Luego de un largo recorrido por festivales, luego de muchos premios e incontables elogios, ‘Los que se quedan’, la última cinta de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman, pasará por la prueba más difícil: ustedes, el público, que acude al cine a ver una película.
Usualmente los documentales asustan a la gente, pero si en su vida se han dado la oportunidad de ver uno, este debería de ser con el que pierdan la virginidad en ese género. ‘Los que se quedan ‘ combate con calidad cinematográfica, la idea del documental como una invitación a la aburrición y el sueño.
Sobre este tema, y sobre el proceso para filmar la cinta, tuvimos la oportunidad de platicar con sus directores. Eh aquí lo que nos dijeron.
Cuando filmaste ‘En el Hoyo’ la acción se desarrollaba a cuadras de tu casa, ahora tuviste que recorrer todo el país. ¿Cómo fue el proceso de filmación para ‘Los Que se quedan’?
Juan Carlos Rulfo (JCR): “En el Hoyo” fue una película más compleja, en términos de que aparentemente ‘no pasa nada’. Era escarbar, buscar la historia sin moverme del lugar, apostando a un grupo de personajes. Tampoco había una línea argumental clara, lo único que sé que funcionaría era el homenaje al lenguaje y a la gente.
En cambio, en este nuevo trabajo la línea argumental está muy definida. La posibilidad de juntar tantas historias de diferentes zonas del país te abre el horizonte, es una película más fácil de seguir y de editar. Carlos [Haggerman] fue quien se encargó de hacer los primeros viajes buscando a los personajes.
Carlos Hagerman (CH): La idea del documental surge a partir del productor (Nicolás Vale) quien me propuso hacer un documental con el tema de las familias que se quedan aquí en México. Mi primera reacción fue de rechazo, ¿realmente íbamos a filmar otra película sobre la migración? Pero poco a poco fuimos encontrando un tono personal y diferente. Luego vendría la fundación de BBVA Bancomer, quienes nos apoyaron no solo con recursos sino con el compromiso de tener total libertad creativa. Eso fue muy importante.
Creo que lo que hace diferente tus documentales es la relación que estableces con tus personajes, ¿cómo logras esa comunión con ellos?
CH: Somos metiches profesionales.
JCR: Desde un principio nos planteamos que no haríamos el clásico documental con cifras, datos, un locutor en off, etc. Vamos a hablar de la dignidad y la fuerza de la gente. Esta cinta es un homenaje a la gente de este país.
CH: Es simple, aquí en México vas a cualquier casa en el campo y te abren la puerta, te ofrecen algo de beber, platican contigo. Y si en vez de llegar con una lista de preguntas simplemente les pides que te platiquen su sentir, se vuelve una oportunidad para ellos y también para nosotros. Eso fue muy lindo.
JCR: Es que nadie les pregunta. Nunca nadie les dice: oye, ¿cómo te sientes con esta situación?, ¿cómo te sientes de que tu familiar no esté aquí? Al hacer esas preguntas ellos dejan de ser una estadística y se abren a ti.
Incluso sus personajes no le tienen miedo a la cámara…
JCR: Eso es porque nosotros llegamos con una actitud diferente. No llegamos a enseñarles nada. Aquí se trataba de manifestarles nuestro respecto, de ofrecer nuestra amistad, y la cámara se queda allá atrás.
El discurso oficial siempre habla de la familia como la base de esta sociedad, aquí vemos muchas familias desquebrajadas…
JCR: Curiosamente este documental está de acuerdo a esa visión oficial, pero sin recurrir al discurso oficial. Esta película es un homenaje al país y la migración ya es parte del país, hay que aceptarlo. Pero insisto, quisimos alejarnos de la tragedia, “Los que se quedan” es una película agradable, divertida, con cambios dramáticos, tiene todo lo que el público busca en una película cuando va al cine.
