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Alberto Cuenca (*)
Al centro de la mesa, rodeado de vecinos de un predio irregular que ese viernes lo invitaron a comer, “Juanito” esbozaba escenarios de su futuro político.
Rafael Acosta romperá con Clara Brugada y abandonará cualquier acuerdo –si es que alguna vez lo hubo-- si las huestes de la perredista lo vuelven a agredir y a amenazar, pero también romperá con Andrés Manuel López Obrador si el ex candidato presidencial se empeña en que Clara Brugada se quede al frente de la delegación Iztapalapa sin darle a “Juanito” la mitad de los cargos de estructura y direcciones generales de la demarcación.
Por lo pronto, su partido, el PT, ya se deslindó de él.
“Juanito” es otro. Desde que el pasado 5 de julio ganó la elección a jefe delegacional ha subido de peso y hasta se comporta distinto ante los medios de comunicación. Ya no es el personaje que apenas hilaba unas cuantas palabras en penosas entrevistas.
Sin embargo, el pasado viernes 28 de agosto, en una vivienda del predio “Las Minas” de la Sierra de Santa Catarina, Rafael Acosta se expresaba de manera elocuente y decidida. “Voy a hablar con López Obrador, pero si me ignora o cualquier cosa voy a romper con él”, decía Rafael Acosta.
Los vecinos que lo habían invitado a comer sólo escuchaban, aunque unos minutos antes, cuando recorrió las paupérrimas calles de esa comunidad, le pedían a “Juanito” que se quede en el cargo. “Yo vote por ti, no por Clara”, decían estas personas.
Rafael Acosta se ha dejado llevar por esas aclamaciones, para decir que el pueblo es el que manda y que por eso tratará de mantenerse en la jefatura delegacional, contrario a la palabra que empeñó cuando el propio López Obrador le hizo comprometerse a pedir licencia para que entonces, Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno capitalino, le presente a la Asamblea Legislativa del DF el nombramiento de Clara Brugada.
Lo cierto es que Rafael Acosta ya escucha a quienes aseguran que el nombramiento de Clara Brugada no prosperará, por el hecho de que los aliados a López Obrador no cuentan con el número mágico de 34 asambleístas –la mitad más uno de los diputados locales-, para aprobar ese cambio de estafeta.
¿Quiénes han logrado que “Juanito” se deje llevar por el canto de las sirenas?
Los mismos contra los que contendió, los adversarios que debía derrotar para cristalizar la estrategia de Andrés Manuel López Obrador. Esos adversarios, los militantes y dirigentes de la corriente perredista Nueva Izquierda, son los que hoy le piden a “Juanito” en los recorridos por colonias que no le deje el puesto a Clara Brugada; ahora son ellos los que se muestran proclives a colaborar con el gobierno de Rafael Acosta si él se queda al frente de la jurisdicción.
Pero no son los únicos que coquetean con Rafael Acosta Angeles. Sorpresivamente, ese 28 de agosto llegó hasta el predio “Las Minas” la ex candidata del PAN a jefa delegacional en Iztapalapa, Olivia Garza. Cuando los reporteros que la identificaron le preguntaron a que se debía su presencia en este lugar, ella respondió que su intención sólo era saludar al jefe delegacional electo, aunque de paso reconoció que le gustaría participar en el gabinete de la demarcación, como directora general de Jurídico y Gobierno, justamente el segundo puesto en importancia de Iztapalapa.
“Juanito” se ha convertido en la manzana de la discordia y no es para menos, pues su gobierno representa un presupuesto anual de 3 mil 500 millones de pesos, más todo el dinero que se pueda generar en el cobro de “cuotas” a ambulantes, taxistas “pirata”, invasores de predios y dueños de establecimientos mercantiles que pueden generar la caja chica de cualquier campaña electoral de aquí al 2012.
Rafael Acosta ya entendió que el cargo que ostentará a partir del 1 de octubre es un codiciado pastel y por ello lanza la advertencia del rompimiento con su mentor y con el grupo político que lo cobijó. ¿Pero con quién hará acuerdos para gobernar si decide quedarse como jefe delegacional?
Marcelo Ebrard se ha reunido de manera constante con los jefes delegacionales electos del PRD. A las oficinas del gobierno capitalino llegan casi a diario los nuevos funcionarios, no así “Juanito”, quien es “atendido” en restaurantes del Centro Histórico. Ebrard no quiere aparecer en una foto junto a Rafael Acosta, para evitar el riesgo de mostrarse sumiso ante la estrategia que en su momento orquestó López Obrador.
“Juanito” no tendrá un aliado en Ebrard, pero tampoco en el ala del PRD afín a el ex candidato presidencial, como tampoco en el PT. Si Rafael Acosta decide aferrarse al cargo, la existencia de su gobierno dependerá de los acuerdos y concesiones a las que llegue con los que eran sus enemigos políticos, paradójicamente a los que alguna vez insultó, criticó y descalificó en marchas, protestas y mítines.
(*)Alberto Cuenca. Cubre el gobierno del Distrito Federal y temas de política local
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