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Por Enrique Tamés
"El único verdadero viaje no es visitar tierras extrañas, sino poseer otros ojos".
Marcel Proust
La fama es un fenómeno de la sociedad de masas, estatus de unos cuantos y aspiración de millones. ¿Quién no quisiera ver su Narciso paseando por las avenidas de la gloria, el reconocimiento y el poder? Bien, pues esta condición aspiracional ha trazado derroteros nunca imaginados con la intervención social del Internet. El tema es casi inagotable, así que tomemos, a modo de ejemplo, a la industria musical.
Hace unos días presenciamos, internautas incautos, el vértice de un movimiento singular, y para los tradicionalistas, angustiante. ¿El hecho? La transmisión en vivo de un concierto de U2. A través de la página oficial del grupo irlandés, y de youtube, pudimos, mortales del globo globalizado, ver y escuchar, al momento, en el espacio sincrónico de la virtualidad, a lo rockeros más exitosos de los últimos años. En efecto, los nuevos medios son utilizados por los famosos tradicionales/modernos para hacer sentir su presencia en estos tiempos posmodernos. Sin embargo, y lo que queremos destacar es el hecho de que hay un deslizamiento de contraflujo de los cánones industriales, que tiene su principal vehículo transmisor en el ciberespacio. ¿Es una nueva manera de exponerse, de difundirse, de construirse? El fenómeno ya apareció, falta consolidarse, pero ya podemos atisbar condiciones de una nueva manera de alcanzar la fama masiva y comercial.
¿Cuál es el camino a seguir en esta nueva generación de fama, y con suerte, de algo de fortuna? Un camino: Alguien te pasa una liga por correo electrónico, le das “click” y encuentras una canción que te gusta, lo subes a tu blog (blogspot o wordpress, por mencionar un par) y también a Facebook… Descubres que el artista “desconocido” tiene “myspace” y también lo recomiendas… Y de paso pones la liga en tu Nick de MSN para que tus contactos lo vean. Este simple procedimiento, repetido una y otra vez por los jóvenes internautas, se reproduce exponencialmente. Basta unos cuantos miles de actores para que el impacto ya sea considerable. ¿Otro camino? Veamos: Encuentras un artículo o cualquier referencia a un nuevo grupo musical, “googleas” o encuentras su “myspace”, empiezas a escucharlo y te gusta, encuentras ahí mismo su video que además está en “youtube”… lo recomiendas a través de un “poste” en cualquiera de los espacios antes mencionados, la cadena se va formando, y seamos realistas: lo más visitado se vuelve atractivo para quienes fluyen en el mundo de los hiper vínculos. Unos ejemplos:
1) El blogero podrá encontrar con relativa facilidad en “youtube” el video “Stand by me”, canción arquetípica de una generación que culmina con la versión de John Lennon. Sin embargo, la versión internáutica es, como debe de ser, con músicos anónimos y planetarios, en sincronía, casi como si estuvieran en la misma sala de estar. ¿El resultado? Una maravillosa experiencia que genera humanidad, cariño y comunión. Y no se necesitó ni de Bono ni de Byrne. 15 millones de visitas, y aumentando por mil cada hora. Secuelas son “War, No more trouble y One Love. Vale la pena su repaso.
2) Una experiencia cibernética interesante y también global es la denominada “Where the hell is Matt”, espacio youtubiano de una simpatía contundente. ¿El impacto? 2 millones de entradas en su primera versión, 24 y 14 millones en las siguientes versiones. Además, Matt, en otro espacio virtual, se mofa de todos aquellos que no creen en su odisea transcontinental. Basta ver cualquiera de los videos para querer brincotear. Total, si los demás hacen el ridículo, ¿por qué uno no?
3) Validation es un cortometraje, también obtenido en el espacio “youtube”, algo más extenso, y en parte por eso, menos visitado, “sólo” dos y medio millones de visitas. ¿Cursi? Sí, pero sin pretensiones, lo que hace que el producto sea muy gozoso. Nuevamente, sin un De Niro o un Tarantino, la frescura de esta producción independiente se agradece. ¿Qué se necesitó? Una cartera modesta, un grupo de actores desconocidos y la mar de la Internet para adquirir su estatus de fama internacional.
La lista puede seguir y seguir, franceses, sajones y gringos, japoneses astutos y ágiles, jóvenes y no tanto, para mostrar un desfile horizontal que está derrumbando las estructurales estelares. Pero ellos mismos están trazándose un nuevo firmamento, lleno de hits, posts y links.
Se acabaron los representantes, los agentes, las vivistas interminables a las compañías discográficas, que a decir de David Byrne, ex cabeza parlante, están a punto de desaparecer. Si uno es su productor, su agente y su distribuidor, lo demás, por muy importante que haya sido en otros tiempos, es lo de menos. Es un nuevo mundo siempre y cuando tengamos nuevos ojos para ver.
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