CH: Es una película que propone conocernos; entre nosotros mismos y hacia afuera, que la gente de Estados Unidos nos conozca, que sepa que hay detrás de los migrantes. Ése es el primer paso para solucionar los problemas binacionales. Esta película no es una caja de reclamos, es una invitación a conocernos.
Tengo entendido que la esposa del presidente Obama, Michelle Obama, tiene en sus manos un DVD de la película. ¿Cómo fue esto?
JCR: Cuando Margarita Zavala vio la película nos contactó para pedirnos muchas copias y repartirlas entre los asistentes a la reunión del G8. Fue gracias a ello y a la relación con Bancomer que esto pudo suceder.
CH: Creo que eso fue muy significativo. Es muy común que en esas reuniones las primeras damas se intercambien regalos. Fue muy significativo que en lugar de que la señora Margarita llevara una canasta de dulces, mejor regaló una película. Eso demuestra una empatía con el mensaje de la cinta y habla de una actitud muy diferente hacia nuestro país.
¿Creen que Barack Obama haya visto su película?
JCR: Pues ojalá, ¡soñemos!; esta película la hicimos para buscar un cambio. Yo ya no podría hacer un cine simplemente por deleitarme y que no pase nada. Lo que yo hago lo disfruto, me encanta conocer a la gente, son mis amigos, cuesta trabajo seguir la vida sin pensar que no existen, se vuelven parte de uno; pero también se trata de cambiar las cosas, este país necesita urgentemente que pasen cosas. La gente te demuestra que hay con qué, hay un gran espíritu de querer mejorar, eso es lo que te dice la migración.
¿Cuáles son las características que debe tener un buen documentalista?
JCR: Libertad y creer en la realidad que está trabajando. Hay que dejarse llevar.
CH: Yo me topé con el documental después de intentar levantar muchos proyectos de ficción. Creo que salir con una cámara a contar una historia es la mejor forma de aprender a hacer documentales, y el formato en si es la mejor vía de contar una historia.
JCR: Sirve de mucho hacer un documental antes incluso de hacer un largo de ficción. Con el documental se aprende sobre el lenguaje, sobre la cinematografía; se aprende a contar una historia, se aprende a respetar a la realidad. En un documental la realidad manda. Es trágico pero el cine de ficción no hable sobre estas realidades, hablan de algo que no tiene nada que ver con este país. El país necesita que muchas cosas se sepan, se cuenten, se conozcan, y por alguna razón estas cosas no están en su cine, ni en su televisión ni en su literatura. Hay un desfase entre la realidad y los medios.
Existe la preconcepción de que a la gente le dan flojera los documentales, ¿porqué será esto?
JCR: La gente cree que los documentales son esos reportajes que salen en la tele, y eso no obedece a la experiencia de ver “Los que se quedan”. Los medios deben de hablar de esta cinta no como un documental, sino como una película. El público debe de ir a la sala a ver una película, no un documental. El público juzgará si es o no una cinta disfrutable.
Más que un documental. Los que se quedan. Dir. Juan Carlos Rulfo & Carlos Hagerman
En algún momento de “Los que se quedan”, la extraordinaria y multipremiada cinta de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman, uno de los muchos entrevistados que abren su casa para platicar su experiencia, hace una reflexión simple y a la vez poderosa: “¿Qué para qué se forma una familia? Pues para estar juntos siempre…”, y desgraciadamente, esto no siempre ocurre.
Si, estamos ante otra película que habla sobre la migración, pero esta cinta le da la vuelta al tema, se olvida del drama del cruce por la frontera, de la persecución por parte de la migra, de los datos duros y las cifras que a la larga no nos dicen nada, para voltear la cámara hacia adentro y preguntar: ¿y qué pasa con las familias que se quedan de este lado?
‘Los que se quedan’ es, antes que otra cosa, una película hermosa; el registro más puntual, exacto y fino de un país al que se le desquebraja su columna vertebral: la familia.
