|
Por Don Ojón
Que levanten la mano los que no hicieron alguna travesura cuando eran niños. Ahora que levanten la mano los que no fueron cachados por sus padres. Por último, que levanten la mano los que no fueron cachados por un error propio. Todo por soltar la sopa antes de tiempo.
Son pocos los que, además de salirse con la suya, le dieron la vuelta a las sospechas de sus padres. Pero, lo más importante, son pocos los que se han salvado, desde las travesuras de infancia hasta las de ahora, de quemarse dando explicaciones no pedidas.
Las explicaciones no pedidas aparecen cuando menos te lo esperas. Todo está a tu favor y nadie sospecha de ti, justo en ese momento, se nos ocurre decir algo que nadie preguntó. Ese pequeño gran comentario, que nosotros pensamos inofensivo, es el que siempre nos lleva a la ruina. Por pequeña que sea la piedra, siempre se convierte en una gran bola de nieve, provocando que terminemos de regarla, aceptando nuestra travesura.
Pero las explicaciones no pedidas, también se pueden lanzar de manera controlada, es decir, con ventaja sobre el otro.
Cuando sabemos algo y queremos que otra persona (amigos, novia, padres, maestros, etc.) se entere de algo pero no queremos cargar con la responsabilidad de haber sido nosotros los chismosos, lanzamos una explicación no pedida.
Es como lanzar una pequeña carnada que sabemos que la otra persona va a morder. Sin importar el tipo de reacción, positiva o negativa, siempre hay una. Nadie se puede resistir ante un misil de esos. Por ejemplo: Algo muy sencillo y que a todos nos ha pasado, por lo menos una vez, es cuando alguien termina un noviazgo.
Una manera de medir a la persona es contándole, a manera de trascendido, lo que la otra persona ha hecho en las últimas semanas:
Jesús le dice a su amigo:
-Oye , la otra vez me encontré a Linda.
Su amigo, en principio, nunca le preguntó, a pesar de ello, siempre caemos y terminamos por preguntar:
Luis: Mmmm, está bien (resistencia)... iba sola, te preguntó por mi?
Luis, al principio, no quería saber nada de Linda su ex, pero gracias a las preguntas no pedidas, Luis dejó ver que todavía está interesado, o anda de ardilla, por su ex novia Linda.
Es así como una persona puede medir nuestra respuesta ante una pregunta o explicación no pedida. Cosa semejante sucede en la publicidad, y más recientemente en la publicidad mexicana, en esa que nos mata de aburrición todos los días.
Resulta que en las últimas semanas hemos sido víctimas de un bombardeo que sólo nos dice la parte de un todo. Es decir, llevándolo al ejemplo anterior sería así:
Pemex: Oye, me dijeron que “hay un gran tesoro” en el fondo del mar. Dicen que es nuestro, pero que hay que sacarlo de ahí.
De igual forma que Jesús se la aplicó a Luis en el ejemplo anterior, nos la quieren aplicar a nosotros. De igual forma, nadie les preguntó lo que ya sabemos.
Sin duda alguna, se trata de una campaña en varios episodios. No necesariamente los episodios o las explicaciones no pedidas se tienen que mostrar en orden, tampoco hay número establecido de episodios. Seguramente dentro de unos meses nos encontraremos con otra pieza del mensaje.
¿A qué episodio de todo el mensaje corresponde lo que estamos viendo? ¿Cuál es el todo de las partes?
¿Tú, cuál crees que sea? Seguramente ya tienes alguna sospecha.
|