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Actualmente la Zona Metropolitana de la Ciudad de México está formada por el Distrito Federal y 41 municipios conurbanos (uno de ellos del estado de Hidalgo, Tizayuca; los restantes del Estado de México).
La Ciudad de México contaba, en el año de 1900, con una población de aproximadamente 350 mil habitantes y poco más de un siglo después, para el año 2005, la población conurbana ascendió a 18.6 millones de habitantes. La ciudad creció 53.15 veces de principios del siglo pasado a la fecha.
Al igual que la Ciudad de México, otras ciudades de la República crecieron espectacularmente, ya sea por nacimientos, por la absorción de pueblos por el crecimiento de la mancha urbana, por movilidad del campo a las ciudades o por migración desde otros países.
La concentración urbana provocó escasez de los terrenos bien localizados y estos se encarecieron, originando un crecimiento en la construcción de vecindades y construcciones similares, que al paso del tiempo muchas eran o se convirtieron en antifuncionales, se deterioraron y se volvieron insalubres.
Los inquilinos no les daban mantenimiento a sus viviendas por no ser propietarios y a la mayoría de los antiguos caseros, que en muchos casos eran herederos de los originales, no les interesaba repararlas o hacerlas funcionales, les interesaba cobrar. Claro, todavía existen muchas de ellas, ¿quién no las conoce?
La necesidad de contar con una vivienda propia, a la que el ocupante le pueda invertir en su beneficio, aunado al escenario anterior, da origen en el año de 1954 a la primera ley en la materia en México, referente al condominio y complementaria al Código Civil vigente en esa época. Aunque en el código civil de 1928, ya se hablaba del término condominio y todavía antes el Código Civil de 1870, incluía el término de indiviso.
En el régimen de propiedad en condominio, cada titular disfruta de sus derechos en calidad de propietario. Por tal razón, podrá venderlo, darlo en arrendamiento, hipotecarlo, gravarlo y celebrar, respecto de la unidad de propiedad exclusiva, todos los contratos a los que se refiere el derecho común, con las limitaciones y modalidades que establecen las leyes.
Actualmente existen condominios horizontales, verticales o mixtos, según su estructura y habitacionales, comerciales, industriales o mixtos según su uso. Los hay desde dos unidades, como podría ser una casa duplex o bien enormes condominios que alojan vivienda, hotel, oficinas, comercios, restaurantes y hasta cine, como es el caso del edificio Oceanic 2000, construido en Acapulco.
A partir de los primeros condominios de los años 50s, hasta la fecha, se han construido infinidad de condominios de todo tipo. Pero es en fechas recientes cuando se han dado dos importantes aludes inmobiliarios.
El primero de ellos entre los años de 1989 y 1994. Las tasas de interés que cobraban las instituciones financieras en ese entonces eran variables y estaban en constante disminución, en ese lapso, se llegaron a ubicar las tasas de interés en el orden del 14% o 16 % para créditos hipotecarios para adquisición de vivienda.
El auge se frenó de tajo en el año de 1995, cuando debido al llamado error de diciembre del año anterior, las tasas de interés se elevaron a más del 80%, haciendo inapagables muchos créditos y lamentablemente muchas familias y constructores vieron deteriorado o perdieron parte importante de su patrimonio.
En esa época, se fomentó la dañina cultura del no pago que dio origen acciones de asociaciones como el barzón, para defender a los deudores, por un lado y por otro la creación de empresas privadas constituidas como Sociedades de Información Crediticia (SOIC), que registran el comportamiento de los usuarios de crédito. La más conocida es El Buró de Crédito.
El segundo alud de construcciones de condominios se dio desde finales de los años 90s a la fecha. Indudablemente las facilidades de crédito, las tasas fijas y bajas de interés, la inseguridad que se percibe y la necesidad de las familias de contar con un techo propio y de otras personas que compran viviendas adicionales aprovechando su capacidad de endeudamiento. También las políticas gubernamentales de vivienda, originaron este último y vertiginoso incremento en la construcción de condominios.
A nivel nacional sólo el 11.61 % de las viviendas son departamentos y el 88.39% son casas. Pero la cifra cambia en ciudades donde el terreno es escaso y caro, como es el caso del Distrito Federal, donde los departamentos representan el 64.31% y las casas 35.69%.
Últimamente se han demolido muchas casas para construir departamentos sujetos a régimen de propiedad en condominio, como es el caso de la delegación Benito Juárez, en el Distrito Federal, donde cada vez hay más departamentos y menos casas. La proporción en el año 2000 era de 27.81 % de casas y 72.19% de departamentos. El porcentaje actual de departamentos debe ser mayor.
Muchos vecinos se quejan, aludiendo a que el importante aumento de construcciones de condominios afecta el panorama urbano, la disponibilidad de servicios de energía eléctrica, drenaje y agua, intensificación del transito, etc.
A pesar de las quejas, todo indica que los condominios seguirán teniendo gran demanda, aún cuando por la crisis reciente, tanto compradores como constructores y sociedades financieras actúen con mayor cautela.
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