La cinta nos muestra las historias de aquellas familias que esperan con ansia el regreso de sus familiares que -por falta de oportunidades, pero sobre todo por un deseo de superación- cruzan la frontera hacia los Estados Unidos para, “levantar los dólares que están en el piso, y comprar pulseras de oro” tal y como se lo imagina un grupo de niños en preescolar de las cañadas Jalisco cuando se les pregunta ¿Quién quiere irse a trabajar a los Estados Unidos?
Hagerman y Rulfo han recorrido el país, buscando las historias de estas personas que muestran, mejor que cualquier estadística o informe de gobierno, el pulso de un país al que se le escapan dos de sus recursos más preciados: su gente y la esperanza. No se trata, como bien dicen los cineastas, de lanzar una retahíla de reclamos, de ser condescendientes o misericordiosos con estas familias y sus historias. No, se trata de conocerlos, de conocernos a través de ellos y con ello, conocer a este país.
Tiren a la basura, de una buena vez, todos los prejuicios que un puñado de malos directores y el sistema de educativo nacional les han fabricado acerca de los documentales. El género documental no está casado con lo aburrido ni lo solemne. Los documentales no son esos reportajes con datos, cifras y entrevistas forzadas que de repente pasan por televisión. ‘Los que se quedan’ es la prueba de un cine que no busca ser condescendiente, lapidario ni aburrido. Es una película sumamente emotiva, que antes de reclamar nada, exige que conozcamos la circunstancia de todos, los que se van, y los que se quedan.
La televisión era muy fome. 31 Minutos, la película. Dir. Alvaro Díaz & Pedro Peirano
’31 minutos’, el programa, es una de esas geniales excepciones que invitan a revalorizar a la televisión. Originario de Chile, creado por un grupo de personas que había hecho programas de humor, pero con nula experiencia en la “televisión infantil”, 31 Minutos se vuelve –sin que sus creadores se lo hayan propuesto- en todo un fenómeno que rápidamente rebasó Chile para invadir Latinoamérica.
El programa es un show de títeres que parodia al clásico noticiero televisivo, con secciones, entrevistas, reportajes e incluso una sección musical. Contrario a lo que se podría pensar de un programa infantil, ’31 Minutos’ carece de la corrección política, el espíritu aleccionador, ni la visión pueril y condescendiente que muchos programas del género ostentan. Cómo sus propios creadores lo indican, es un programa hecho por adultos que se divierten haciéndolo; ello se refleja en el humor del programa, que navega entre lo ácido, lo irónico, lo ingenuo y lo sarcástico. Es de esos programas que funciona a varios niveles: los niños y los adultos lo disfrutan por igual, toda vez que no insulta la ingenuidad de los primeros, la madurez de los segundos ni la inteligencia de ninguno.
El éxito, inesperado y repentino, los llevó a realizar tres temporadas en televisión, a producir muchos objetos de merchandising (ahora casi imposibles de conseguir) y, por supuesto, a realizar un largometraje con los personajes.
’31 Minutos’, la película, es la cinta más cara del cine chileno hasta el momento (US$ 2,5 millones). Los creadores del programa de televisión fueron los mismos encargados de realizar la película, es por ello que se frenó la producción para la televisión mientras se filmaba la cinta. Tulio Triviño, Juan Carlos Bodoque, Juanín Juan Harry y todo el equipo de trabajo del noticiero ve alterada su rutina cuando aparece la malévola Cachirula, una siniestra niña que se dedica a coleccionar animales únicos en su especie. En la colección de Cachirula hace falta una de las especies más extrañas, el Juanín, por lo que urde un plan para secuestrar al personaje más trabajador del noticiero y hacerlo parte de su colección. Todo el equipo de 31 Minutos sale en su rescate, una travesía que los llevará por parajes tan exóticos como peligrosos y que pondrá a prueba los lazos de amistad entre los personajes.
