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(*) Mónica Archundia
Los padres de familia podríamos esperar un buen regreso a clases para nuestros hijos, pero ¿tendrá en realidad algo de bueno? Digo, basta considerar que para iniciar este ciclo escolar debimos gastar más de lo previsto en útiles, 20% más, según los propios comerciantes de artículos de papelería.
Ya se veían grandes cantidades de padres en el centro de la ciudad buscando los cuadernos y lápices más económicos, de 8 pesos las libretas profesionales, con tal de cumplir con una lista de útiles que casi siempre resulta inútil completar porque los maestros terminan pidiendo otras cosas.
Y a los incrementos de precios, en plena crisis, debemos sumar ahora también la preocupación de las autoridades de salud (que nos transmiten a nosotros) de un posible segundo brote de contagios por influenza humana en los meses siguientes.
Ya hasta en el gobierno local han instrumentado una serie de medidas de prevención para que esta vez no los agarre desprevenidos el virus y puedan actuar sin llegar a los extremos de suspender clases, usar tapabocas y realizar la distribución masiva de gel antibacterial.
Qué bueno que al menos entre los estudiantes más pequeños no existe todavía esa preocupación sobre contagios de este tipo porque eso podría generarles angustia, algo así como la que sentimos las madres preocuponas que pensamos en el “Y si…” ahora que nuestros polluelos están a punto de incorporarse a los grandes grupos y han de restablecer relaciones con gran cantidad de niños.
Justo ahí, donde durante la primera epidemia, se consideró que existía el mayor riesgo de contagio y por eso se suspendieron las clases de manera temporal.
En tiempos así, con dificultades económicas y sanitarias no nos queda más que hacer caso a los consejos de las abuelas: “Encomendarse a Dios”.
¿Cómo te fue a ti en la compra de útiles, sí te alcanzó para surtir la lista de tus hijos?
(*) Mónica Archundia es reportera de temas sociales y educativos.
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