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Ahí voy otra vez. Ojo. La elección de funcionarios clave para el país aún no ha terminado. Falta la parte buena. Esa, reitero, en donde los que tenemos credencial para votar ya no participamos: la designación de dos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, del presidente de la CNDH, del gobernador del Banco de México y de dos consejeros de la Judicatura Federal, entre otros.
Las elecciones que faltan sólo contarán con el voto de calidad del presidente Felipe Calderón y del senador priista Manlio Fabio Beltrones, ¡no, perdón!, y del Senado de la República, salvo en el caso de uno de los consejeros de la Judicatura, que tendrá que ser designado en los próximos días por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, mediante un proceso que aún genera dudas.
Desde principio de 1995,el Consejo se ha encargado de designar, vigilar y sancionar a los más de 900 jueces y magistrados federales que actualmente operan en el país.
Y está integrado por seis consejeros -3 nombrados por la Corte, uno por el Ejecutivo y otro por el Senado-, más el presidente de la Corte, que cuentan con un sueldo anual neto de alrededor de 4 millones de pesos y que duran cinco años en su cargo.
En su inicio se programó que la salida de los consejeros se realizara de manera escalonada para no afectar el funcionamiento del Consejo.
Pero dicho relevo escalonado no se pudo llevar a cabo por el fallecimiento de un consejero y por la salida de otros para ocupar cargos en la Corte y en el Tribunal Electoral.
De ahí que al terminar el año más de la mitad del Consejo habrá sido renovado, debido al cambio de cuatro consejeros.
En el primer semestre del año se registraron dos de los cambios y en los próximos días se concretarán los otros dos cambios.
A la Corte y al presidente Felipe Calderón, respectivamente, le corresponderá designar a los sustitutos de los consejeros Luis María Aguilar Morales y María Teresa Herrera Tello.
En el caso del presidente el proceso está claro. Será una decisión unilateral y un auténtico dedazo legal, pues así está establecido.
Pero en el caso de la Corte la cosa se complica porque puso en marcha un nuevo mecanismo para elegir al sucesor del también magistrado Luis María Aguilar Morales.
Desde hace seis años la Corte optó por realizar un concurso interno, en el que se podían inscribir todos los magistrados federales interesados, para elegir a los consejeros de la Judicatura.
Pero desde entonces, cada que se genera una vacante, la Corte ha cambiado las reglas del concurso. Y, esta ocasión, no ha sido la excepción.
Algo, por cierto, más que contradictorio, si se tiene en cuenta que los ministros de la Corte se han caracterizado por criticar a los consejeros de la Judicatura porque éstos, en los últimos años han cambiado, en diversas ocasiones, los mecanismos y los concursos para elegir a los jueces y magistrados federales.
En esta ocasión la Corte estableció una serie de filtros para elegir al nuevo consejero.
El primero de ellos busca que, de los 25 candidatos que se inscribieron, sólo quede un grupo de 10 aspirantes.
En esta etapa del concurso, que se considera imparcial y objetiva, sólo van a quedar los candidatos que hayan reunido el mayor puntaje, de acuerdo con una tabla en la que se le asignó un valor determinado a los diferentes cargos que han ocupado como parte de su carrera judicial, de su nivel de estudios, de su proyección académica, y en la que se les quitó puntos por las sanciones y castigos recibos durante toda su trayectoria.
En la segunda etapa, que genera más dudas, los 10 candidatos acudirán a una sesión del Pleno de la Corte en la que por sorteo se les designarán dos preguntas, una sobre las facultades de administración del Consejo, y otra sobre los principales Acuerdos Generales que rigen a este organismo.
Ya con sus preguntas se irán a una especie de saloncito contiguo al Pleno de sesiones de la Corte a escribir, en una computadora que les tendrán lista, sus respuestas, en un plazo de 45 minutos.
Posteriormente, regresarán, ante los ministros para leerles lo que escribieron.
Y, con base en sus respuestas, en la misma sesión pública los ministros votarán para elegir a tres de ellos, para pasar a la tercera fase del concurso.
Una tercera fase en la que sólo se dejará pasar el tiempo, para que los 11 ministros, en otra sesión, emitan su voto por alguno de los tres finalistas, a fin de que gane el que tenga ocho o más votos.
Y decía que estas dos últimas etapas finales del proceso han generado dudas, tanto dentro como fuera del Poder Judicial, porque, primero, en el caso del examen que se les va a aplicar a los candidatos se le apuesta a la memoria; segundo, porque, -si la votación de los ministros fuera objetiva- el lugar lo puede ganar el que mejor escriba, y no el que tenga el mejor perfil para el lugar.
Tercero, porque realmente hay quienes dudan que los ministros le pongan más atención a las respuestas de los candidatos, que a las relaciones o vínculos que tienen con ellos –o hasta los prejuicios para bien o para mal que ya se han formado en torno a algunos candidatos-.
Porque los ministros conocen a la mayoría de los candidatos a consejeros desde hace varios, pero varios años.
Y, cuarto, porque, al no votar y elegir al nuevo consejero el mismo día del examen, se da pauta a pensar –razonada y justificadamente- que se abre un periodo para cabildear y buscar el apoyo, y, por qué no, hasta un veto, para alguno de los candidatos.
Y este último punto puede derivar en un “sospechosismo” innecesario, quizá infundado y malintencionado, en especial si entre los finalistas o el ganador es alguien que tenga alguna liga o algún compadrazgo de mucho tiempo atrás con algún ministro de la Corte.
¡Qué tal, eh!
Buen día.
APUNTES PARA EL EXPEDIENTE
Hace unas semanas, en torno a la discusión académica que se está dando sobre la próxima designación de dos ministros de la Corte, escuchaba que el abogado y académico Arturo Zaldivar decía qué antes de pensar en el perfil del nuevo integrante del alto tribunal, había que pensar en qué Corte queríamos tener.
Porque, decía, sólo así podríamos saber qué tipo de ministro se debería designar.
Y, en lo personal, creo que tiene razón. Y esto también lo podríamos aplicar para el caso del Consejo y de los consejeros.
Pero, los ministros sabrán:
¿Qué tipo de Consejo de la Judicatura Federal quieren tener?
¿Y, por ende, cuál es el perfil de consejero qué quieren?
Porque sería interesante saber si se han hecho estás mismas preguntas, y, si es así, cuáles han sido sus respuestas. Porque ojo, el hecho de que alguien sepa qué quiere del Consejo y que busque colocar a la persona que logre lo que quiere, no necesariamente garantiza un resultado positivo. Porque podría darse el caso de que alguien quiera un Consejo y un consejero para sus proyectos personales.
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