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Si tu opinión importara, ¿qué pasaría por ejemplo con el relevo en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos? ¿Si hubiera una votación ganaría una persona defensora de los derechos individuales como demanda una parte de los mexicanos o sería electo una persona más conservadora como espera otro sector de la población?
Y si el tema del presupuesto a los partidos se sometiera a la voluntad popular, ¿sobreviviría el financiamiento público para mantenerlos o simplemente se suprimirían para que cada aspirante se rasque con sus uñas?
¿Pagaríamos impuestos si pudiéramos elegir?, ¿seríamos capaces de establecer las mejores tasas para todos pensando en las necesidades del país o nos ganarían las ganas de no pagar y dejaríamos que todo el Estado se fracturara?, ¿qué estaríamos dispuestos a pagar y qué no?
¿Seguirían todos los gobernadores en su lugar o algunos tendrían que entregar el cargo antes de tiempo porque su desempeño no satisface a la mayoría?
Las preguntas tal vez sean absurdas. En ninguna parte del mundo, al menos en un Estado que se respete, la opinión pública nunca tiene todo el poder, nunca todo el tiempo. Como si conociera de sus propias debilidades individuales, los ciudadanos han creado instituciones – plazos de gobierno, congresos, oficinas de hacienda- para acotar esos estados de ánimo.
El problema es cuando en el proceso las instituciones adquieren vida propia y sus decisiones parecen transitar por un carril distinto al de los ciudadanos que les dieron vida.
Durante muchos años eso ha pasado en México. Demasiado tiempo y por eso la sensación dominante entre muchas personas es que no hay nada que hacer, que el poder está en otro lado, que lo nuestro es ser observadores, no protagonistas.
Pero eso es lo que se está moviendo. Hay quien ha señalado que si se logra echar atrás el impuesto a internet en realidad se habrá ganado muy poco, que económicamente significa nada para la economía del país y de las personas. En eso tendrían razón. Pero si hubieran estado en mi clase la semana pasada tal vez compartirían mi entusiasmo.
Tal vez porque no vieron a un grupo de jóvenes – que alucinan a los políticos y a la política – muy interesados en ver qué pasaba en una reunión en el Senado. Quizá porque no oyeron a una joven de 20 años decir: “mira, ese que esta hablando podría ser yo”.
Por eso es importante lo que está pasando. No porque unos legisladores recibieron a unos ciudadanos, esa es su chamba y no debería ser ni noticia. Tampoco porque se modifique un impuesto menor en un paquete mucho más amplio, sino porque se le está diciendo a esa opinión pública, tradicionalmente ignorada, que es posible que su opinión sea tomada en cuenta.
Hace unos días una persona en Twitter me dijo: “wow, los fresas están descubriendo lo que es ser ciudadano”, sarcasmo lleno de sabiduría. No se trata de “fresas” pero sí de miles de personas, sobre todo jóvenes, que hasta ahora habían visto que la única forma de hacer política era marchar, apoyar a un líder, tomar las calles, porque así lo hacen otros y porque históricamente esa ha sido la forma de entender la defensa de sus opiniones.
Hoy lo que están descubriendo es que se puede hacer política de otra forma. Es más, algunos ni siquiera se han dado cuenta que lo que están haciendo es política porque se están divirtiendo, porque conocen gente interesante en el camino, porque no se parece a lo que habían visto hasta ahora.
Porque esto es otra cosa. Es la política de siempre, sí, pero combinada con la nueva forma de actuar de la sociedad. Y esa mezcla es lo que resulta esperanzador.
¿Podrían nacer otros movimientos similares después de esta protesta? Es difícil. Internet ha sido un tema transversal, no partidista, que no divide socialmente(aunque el acceso a la red no sea para todos, claro), y logró un consenso casi natural porque el medio de comunicación ha sido la bandera a defender.
En otros temas habrá divisiones, las diferencias serán evidentes y la fuerza de la acción – si se logra – será mucho menor. Sin embargo, habrá otros – como el del gasto en los partidos o el cuidado del medio ambiente - que bien pueden tener sentido para ese mismo sector de la sociedad, lo que tal vez permita que se repita este fenómeno en el que los ciudadanos demandan a sus políticos que sus opiniones sean tomadas en cuenta.
Algunos están viviendo este momento con un profundo pesimismo, sintiendo que es más de lo mismo. Otros, me incluyo, estamos ilusionados con lo que está pasando en la sociedad. Y saben qué, lo mejor está por venir.
PD. ¿Platicamos en Twitter?
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