Esto no es un capítulo extendido de ’31 Minutos’. El guión obliga a los personajes a salir de su entorno habitual para salir al exterior, ello no solo hace más atractiva la propuesta para el público infantil, sino que además pone a prueba el arte de los titiriteros encargados de todo el show tras bambalinas. El resultado es bastante bueno, los personajes se mueven con naturalidad entre la ciudad, la playa y el mar, teniendo una sólida continuidad entre personajes y escenarios.
El elemento clave sigue presente: el humor ácido, los chistes ingenuos, el espíritu de hacer una película entretenida y no simplemente “para niños”. Aquellos que nunca han visto el programa (niños y adultos) lo disfrutan por igual. El problema es para los que ya hemos visto las tres temporadas en televisión. Algo sucede en la traslación a cine que no resulta tan disfrutable como su contraparte televisiva. Tal vez se trate de una cuestión de ritmo, la bromas dentro del estudio usualmente eran muchas y rápidas, la mayoría se basaban en el hecho de que los personajes estaban supuestamente al aire haciendo un programa de televisión. Aquí eso evidentemente se rompe, la trama por instantes deja de sernos atractiva a los adultos (los niños no pierden la fascinación) quienes sólo estamos esperando el siguiente chiste o broma que rompa con la acción.
No puedo hablar de una película mala, pero definitivamente, en términos puramente de diversión, no sería difícil encontrar un capítulo de la serie que, en escasos treinta minutos, me divierta más que esta cinta de 87 minutos de duración. Todo indica que esta será de las últimas aventuras que veremos de Tulio y compañía. Los creadores de la serie, inquietos como su programa lo demuestra, no se regodean en su éxito y estarán buscando nuevas formas de hacer y decir en televisión. En todo caso, esta película es una buena despedida para un grupo de personas que junto con sus títeres nos hicieron prender de nuevo la televisión.
No es otra tonta película de amor. (500) Days of Summer.(500 días con ella.) Dir. Marc Webb
La ópera prima de Marc Webb comienza con un reto: lo que veremos no es una película de amor. Y en efecto, 500 Days of Summer, más que alejarse de los clichés de las películas de este género, los asume para irlos destrozando uno a uno.
Hace poco comentábamos en este espacio que lo disfrutable de las “comedias románticas” no es el final, sino el viaje de la pareja del punto donde se conocen hasta el muy cantado final feliz. En (500) Días… nuestra aseveración sigue siendo cierta, con la gran diferencia de que, desde un inicio, sabemos que los protagonistas, Tom y Summer, no encontrarán la felicidad, o al menos no juntos. En ese sentido, esta película no engaña a su público levantando la artificial expectativa de que la pareja tal vez encuentre un final feliz.
No, esto es un viaje donde acompañamos a Tom por sus recuerdos para intentar saber qué salió mal con el amor de su vida, Summer. La cinta será el recuento de ese viaje de ilusión y doloroso desengaño donde no hay malos, culpables, ni víctimas. Esto no es una película romántica, es una película sobre el amor. En efecto, nadie recuerda las cosas de manera lineal, así que (con un estilo que recuerda a 5x2 de Ozon) la película salta en el tiempo emulando a la memoria selectiva, que trae al presente -de manera caprichosa- los buenos y malos recuerdos por igual.
Nada tan importante en una “comedia romántica” como que la pareja en pantalla tenga aquello que le llaman “química”. Joseph Gordon –Levitt y la angelical Zooey Deschanel desbordan química, tanto que de inmediato sentimos como si estuviéramos observando a una pareja real. Tan real que, y esta es la parte más poderosa de la cinta, de inmediato reconocemos y nos reconocemos en muchas de las situaciones que se muestran.
