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Imagen tomada de internet. |
“A nadie daré una droga mortal aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin”. Hipócrates siglo V a. de C.
La lectura del Juramento Hipocrático es quizá uno de los momentos más entrañables en la carrera de un médico. Éste marca el final de los estudios y el principio de el ejercicio profesional en la Medicina; se trata de un esbozo de los principios morales y éticos que deben regir el ejercicio médico. Son una guía de como utilizar con moralidad y ética los conocimientos que se tienen sobre el cuerpo y la vida. Son principios universales- tanto así que aún hoy en día, miles de años después de su redacción, siguen siendo parte indispensable del devenir de un médico y que pueden orientarlo en momentos cruciales del ejercicio de su profesión. Uno de estos momentos es cuando un médico recibe la petición de un paciente, amigo o familiar de que les ayude a morir. Se trata de un tema que no se toca durante los años de formación y sobre el cual existen vacíos tanto teóricos como morales. En México el Poder Judicial ha resuelto esta disyuntiva para los médicos. El suicidio asistido está penado con prisión de 1 a 5 años o de 4 a 12 si la muerte la realiza el médico que la está asistiendo. En el Distrito Federal, sin embargo, se aprobó la Ley de Voluntad Anticipada donde una persona puede manifestar su petición de no someterse a tratamientos o procedimientos médicos que prolonguen la vida una vez se ha determinado médicamente que la enfermedad es irreversible y está en fase terminal.
Sin embargo, el derecho de un paciente a morir es un tema de debate en el ámbito médico alrededor del mundo y cuya discusión debería ser parte integral de la formación de un médico de manera que la aproximación a los pacientes, al enfrentarse a dichas peticiones, tenga un sustento sólido sin estar sujetas a la formación moral de cada médico en particular. La literatura internacional demuestra que las solicitudes de eutanasia son una realidad en el ejercicio de la medicina y diversos estudios publicados en las revistas British Medical Journal y New England Journal of Medicine demuestran que éstas se llevan a cabo de manera clandestina en Inglaterra y Estados Unidos. De los médicos que participaron en los estudios 12 % aceptaron haber ayudado a morir a un paciente, mientras que el 46 % de ellos declararon que estarían dispuestos a hacerlo si fuera legal. El 18 % están dispuestos a romper la ley en casos específicos y realizar eutanasia. Estas cifras indican la importancia de discutir este tema con mayor apertura para ayudar tanto a los médicos que se enfrentan a dichas peticiones como a sus pacientes. Países como Suiza en los que el suicido asistido es legal basan la decisión de asistir a morir a alguien en cinco criterios. El paciente debe estar lúcido en el momento de la petición, la solicitud debe hacerse en repetidas ocasiones, debe sufrir de una enfermedad incurable, estar sometido a sufrimiento físico o psicológico intolerable y encontrarse en un estado terminal de la enfermedad en cuestión. Una guía tan específica y clara debería facilitar a un médico el decidir cuando asistir la muerte de una persona sin trasgredir los principios éticos y morales que deben respaldar el ejercicio de la profesión. A continuación dos ejemplos de casos en los que el paciente solicita asistencia para morir pero que los matices de ambos deberían permitir a un médico profesional y con principios sólidos negarse en el primer caso y considerarlo como opción en el segundo. En el primer caso, una persona con un padecimiento crónico como enfisema solicita los medios para cometer un suicidio asistido. Desde un punto de vista médico su enfermedad es estable, con buenos niveles de saturación de oxígeno y sin necesidad de asistencia para respirar. Además tiene una buena calidad de vida que le permite moverse, ser independiente, realizar actividades físicas y que no se encuentra en una etapa terminal de la enfermedad. Aunque se trata enfermedad para la que no existe una cura, el paciente no se encuentra en un sufrimiento intolerable y sus condiciones de vida deberían ser suficientes para negarse a su petición ya que ésta no está justificada desde ningún criterio: ni médico, ni ético, ni moral. El segundo caso, trata de un paciente real asistido por la agencia suiza EXIT que es una asociación que defiende el derecho a morir con dignidad. Es una persona con un cáncer muy agresivo de la cara quien fue operado múltiples veces tratando de eliminar el tumor y cuyo resultado fue la pérdida de la mitad de la cara que lo dejaron incapaz de respirar y comer. Para asistirlo en estas funciones vitales fue necesario realizar una traqueotomía y una gastrostomía. A pesar de estos esfuerzos el tumor recurrió por lo que se le propusieron realizar más cirugías en un intento por eliminarlo nuevamente. Ante dicha propuesta el paciente se negó e hizo una solicitud de suicidio asistido que le fue concedido y murió al administrarse a sí mismo una solución líquida letal.
Este otro caso representa una situación extrema en la que incluso el médico más místico se cuestiona no sólo la utilidad, sino la humanidad de someter a un paciente en estas condiciones a procedimientos médicos agresivos que no cambiarán el curso fatal de la enfermedad. Así, la mayoría de los médicos coinciden que su actitud frente a la muerte asistida depende del caso específico al que se enfrenten. La homogeneización de criterios y una formación al respecto permitirían que el ejercicio de la Medicina fuera más fácil en momentos en los que los médicos se ven obligados a tomar este tipo de decisiones. Sería muy triste que terminaran rigiendo sus decisiones en intereses personales en vez de basarse en criterios profesionales. Finalmente, se trata de dilemas de vida que los acompañarán para siempre.
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