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Yo sé que hoy, lunes 28 de diciembre, debería escribir un blog para engañarlo, como se acostumbra hacer en este Día de los Inocentes. Pero la verdad, no necesitamos burlarnos de nosotros mismos ahora. Ya este año nos fue suficientemente mal como para sumarle en este día. De hecho, hoy le quiero dar alguna información de cómo la mala fortuna de que el brote de influenza ocurriese en México nos costó.
Usted recordará que el inicio de este nuevo tipo de virus H1N1 de influenza apareció en México a fines de abril, y no sabíamos, nadie sabía, qué tan peligroso era. Frente a esa incertidumbre, el gobierno mexicano decidió tomar precauciones que hoy parecen excesivas, pero que no lo eran ante la falta absoluta de información. En cualquier caso, el turismo prácticamente abandonó el país de inmediato, y tardó mucho en regresar. De hecho, hasta septiembre todavía no habíamos recuperado los niveles normales de visitantes, ni de ingresos. En la figura 1 puede usted ver lo que ocurrió con el número de turistas en nuestro país durante esos meses.
Normalmente llegan a México poco más de un millón de turistas cada mes, salvo en el tercer trimestre del año (julio a septiembre). Entre abril y junio, sin embargo, apenas superamos los 800 mil visitantes promedio, con un mínimo en mayo de 501 mil visitantes, el número más bajo desde septiembre de 1996. De entonces a la fecha hay una clara recuperación, pero todavía para septiembre estábamos claramente abajo del mismo trimestre del año anterior. En la figura, para ejemplificar, le puse un par de flechas punteadas que dan la idea del tamaño de la caída. Si lo quiere en números, en el segundo trimestre era de 25% y para el tercero ya nada más de 13%. Con un poco de suerte, este cierre de año ya nos dejará más o menos al nivel del año anterior, pero lo sabremos luego.
Esta menor afluencia de visitantes implica menores ingresos, obviamente, como puede verse en la figura 2. Es muy claro que la recesión ya estaba reduciendo los ingresos desde antes, pero para el mes de abril parecía que ese efecto terminaba. En mayo, sin embargo, la caída es espectacular: prácticamente a la mitad. En ese mes, era terrible el sufrimiento en las ciudades que viven del turismo en nuestro país, y peor en algunas de ellas que habían sufrido recientemente otro tipo de problemas.
La recuperación ha sido rápida, pero desde un punto extremadamente bajo, de forma que para septiembre la caída seguía siendo de más de 10% frente al año anterior. Como decía antes, es posible que en este cierre de año ya estemos en números negros. Para poder tener una idea del costo de la influenza, la línea roja que aparece en la figura es una estimación muy bruta de lo que hubiese ocurrido sin ella. Sumando la diferencia que hay entre la línea roja y la azul a partir de mayo, podemos concluir que de ese mes a septiembre, la caída en ingresos por turismo es de 1,200 millones de dólares. Es mucho dinero, como usted imaginará, para quienes viven de un pequeño restaurant, o un lugar de recreo, o de vender chucherías a los turistas.
Nuevamente, hablar de recuperación no significa hablar de grandes noticias, sino simplemente de una tendencia que es mejor hoy de lo que era hace unos meses, aunque siga siendo una situación indeseable. Ya lo veíamos la semana pasada con la minería, que se recupera más por los precios que por la producción, o hace dos semanas con la industria automotriz, que apenas va alcanzando los niveles de producción de hace unos años.
Pero la recuperación va avanzando, y con ella regresamos a la tendencia natural de nuestra economía: la inercia, el crecimiento mínimo. Si queremos más, pues tendremos que hacer algo diferente a lo que hemos hecho... no nada más en los últimos 25 años, como creen muchos, sino diferente a lo que hicimos durante todo un siglo. Si no, pues seguiremos obteniendo lo mismo: pura inercia.
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