El director Marc Webb, utiliza todos los trucos aprendidos en el mundo del videoclip para contar el sentimiento de Tom. Pantallas divididas, animación e incluso un musical a media cinta (en un claro guiño-homenaje a ‘Ferris Bueller's Day Off’) así como un soundtrack en concordancia con su espíritu “Indy”. Todo ello es parte del muy cuidado coktail visual y auditivo que tiene el mérito de nunca abrumar a la audiencia, al contrario, hace mucho tiempo que una cinta no capturaba nuestra atención –y nuestros corazones- desde el minuto 1 hasta el 95 sin hacernos perder la atención por un solo instante.
Lo triste es que, a pesar de su espíritu auténticamente trasgresor, al final la cinta no logra deshacerse de su veta hollywodense, traicionando en los dos últimos minutos de cinta todo lo que habría construido en los noventa minutos anteriores. La referencia inmediata a esta cinta es “Annie Hall” (de Woody Allen), aquella -sin menos parafernalia- conseguía el mismo efecto que esta, excepto que al final, Allen no se tentaba el corazón y terminaba con sus personajes como debía hacerlo. Sé que es injusto pedirle a Webb ser un Allen, pero son justo esas pequeñas decisiones las que hacen la diferencia entre un director y un autor.
Aún con eso último, sospecho que (500) Days of Summer será una de esas películas que serán más valoradas en un futuro y que servirán para recordar una época. Es una cinta honesta, original, con una extraordinaria habilidad para conectar con su público pero a la que al final le falta un poco de valentía argumental, justo el ingrediente que la falta para convertirse en una auténtica genialidad.
Eso si: no la vean si les acaban de partir el corazón. Yo sé lo que les digo.
El gran show que nunca fue. This is it(Esto es todo) Dir. Kenny Ortega
Al ser ‘This i it’, uno de los tantos intentos por capitalizar la muerte de Michael Jackson, acudimos al cine esperando un documental lacrimógeno donde se alabara al llamado “Rey del pop”, se diera testimonio de lo buena persona que era, y todo ello se aderezara con algún material de los ensayos para los conciertos que ya desde entonces estaban con localidades agotadas.
Afortunadamente, Michael Jackson y su ‘This is it’ lograron que me tragara mis palabras. El gran acierto de esta película es que se entrega por completo a un solo tema: la música, dejando de lado el lloriqueo por la muerte del llamado ‘Rey del pop’. Esta cinta es la disección clínica de lo que sería el último concierto de Michael Jackson.
El documental muestra, track por track, la monumental producción que cada uno de los temas del concierto tendría. Se trataba no solo de bailarines y pirotecnia, “This is it” incluiría a Michael Jackson alternando con Rita Hayworth para presentar ‘Smooth Criminal’, una enorme pantalla que replicaría digitalmente a cientos de bailarines para ‘They don’t care about us’, una película filmada en 3D con zombies, vampiros y todo tipo de monstruos para ‘Thriller’, y demás elementos de producción que harían de aquel concierto el sueño para todo fan de Jackson.
Y en medio de toda esa parafernalia estaba un Michael Jackson terriblemente delgado pero en plenitud de condiciones. Aún a su edad y con ese físico que se imaginaba frágil, seguía bailando con la misma exactitud, gracia y ritmo de siempre. Ahora sabemos que parte de esa resistencia venía del coktail de fármacos que se recetaba, pero en la película vemos a una persona que, aunque está ensayando y que quiere cuidar su voz “para el día del estreno”, no puede sino sucumbir ante su propio arte e irremediablemente canta y baila como si se tratara del gran día, sucumbiendo ante la música, su propia música.
Este retrato de Michael Jackson a través de su arte tira por borda no sólo el mito de un MJ disminuido por la enfermedad y los fármacos, sino que también combate el vox populi de que se comportaba como un completo divo en los ensayos. El documental muestra a una persona que estaba pendiente de todos los detalles, pero que todos los cambios y observaciones los hacía sin alzar la voz, sin mostrar algún viso de enojo y siempre con una cortesía absoluta (“I ask this with L O V E”).
