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POR: Jaime Alberto Díaz Limón, alumno de la carrera de Derecho de la UAM-Azcapotzalco
Nuestro país se ha mantenido durante décadas, siglos bajo la opresión del más fuerte sobre el más débil, pero eso no tendría que hacernos pensar que somos víctimas especiales en el contexto mundial.
En fechas recientes hemos vivido una de las crisis más fuertes que se han dado en la era contemporánea. Quizás muchos de nuestros familiares mayores puedan decir que ellos han vivido cosas mucho peores, pero el hecho es que la ignorancia esta vez parece está más determinante que nunca. Puede sonar raro a estas alturas de nuestra civilización, pero como ha dicho Descartes: “Para reconocer lo inesperado, debes de estar listo para cuando lo encuentres”.
La acumulación de información inútil ha convertido al pueblo, mejor dicho a la gente de México, en un grupo de personas capaces de generar expectativas de solución surrealista ante los problemas cotidianos. Los medios de comunicación, ya sean los electrónicos o impresos, han aído en un exceso de datos inconexos que los ciudadanos somos incapaces de procesar.
Por eso se explica que gran parte de los pobladores de este, nuestro México, han creído en conspiraciones, engaños, manipulaciones de cifras, entre otras artimañas. La verdad, no los culpo. El hecho de crear teorías de conspiración, por ejemplo vinculando al virus de la influenza con la inesperada visita de Obama al país, causarían envidia al propio Don Brown, autor del best seller llamado El código Da Vinci.
Tal vez, con nuestra experiencia de víctimas, no es exagerado llevar nuestras conclusiones al grado de creer que el gobierno mexicano está detrás de toda la confusión en torno a la influenza humana, o que inclusive el Fondo Monetario Internacional y Estados Unidos tienen todo que ver con el caos generado por las autoridades estatales de salud, la falta de claridad en instituciones como la Organización Mundial de la Salud, la ONU y otros organismos. Pero, siendo coherentes, ¿cómo podemos pensar que tantas entidades internacionales, países y expertos se han coludido con Felipe Calderón para enloquecer aún más al pueblo mexicano?
Crear sofismas como: “Todos los gobernadores mienten, Calderón es un gobernador, por lo tanto, no hay virus en la calle”, es algo atroz. Nunca sería mi intención defender a personas como Calderón, pero el hecho de sujetarse a teorías pseudo-intelectuales para creer que no hay algo que nos esta matando en las calles es aventurado desde cualquier perspectiva.
No es paranoia de lo que sufro. Quien no haya creado una idea perspicaz y diferente de conspiración, que arroje el primer cubre bocas. Como todos ustedes he pensando en más de una ocasión que hay algo más detrás de todo esto y que no se nos está informando; el hecho es que nos tratan como cerdos ignorantes, y nos creen incapaces de asimilar información veraz. “Agradezco la intención de cuidar mi muy delicada mente Papá Estado”. Pero si el gobierno no nos ayuda con, al menos tenemos que buscar información con que contradecir el engaño. Y dado el caso, el que guste replicar este artículo, que lo haga una vez informado.
Especulemos: ¿Acaso el gobierno mexicano se convirtió en el principal productor de tapa bocas y no tenía idea de cómo poner la sobreproducción en el mercado?, ¿Calderón se ha convertido en el ser más influyente del planeta por el efecto cohesionador entre países del virus de la influenza?, ¿acaso la forma de salir de la crisis económica es precisamente hacer quebrar las empresas mexicanas con el cierre de localidades, restaurantes y eventos deportivos?
Es increíble pensar que la gente esté más preocupada por ritmias políticas que por la salud propia y de su familia. Cabe hacer mención honorífica a aquellos que piensan que después de la tempestad nos espera la venta de Pemex o la privatización del sector eléctrico.
Mi objetivo aquí es hacer que se cuestionen todos ustedes qué realmente conocen. Infórmense, lean, estudien. “Esa, señores, es la verdadera medicina”.
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