Hay pocas cosas que nos llaman la atención de los árboles del DeEfe, porque casi todos están enfermos y muertos. La mancha urbana combate con eficiencia las zonas verdes para imponer el gris sin vida del cemento y el asfalto.
Sin embargo, en la Ciudad Monstruo hay un baobab que desde hace 16 años levanta las cejas de cientos de transeúntes y automovilistas que circulan sobre el bulevar Manuel Ávila Camacho, a la altura de Polanco. En el número 184, en una torre de 18 niveles y vidrios refractagris de seis milímetros de grosor, un joven baobab libanés asoma a la ventana sus poderosas ramas y observa el monótono tráfico.
El arquitecto Víctor de la Lama tuvo la idea de colocarlo en el noveno piso del edificio, el cual fue un símbolo de la zona durante los años 90, hasta que llegaron otras grandes construcciones. El baobab no nació allí. Contrario a lo que algunos creen no está hecho de plástico. En este momento sus ramas llegan al piso 13 y ya se pueden ver algunas flores de color amarillo ocre. Desde que fue trasplantado no ha dejado de crecer y maravillar a la gente que lo mira.
El arquitecto lo mandó poner en un macetón de dos metros de diámetro, sobre unas estructuras ocultas y tiene un sistema europeo que funciona con una fotocelda que activa un mecanismo de riego cuando el árbol así lo requiere. Pero eso no es todo: tiene un cuidador especial: Mauro Vallarta viaja desde los viveros de Xochimilco para arreglarle la tonelada de tierra que da soporte a la raíz. Él evita que se extienda demasiado y destruya la estructura. Los baobab son inspiradores de las más variadas historias. Cuentan que hay un ejemplar que aloja en su interior una estación de autobuses en la que pueden entrar 40 personas. De otro se dice que es utilizado como cantina y caben 50 personas.
Lo único cierto es que El Principito alertó que si no se vigila su crecimiento destruirán al planeta. El de la torre es sin duda un referente. Los microbuseros cobran una tarifa si bajan al pasaje antes o después de pasar junto al gran árbol.
Lamentable,muy lamentable lo que se ha hecho con la ciudad donde nací,
y que,afortunadamente salí hace casi 30 años.....
El heráldico nombre de CIUDAD DE MEXICO,se convirtió en "deefeeee"....
La CIUDAD DE LOS PALACIOS,se transmutó en la "ciudad monstruo"......
El despectivo gentilicio "chilango",se institucionalizó,
y en provincia a todos nos suena raro como se autonombran de tal manera.....
Yo no comprendo como hasta el último mexicano ama profundamente su terruño,aunque se trate del más humilde lugar,y los capitalinos no procuran mucho la que un dia fué
"LA REGION MAS TRANSPARENTE DEL AIRE",
(así era cuando yo era niño,ahora son ejes viales las antiguas canchas de futbol,
ó ahora tianguis donde volabamos papalotes,y el único riesgo era que se atoraran en los altos arboles de la colonia Clavería)
Enviado por Alex.1957 - 21-octubre-2009 a las 16:51
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Hemos perdido nuestra ancestral herencia de cuidar y gustar de las plantas. Nos viene tanato por la parte nativa cómo por la conquistadora, y ellos a su vez, la adquirieron de los árabes.
Hoy los jardines son recortados sin respeto a las características de cada ejemplar. Se les pides ser cuadrados, los cipreses cómo tornillos. Nos olvidamos de las flores, de las enredaderas, de los aromas, de las frutas. Nos dejamos llevar por una moda de moteles y despreciamos a las especies nativas. No tenemos espacio para una planta en casa, porque no son un elemento decorativo en boga. ¿Pero quién no se acuerda del patio de la abuela? de los helechos en macetas tachonadas de vidrio? ¿del barro que contenía azaleas? Había colecciones de begonias, de geranios, macetas enormes para las hojas elegantes, las azucenas, los agapandos y los lirios, y las pequeñas macetas de hierbas de olor. Todavía al sur, en la colonias que cuentan con espacio o por lo menos un balcón, es lujo de los ojos ver un poco de verde, y sigue siendo milagro tener una planta predilecta para adornarse el alma. ¿Cuándo dejó de gustarnos tener vida y verdor en nuestro entorno? Sin duda a partir de ese momento fue que empezamos a desmoronarnos.Que perdimos.
Ver ese árbol y conocer su historia invita a seguir creyendo y mantener la esperanza. Un abrazo.
Enviado por Antonio Fuentes - 20-octubre-2009 a las 09:13
Lo que cae en este blog se lo debemos a la teoría del caos que tiene su epicentro en el Distrito Federal o Ciudad Monstruo.
Investigación urbana; bitácora de encuentros con personas, inmuebles y objetos.
Me interesa la ciudad de México como centro de experimentación y los modos de vida que se desarrollan en la capital del país, donde confluyen miles de personas anónimas que desarrollan su vida más allá de la publicidad de los mass media.