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Los bancos mexicanos incurrieron en excesos durante el último lustro al entregar indiscriminadamente tarjetas de crédito.
La solvencia de los tarjetahabientes fue secundaria para la política de expansión crediticia que vivimos y de la que ahora comenzamos a pagar las consecuencias.
Los bancos han llegado a otorgar más de cinco tarjetas a una persona, lo que ha llevado a un sobreendeudamiento pero de manera centralizada y no de forma general.
La penetración del crédito en términos generales en México apenas representa 18 por ciento respecto al Producto Interno Bruto del país, mientras que en países como Chile y Brasil éste alcanza 65 por ciento y 45 por ciento, respectivamente.
Por tanto, el nivel de endeudamiento en México es pequeño, lo que representa una ventaja respecto a países como Estados Unidos, Reino Unido y España, ya que el endeudamiento excesivo es sólo familiar y hace falta atender de manera más dinámica a otros sectores, como lo es el empresarial.
El reto del sistema financiero mexicano es dirigir el financiamiento a la pequeña y mediana empresa.
Mientras el crédito al consumo estuvo avanzado a un ritmo de 18 por ciento, el financiamiento a la Pequeña y Mediana Empresa (Pymes) se ubica en niveles de 5.0 por ciento.
El crédito a las Pymes por parte de la banca no fluye porque se necesitan mecanismos complementarios del sector público para hacer que este sector se reactive.
Destacó que el sistema financiero tiene que jugar un rol de más iniciativa y creatividad, y mucho más comprometido con el desarrollo del país.
México necesita crecer a ritmos de entre 5.0 y 6.0 por ciento "para subirse al carro de los países desarrollados", lo que depende de una asignación acertada del crédito.
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