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El proceso para designar a un nuevo consejero de la Judicatura que lleva a cabo la Corte volvió a dejar inconformes. Es cierto. En todo proceso, quienes quedan fuera, se quejan, critican. Pero en esta ocasión el mecanismo que se eligió para designar al nuevo funcionario deja mucho espacio, precisamente, para esas quejas y para esas críticas.
¿Por qué? Por los motivos que expusimos en el post anterior y porque, además, creó falsas expectativas en algunos de los magistrados que buscaron el cargo pensando que las cosas habían cambiado y que por sus propias trayectorias y méritos podían obtener el cargo.
Pero la realidad les demostró que no es así. En el fondo cada uno de los ministros, bajo su propio criterio y conocimiento y prejuicios previos de los participantes elegirá, al candidato que, de antemano, ya consideraban que era el idóneo para el cargo.
Cada ministro votará este martes, por decirlo así, por el candidato que ya tenía, de alguna manera, predeterminado.
Pocos, muy pocos, de los 11 ministros adoptarán su decisión después de revisar la trayectoria, de tomar en cuenta las mejores carreras judiciales, de calificar a alguien por un examen de dos preguntas, cuyo conocimiento de memoria no garantiza que quien mejor responda sea el mejor para el cargo; tal y como se estableció en la convocatoria que emitieron al someter a concurso el lugar que dejará el consejero Luis María Aguilar Morales por los próximos cinco años.
¿Por qué? Porque conocen a la mayoría de candidatos de tiempo atrás. Y de antemano se habían formado sus criterios en torno a ellos.
Y, de antemano dos precisiones, primero, no estoy en contra de que así adopten su decisión; y segundo el método cuestionable que se siguió, al menos en este caso, no descalifica a la terna finalista (Esquinca, Pardo e Iturbe). En la práctica, en la política y también el caso de los jueces que tienen que adoptar decisiones de política de gobierno judicial, eso es lo que pasa.
Pero entonces, si esa es su forma de elegir a los consejeros que lo digan, que lo hagan así. Porque lo que no se vale es tratar de generar la apariencia de que las cosas han cambiado, de que alienten a participar a quienes pese a sus trayectorias no tienen opción de acceder al cargo, y de que se van a seguir métodos de selección imparciales –que sería a lo que deberíamos aspirar- cuando la realidad es que no es así.
Buen día.
APUNTES PARA EL EXPEDIENTE
Hablando de elecciones que no cambian, en las que ni las comparecencias ni los exámenes serán tomados en cuenta, la carrera por ingresar a las dos ternas para designar a los nuevos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación está en el punto más interesante.
Nos cuentan que, en un inicio, la administración del presidente Felipe Calderón le hizo llegar algunos vetos a Beltrones, perdón, al Senado, y, viceversa, para ir preparando el terreno, una vez que se cierre el capítulo del presupuesto de ingresos y de egresos. Y claro, de la CNDH.
¿Será?
Y… en otro tema. A la juez Guillermina Coutiño Mata, titular del Juzgado Primero del Centro Auxiliar de la Primera Región, le tocó resolver el amparo que presentó el Sindicato Mexicano de Electricistas contra el decreto que extinguió a Luz y Fuerza del Centro.
Y le podemos decir que la suspensión provisional que otorgó para que la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) se abstenga de dictar resolución o laudo en el procedimiento laboral citado, fue más que oportuna.
¿Por qué? Porque desde la reunión que celebró la Asociación Mexicana de Impartidores de Justicia en Tabasco, a la que acuden todas las Juntas, trascendió que todo estaba listo para que la JFCA declarara terminada la relación laboral entre Luz y Fuerza del Centro y el sindicato de electricistas.
Nada novedoso, por cierto, si se tienen en cuenta que los antecedentes de la Junta y su dependencia respecto al titular del Ejecutivo Federal.
ACUSE DE RECIBIDO
Les dejo un correo que me hicieron llegar luego de que la Corte seleccionó a la terna de candidatos a ocupar el cargo de consejero de la Judicatura. Ahí se los dejo a su consideración. Va:
En el concurso para consejero de la Judicatura Federal que se está realizando, conforme a la convocatoria lanzada a los Magistrados Federales, la primera etapa fue objetiva, pues en base a una puntuación, calificando antigüedad general en los cargos desempeñados, quejas administrativas, obra escrita y trayectoria académica; así de 25 inscritos, sacaron a los 10 magistrados mejor calificados; y que fueron los siguientes (cuya lista no hizo pública la Corte):
Ricardo Ojeda Bohórquez (90.2); Miguel Ángel Aguilar López (84.37), Rubén Arturo Sánchez Valencia (82.5); Jorge Meza Pérez (82); Carlos Loranca Muñoz (80.7); César Esquinca Muñoa (79.7); Jorge Mario Pardo Rebolledo (79); Julio Humberto Hernández Fonseca (78.4), Humberto Manuel Román Franco (77.38) y Arturo Iturbe Rivas (76.6).
En la segunda etapa, para sacar una terna de entre los diez, que se efectúo el lunes 26 de noviembre se les pidió desarrollar en dos temas, uno relativo a las facultades de administración y la otra, respecto a los acuerdos generales del Consejo, que tenían que contestar por escrito en 45 minutos y ante el Pleno.
De los diez, dos de ellos, se vieron mal en su comparecencia, César Esquinca Muñoa, quien se trabó al querer exponer lo que no había escrito y confesar su ignorancia respecto a la primera pregunta; y Aguilar, que hizo notar que no se preparó.
Sin embargo, sorprendentemente, en la terna salió con 8 votos César Esquinca Muñoa, que había quedado en sexto lugar de calificaciones y estaba prácticamente reprobado en la comparecencia; acompañado de Arturo Iturbe, último lugar en la lista y Jorge Mario Pardo Rebolledo, séptimo lugar, quien expuso adecuadamente.
Lo sorprendente también fue que no tomaron en cuenta en la terna a los magistrados Ricardo Ojeda Bohórquez (primer lugar) y Arturo Sánchez Valencia (tercero), y Meza Pérez (cuarto), que tuvieron alta calificación curricular y expusieron muy bien.
Todo apunta que el lugar ya lo tienen los señores ministros para César Esquinca Muñoa, de 72 años de edad, a punto de jubilarse a los 75, cuando el cargo de Consejero dura cinco años, y que salió en el sexto lugar curricular, e hizo una pésima comparecencia; seguramente son los favores que Esquinca Muñoa, a pesar de su carácter agrio, les ha hecho a los ministros cuando estuvo en el Instituto y ahora en la Defensoría Pública Federal. O será que comienza la rivalidad entre grupos de ministros por la Presidencia de la Corte.
Así, esta de mal la Suprema Corte en sus decisiones, con un seis de calificación.
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