Tras un par de semanas de ausencia, su servidor saluda con gusto a toda la banda roquera ya de regreso a México, luego de un viaje a esa metrópoli que apodan como "la gran manzana", la tan mentada ciudad de Nueva York.
Nunca antes había tenido la oportunidad de conocer esas latitudes, por lo que en esta primera vez recolecté una buena cantidad de impresiones para compartir. Pero como no pretendo aburrirlos con detalles de mi estúpida vida, en el presente post sólo me enfocaré en el tema que nos atañe: la música.
Gobernado actualmente por el hombre más rico de esa urbe, Michael Bloomberg, Nueva York presume de una tradición musical que no sólo abarca sus famosos clubes de jazz o ese himno de Kander y Ebb para Liza Minelli, New York, New York, popularizado después por la elegante voz de Frank Sinatra.
Puede decirse que el rock se coló entre sus calles hacia la década de los años sesenta, gracias al entusiasmo del entonces artista emblemático de la isla, Andy Warhol, quien apadrinó el proyecto de un tal John Cale y Lou Reed, poco digerible para la época, pero fuente de inspiración para las bandas del futuro.
Velvet Underground experimentó con el ruido y sus guitarras sucias, un sonido que han heredado estrellas neoyorquinas como Sonic Youth y más recientemente los Strokes (ver post "ídolos de nuestros héroes"). Aunque muchos años atrás, a finales de los setenta, ya habían animado a inexpertos jovencitos para inventar su propio rock: el punk.
Fue en el CBGB, un relegado recinto de la ciudad, donde desfilaron promesas como Talking Heads y los Ramones, héroes de esa generación aburrida que enarboló entonces una nueva actitud. De hecho, ese punk aún respira mutándose con las actuales propuestas locales de Interpol o incluso TV on the Radio.
Y más allá de Manhattan, en los barrios populares del Bronx, la comunidad afroamericana desarrolló desde los sesenta el hip hop, movimiento artístico propio que traspasó las fronteras de Estados Unidos hasta la década de los ochenta, primero subversivo y censurado, aunque hoy en día demasiado glamoroso.
Urbe pues repleta de rincones que alimentan el hambre del melómano, caldo de cultivo para autoridades de la música como Paul Simon, Kiss, Public Enemy, Beastie Boys, Moby y The Rapture por mencionar sólo algunos. Aunque en esta ocasión fueron sólo dos espacios roqueros los que pudo visitar su servidor...
El CBGB
El Country, Bluegrass and Blues (CBGB) se ubicaba en el 315 de Bowery, en el Lower East Side de Manhattan. Cerrado en 2006, el autor de este blog encontró en su lugar una tienda de John Varvatos, el diseñador de ropa masculina que convenientemente vende también en el lugar artículos roqueros.
Este desaparecido club subterráneo, cuyas siglas OMFUG significaban "Other Music For Uplifting Gormandizers", se inauguró en el lejano diciembre de 1973 por un ex marine de nombre Hilly Kristal, quien dio la primera oportunidad a Television, garage rock que curiosamente poco tenía que ver con el country.
En agosto de 1974, un cuarteto de muchachitos callejeros también probaron suerte en aquel bar, compartiendo cartel con Angel and the Snake (después Blondie) y Savage Voodoo Nuns. Se trataba de los Ramones, que debutaron en ese entarimado frente a un puñado de drag queens como público.
En un libro compilatorio que adquirí precisamente en el John Varvatos, aparecen las fotografías en blanco y negro de los asistentes al CBGB: primero las groupies semidesnudas, luego Andy Warhol y su contingente de artistas, después los periodistas e intelectuales entusiasmados por el fenómeno y finalmente los ejecutivos que buscaban firmar contratos y explotar el movimiento.
El mismo Hilly Kristal escribe en esas páginas del Thirty Years from the Home of Underground Rock lo que ahora les traduzco: "sólo reclutaba a bandas que tocaban su propia música en lugar de copiar a los otros; originalidad era siempre lo prioritario, la técnica quedaba en segundo término; alentaba a las bandas a hacer lo suyo para desafiar lo establecido".
En esa angostas paredes que encerraban el espeso olor de la cerveza se presentaron en vivo -entre muchos otros- New York Dolls, Talking Heads, The Clash, Elvis Costello, The Kinks, The Police, los Misfits, Jeff Buckley, Bad Religion, Guns and Roses, Pearl Jam, Soundgarden, KoRn, Rancid y The Libertines.
Agobiado por las deudas y enfermo de cáncer de pulmón, Kristal decide cerrar las puertas del pequeño local el 15 de octubre de 2006 con un concierto final de Patti Smith y la presencia de Flea, de los Red Hot Chili Peppers. El promotor todavía pensó en reabrir su club en Las Vegas, pero finamente falleció en agosto de 2007.
Hotel Chelsea
Aunque el presupuesto no alcanzó para hospedarme en él, por lo menos realicé la parada obligada en este inmueble ubicado en el número 222 de la Calle 23, entre la Séptima y la Octava avenida.
Construido en 1883 y originalmente utilizado como complejo de apartamentos, este célebre edificio de ladrillo rojo funciona como hotel desde 1905.
Pero no todos saben que los poetas beat Allen Ginsberg y Jack Kerouac eligieron este lugar como guarida, o bien que el mismísimo Arthur C. Clarke escribió 2001: una odisea en el espacio en una de sus habitaciones, donde por cierto también se hospedaría Stanley Kubrick quien llevaría esa misma historia al cine.
Entre actores, pensadores, pintores y hasta diseñadores de moda alojados en el Chelsea, al rock le debe huéspedes del calibre de Dee Dee Ramone, Keith Richards, Patti Smith, John Cale, Jimi Hendrix y Anthony Kiedis de los Red Hot Chili Peppers, por mencionar sólo algunos.
Fragmento de la película Sid and Nancy
Sus paredes fueron testigo de la muerte de Nancy Spungen, posiblemente apuñalada por su novio Sid Vicious (Sex Pistols) así como del sexo oral que le practicó Janis Joplin a Leonard Cohen, quien de hecho narra toda esa noche porno en la rola Chelsea Hotel #2, incluida en el disco New Skin for the Old Ceremony:
También el genio Bob Dylan compuso en este hotel Sad Eyed Lady of the Lowlands para su entonces esposa Sara Lownds. Similar inspiración provocó en Nico para Chelsea Girl, en Jefferson Airplane para Third Week in the Chelsea, así como en Jon Bon Jovi para Midnight in Chelsea.
Justo en la entrada del edificio -que en el siglo XIX fuera el más alto de Nueva York- pueden apreciarse algunas placas que dan testimonio de la presencia de otras artistas -aunque de la literatura- tal como Brendan Behan, Dylan Thomas y Thomas Wolfe, tal como se lee en la fotografía tomada por su servidor.
Ya como colofón mencionaré que el nuevo Hard Rock Cafe de Nueva York, situado cerca del Times Square, tal vez no sea de los mejores que pueda presumir la franquicia. Bienvenida con vendimia, es necesario bajar unas escaleras para llegar al restaurante. Larga espera y mucho ruido para la misma comida, tal vez no sea la mejor opción, pero es cuestión de gustos.