|
(*) Sara Pantoja
“Rapidito y de buen modo”. Esa podría ser la frase que el jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, le diría al secretario de Transportes y Vialidad, Armando Quintero, para echar a andar el Corredor Vial Reforma el pasado 2 de agosto. Pero al parecer, todo se hizo “mal y de malas”.
Para empezar, el corredor se puso en marcha casi un año después de lo prometido por las autoridades y los concesionarios de la Ruta 2, que dirige Jesús Padilla. Su operación está a cargo de dos empresas: Covilsa y Reforma Bicentenario.
Luego, resulta que por las prisas, la mayoría de los autobuses –muy modernos, con aire acondicionado y pantallas que no prenden- no tienen el tan cacareado sistema de cobro con tarjetas de prepago, que era una de las condiciones del convenio que se firmó el 19 de marzo del 2008.
Por eso, los operadores traen sus bolsitas de terciopelo negro o reciben el dinero en la mano y dan cambio a los pasajeros. Lo bueno de esto es que no se quedan con los 50 centavos de “vuelto” como sí lo hacen aquellos que traen el “arturito” o alcancía a donde hay que depositar el costo exacto y sino, una moneda de cinco pesos, cuando la tarifa es de 4.50 pesos.
Hay que agregar que en pocos casos el pasajero recibe un boleto que, se supone, funge como seguro de viajero en caso de algún accidente durante su traslado. A eso hay que sumarle las largas filas que se hacen por la insuficiencia de unidades en las horas “pico”.
Otro descuido de las autoridades, fue que Ebrard ordenó la puesta en marcha del corredor, pero no sabía –o no le importó- que Quintero y su director general de Transporte, Martín Mejía, no habían logrado acuerdo con concesionarios de otras rutas que corren por el Paseo de la Reforma, incluyendo una del estado de México, para salir de esa vialidad.
Pero como el jefe lo mandó, la Setravi y la policía mandaron a los micros a circular por las calles de Polanco. Y sin chistar, salieron los vecinos pudientes de esa colonia, -los mismos que le hicieron los días difíciles a la ex delegada de Miguel Hidalgo, Gabriela Cuevas-, y les pusieron retenes a los microbuses.
Pero como la Setravi no se podía pelear con ellos, -¡son los vecinos de Polanco!, no los de la colonia Ramos Millán o los del corredor comercial de División del Norte-, los microbuses regresaron a Reforma mientras el gobierno hacía adecuaciones en esa avenida.
Entonces se tuvo que cortar el camellón, trasladar un fresno, recortar –a la brava- la banqueta, incluyendo una rampa para discapacitados y poner dos semáforos que pocos obedecen, en el Circuito Gandhi para que por ahí se vayan los micros.
Los vecinos, buena onda, agradecieron que con esa medida se limpiaría la zona de los amables “franeleros”, que si no se les daban 25 pesos por el lugar, les regalaban un buen rayón a los autos.
Sin embargo, el sábado por la mañana, los trabajadores informales del trapito rojo seguían sus labores sin problema, mientras que los inspectores de Vialidad de la Setravi platicaban recargados en una patrulla estacionada.
Otra de las condiciones era que los choferes tuvieran capacitación para mejorar el servicio. Los primeros días los pasajeros notaron la diferencia cuando les daban los buenos días y conducían con precaución, pero poco duró el gusto.
Con sus honrosas pero no abundantes excepciones, la mayoría de los operadores ya “sacaron el cobre” y es normal escuchar:“ahí nomás si le van pasando pa´trasito, por favor”. Además, siguen haciendo base hasta de 10 minutos, por ejemplo, a las salidas del metro Hidalgo, continúan rebasando a sus propios compañeros y saludándose entre semáforo y semáforo: “¿qué pasó güey, vas a ir en la noche allá…?”.
Es justo reconocer que este nuevo servicio mejoró respecto a la anarquía que se vivía con los microbuses chatarra, pero sería mucho mejor si las autoridades y los concesionarios trabajaran a la par, cumpliendo todas las promesas de calidad en el servicio para desquitar el aumento al doble que ahora cuesta este transporte en la ciudad.
¡Cuéntenos su experiencia en este nuevo transporte! ¿Qué le sobra?, ¿Qué le falta?
(*) Sara Pantoja, Cubre transporte, fomento al empleo y delegaciones
|