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Telómeros: Protagonistas del Nobel de Medicina 2009. PASIEKA / SCIENCE PHOTO LIBRARY |
Sin palabras. Sin palabras estaba Jack W. Szostak, uno de los tres ganadores del premio Nobel de Fisiología o Medicina 2009, en la rueda de prensa que en el Hospital General de Massachusetts se organizó a raíz de la máxima condecoración que un científico puede recibir.
Recibido entre aplausos y ovaciones el Dr. Szostak describió como su día había empezado a la 4.45 a.m. cuando una llamada le informó que había sido honrado con el Nobel de Medicina. Desde entonces el teléfono no había dejado de sonar y la conferencia de prensa no le permitió asistir a la clase de bioquímica que normalmente enseña a alumnos de la Escuela de Medicina de Harvard. Al sentarse frente a periodistas y colegas aclaró que no tenía un discurso preparado pero que únicamente agradecía a sus colaboradores y al Hospital General de Massachusetts/Escuela de Medicina de Harvard por el apoyo brindado durante todos estos años. Y estos agradecimientos fueron sintomáticos de lo que un buen científico es capaz de hacer: en pocas palabras identificó los elementos clave que permitieron el desarrollo óptimo de sus capacidades en la Ciencia. Institución y colaboraciones. En este caso las colaboradoras, con las que compartió el premio Nobel, son Elizabeth H. Blackburn y Carol W. Greider con quienes en 1980 se embarcaron a responder una pregunta de ciencia básica: ¿porqué los extremos de los cromosomas (estructuras que contienen el material genético de las células) no se pegan entre sí, mientras que si un cromosoma se rompe a la mitad las partes rotas son en extremo “pegajosas”- como si fueran de velcro? Fue la respuesta a esta pregunta la que los hizo ganadores. En aquel entonces la Dra. Blackburn y el Dr. Szostak trabajaban en organismos muy diferentes entre sí pero se dieron cuenta que si transplantaban unas estructuras que se encontraban al final de los cromosomas entre una especie y otra eran capaces de quitarle la extrema adhesividad a los extremos de los cromosomas, se trataba de los telómeros. Y no quedó ahí, identificaron la maquinaria celular necesaria para que estas estructuras se formen y mantengan en las células. Se dieron cuenta que conforme una célula envejece los telómeros disminuyen de tamaño mientras que en células cuyo mecanismo de envejecimiento está alterado, como las células cancerígenas, la maquinaria que forma los telómeros tiene una actividad elevada. En su momento los tres científicos nunca imaginaron que acababan de descubrir una estructura y un mecanismo de regulación celular que era universal en todos los seres vivos con importantes implicaciones para la salud y enfermedad. Ellos estaban concentrados en los dos organismos que estudiaban y que son desconocidos para la mayoría: las levaduras y las Tetrahymenas. Una lección para todos aquellos que piensan que la investigación básica esta muy alejada de la “realidad”. Tan poca idea tenía el Dr. Szostak de las implicaciones de su descubrimiento que cambió de línea de investigación, en la actualidad su laboratorio estudia el origen de la vida. Vive en la interfase entre la química y la biología intentando determinar el número mínimo de elementos y la estructura más elemental que permita la vida. La Institución fue el otro elemento al que el Dr. Szostak agradeció una y otra vez por el premio que acababa de recibir. Agradeció el apoyo, el que le hubieran permitido seguir las líneas de investigación que le interesaban (lo que es evidente si se considera que existe un laboratorio dedicado al origen de la vida dentro de un hospital) así como los recursos con los que siempre contó. Y sí, el Hospital General de Massachusetts cuenta con un presupuesto anual para investigación de más de 500 millones de dólares lo que representa una sexta parte del presupuesto nacional de ciencia para todo México contemplado para el 2010. Recursos, apoyo y colaboración. Además de inteligencia, determinación, paciencia y perseverancia parecen estar detrás de la máxima condecoración científica. Esto dicho por un observador externo porque el protagonista estaba, en este caso, sin palabras.
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