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Inició una dieta y la dejó, se inscribió a un gimnasio y no va, es la quinta vez que intenta dejar de fumar... mi abuelo decía que tiene más disciplina quien en su vida hizo una sola dieta que aquellos que la empezamos todos los lunes.
El obstáculo más frecuente a sortear por los especialistas, entrenadores, médicos es, precisamente, la adherencia al tratamiento. En mi caso, no siempre lo consigo, de hecho, tengo muchos expedientes de pacientes que vinieron una o dos veces y no volvieron y no porque la dieta no les funcionara o yo no fuera de su agrado sino porque “decidieron” no seguir con el tratamiento.
En psicología se utiliza un modelo por etapas que favorece la adherencia al tratamiento derivando en un verdadero cambio en el estilo de vida, que es la meta final.
Los niveles o etapas de los que habla son cinco: atracción, afiliación, adaptación, permanencia e instauración. Vamos por partes.
Atracción: es generar en el individuo o que el individuo genere para si mismo la conciencia de que hay algo que necesita cambiar. El primer paso siempre es saber que UNO tiene algo que quiere o necesita modificar. Es decir, la motivación debe estar en UNO mismo, la decisión debe ser tomada por aquél que va a realizar el cambio y no por sus amigos, papás, jefes de trabajo, esposo/a ni nadie más.
Afiliación: una vez con la idea y aceptación de que necesitamos un cambio, hay que buscar quien nos ayudará a alcanzarlo. Un nutriólogo si quiero perder peso, un gimnasio si necesito hacer ejercicio, etc. Es decir, buscar apoyo profesional y especializado.
Será parte del trabajo del especialista ayudar a identificar los beneficios personales del cambio (salud, imagen, estatus) y las barreras que impiden alcanzar las metas propuestas (dinero, tiempo, ganas). Este momento es clave. Aquí es cuando hay que informar y orientar al paciente (socio, entreno o lo que sea) con todas las herramientas que tengamos para que vea clara la necesidad que tiene y la importancia de buscar el cambio.
No se trata de convencerlo sino de que entienda la importancia de lo que está haciendo.
Adaptación: es la etapa crítica y más importante. Si no se hace bien y se desarrolla una imagen negativa, se pierden en el camino. Una dieta muy complicada, un entrenamiento mal dosificado, una medicina mal recetada y lejos de obtener beneficios, el paciente se desmotiva.
La primera experiencia o aproximación a la herramienta de cambio (gimnasio, dieta, etc) debe ser positiva. Por ello es que es tan importante una evaluación inicial para ir adaptando los procesos al estado real de la persona, aunque éste estado inicial no sea agradable y a veces resulte poco alentador de escuchar. Si el especialista lo maneja como área de oportunidad y cambio, el paciente verá todas las ventajas y posibilidades y no las desventajas.
En este momento es cuando hace falta explicar claramente cómo será el proceso de cambio. Qué puede y que no debe esperar del tratamiento con base en el diagnóstico inicial. Se tienen que plantear metas lógicas y objetivos realistas. Estos deben ser a corto plazo. De hecho, en programas de entrenamiento hay lo que se conoce como macro, meso y microciclos y tienen que ver con objetivos a largo, mediano y corto plazo. Ejemplo: perder 30 kilos en un año, es decir, 20 en los primeros 6 meses o 3 kilos al mes. Esto suena mejor que planear bajar 10 al mes por 3 meses, ¿no?
Es muy importante recordar que expectativas altas y resultados bajos derivan en frustración, enojo y finalmente, abandono. Ojo, hace falta tiempo y paciencia para ver verdaderos cambios.
Permanencia: El proceso que vive la persona que está cambiando debe ser agradable para lograr que se quede ahí. Se deben ir haciendo los ajustes necesarios a los planes (dieta, entrenamiento, tratamiento médico) para que siga siendo una buena experiencia. Aquí es importante resaltar o hacer notar los éxitos e ir reforzando los avances.
Instauración: los beneficios ya forman parte de la vida diaria de la persona y, a lo mejor, puede replantearse nuevos retos. Generalmente se encuentran muy motivados y se movilizan cosas en todos los aspectos de su vida. Viven con mejor actitud y se sienten plenos y satisfechos. Ven claramente los resultados de su esfuerzo y se sienten contentos.
Una persona adherida tiene como parte de su estilo de vida hacer ejercicio, comer mejor, no fumar o consumir alcohol, tomar sus medicinas, etc.
Se puede comparar con el modelo de las etapas de cambio o transteórico que utilizamos en nutrición. Este habla también de cinco etapas: precontemplación, contemplación, preparación, acción y mantenimiento.
Este modelo permite entender por qué el éxito o fracaso de los planes nutricionales en algunos pacientes.
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