En contraparte su director (Keny Ortega quien también dirige el documental), así como el puñado de bailarines escogidos entre cientos que hicieron audición de entre los mejores del mundo, muestran una total devoción y respeto hacia la estrella. No es para menos, pensando que para cualquier bailarín, alternar con Michael Jackson sería el equivalente a su muy personal monte Everest.
La parte más dolorosa de todo el documental es que, después de cada número, los bailarines y el Rey se quedaban esperando -en silencio- la gran ovación que nunca vendría, recibiendo apenas algunos aplausos de los tramoyistas, técnicos y camarógrafos que, sin saberlo, presenciaban el último show del “Rey del Pop”. Su majestad les tenía preparado un espectáculo enorme, pero la cortina vino abajo antes de tiempo.
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Hola Alejandro:
¿todo mundo de puente? jejejje los muertos...viven
me esperan 31 minutos...para este fin de semana...
espero ver Los que se quedan, ¿la verán con buenos ojos mis chamacos? es que, los tengo en casa el lunes y podríamos aprovechar...
también he escuchado buenas críticas de 500...
lo que me ha faltado es tiempo...
¿y es cierto que no hay boletos para ver la de Michael Jackson? en varios lados he escuchado que se vendieron en preventa y que solo va a estar en cartelera dos semanas...
¡ah! también escuché de un ciclo de cine ¡judío! y ¿cómo le fue al futbol soccer en 3D? ¿alguien fue al cine a ver el clásico?
yo si he ido a Monday Night Footbal, y la verdad, en esa ¡pantallota! las tacleadas se disfrutan y me ha tocado buen ambiente de los aficionados, pero soccer... ya me los imagino peleando entre las butacas...
saludos a todos
RESPUESTA DEL AUTOR: No estoy seguro que los niños aguantaran "los que se quedan", no tiene nada "fuerte", pero no sé... igual y sería un experimento interesante.
Se supone que en efecto, 'This is it' sólo estará dos semanas en cartelera, quiero pensar que con el éxito igual y lo alrgan otras dos semanas. Supongo que todo esto lo hacen porque en Navidad quieren tener listo el DVD/Bluray para venta.
Aquí están los datos del Festival de Cine Judío. Me llama la atención la del Vocho. JA! http://www.festivaldecinejudio.org/2009/index.html
No tengo idea de como le habrá ido al famoso partido en 3D, supongo que bien. Pero ya sabes mi opinión al respecto. jaja.
Saludos.
Enviado por Claudia G - 30-octubre-2009 a las 23:03
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500 Days of Summer fue mi película favorita del verano. Concuerdo contigo en que el final decepciona, pero todo el trayecto es maravilloso. Ovación de pie merece el soundtrack con todo ese repertorio de The Smiths y las rolas de The Temper Trap, grupo que descubrí viendo esta película.
Además, Zoey Deschanel es estúpidamente hermosa.
No sé ustedes, pero yo estoy harto de los críticos de cine. Usualmente son individuos algo petulantes que odian el cine comercial y erigen sobre un pedestal a cualquier cinta de tres horas en blanco y negro. Desde su mirada fría y sin pasión creen tener la verdad absoluta.
Olvidan que el peor pecado que puede cometer un director de cine es hacer una cinta aburrida. ¿Cuándo habrá sido la última vez que esos críticos entraron con auténtica emoción a una sala de cine?
En este espacio nos gusta el cine, no importando de donde venga, ni quién lo haga. Se trata de recuperar esa capacidad de asombro, justo como ocurría en sus inicios, en aquel Salón Rojo (la primera sala de cine en la ciudad de México) donde la emoción de la imagen en movimiento se convirtió, con el paso de los años, en cinefilia.
Pero no nos malinterpreten, si bien nuestra dieta visual se permiten ciertas golosinas, tampoco soportamos aquel cine que atenta a nuestra inteligencia.
Sirva este espacio para platicar de lo que más nos gusta: el cine y su experiencia. Al fin y al cabo, la crítica la hacemos todos. Bienvenidos.