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Rodolfo Gaytán Romero
Parece que lo hicieron adrede. Que simplemente les valió a gran parte de los equipos mexicanos eso de que la FIFA promovió una jornada mundial de deportividad y juego limpio.
Fue una fecha llena de violencia, en la que los ánimos se caldearon en varios frentes.
En el duelo de Estudiantes contra Santos las pasiones se encendieron, las bravatas no se hicieron esperar y de ahí los manotazos. Resultado dos expulsados por el cuadro tecolote.
En el Tigres-América también se hicieron de agresiones, luego de que los locales que no han ganado en casa dejaron ir el triunfo y eso les calentó la cabeza: el árbitro Miguel Ángel Ayala tuvo autoridad para frenar un par de brotes de violencia. El único pecado, si acaso, fue perdonar una amonestación clara a Fernando Ortiz por un empellón a Esqueda y una amarilla para Mosquera por derribar a Itamar. No pasó a mayores.
En el Puebla-Chivas se encendió la llama. El silbante Erim Ramírez agregó cinco minutos —que en realidad se alargaron a siete—, Chivas apretó, y el nazareno se “comió” una falta que derivó en gol, el del empate a dos para las Chivas y llevarse un punto del Cuauhtémoc. Pero “Chicharito” y Arellano se burlaron de los de La Franja, lo que derivó en corretizas, manotazos, patadas, forcejeos. Mal para el espectáculo.
En el Atlante-Pumas también hubo de qué hablar.
Los felinos se prendieron porque aseguraban que la anotación de Pereyra fue con el brazo y no con el pecho. Y en una jugada fortuita en el que Pumas fue decidido al arco azulgrana, Vilar se enganchó con un jugador de Pumas y se desataron las agresiones. Aunque las acciones fueron controladas. el juego fue ríspido y dos potros terminaron expulsados (Daniel Arreola y Joel González). Por los del Pedregal, Francisco Palencia.
Si lo que se pretendió era el Fair Play, pues en el futbol nacional nomás no. Porque aquí, las cámaras húngaras están a la orden del día. Y lo pero es que luego esas rencillas corren como reguero de pólvora a las gradas
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