia: Siempre queda la duda con las operas primas si no estaremos ante un golpe de suerte del director en ciernes. Al parecer Rodrigo Plá no es de esos, ya que su segunda cinta Desierto adentro fue galardonada con el premio al mejor largometraje de ficción mexicano en la más reciente edición del Festival de Cine de Guadalajara.
La zona. Dir. Rodrigo Plá. México 2007.
Guión: Rodrigo Plá y Laura Santullo; basado en un cuento de Laura Santullo. Fotografía: Emiliano Villanueva. Música: Fernando Velázquez. Con: Daniel Giménez Cacho, Maribel Verdú, Carlos Bardem, Daniel Tovar, Mario Zaragoza, Marina de Tavira, Gerardo Taracena, Blanca Guerra, Andrés Montiel, Fernando Becerril.
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