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POR: Soo Jung Koh Yoo, estudiante de la escuela Westhill Institute
Fue a finales del siglo XV, cuando se asomaba una noche de primavera, donde se podía percibir un atardecer reflejado en las aguas del pueblo Huexotzinco, donde abundaba el olor del cacao, los niños, a escondidas, daban la mallorca a los xoloescuincles y resonaba el canto de los grillos.
Hermosa era un adjetivo obvio para describir esta noche, noche cuando el gobernante náhuatl, Tecayehuatzin pedía la atención de todos aquellos poetas que se habían reunido en su palacio de la siguiente manera,
“Auh tokniwane ha xokonkakikan in itlatol temiktli”
“Amigos favor de escuchar este sueño de palabras”
Esa noche de 1490 fue única y especial. En este lugar, donde todavía no conocían la existencia de la opresión o corrupción, nació una reflexión por parte del príncipe de Ayocuan, en consistencia a las de Tecayehuatzin,
“Amigos, escuchen el sueño de una palabra”
Si estuviera en mis manos escoger la palabra sería una simple que brota gran orgullo en mí: México.
Aunque cada uno de nosotros tengamos diferentes ideas de la manera en la que hay que dirigir a este país, el sueño de todos es el mismo,
“Vivir a ver un México arriba, con gente buena, honesta y trabajadora”
Pero, ¿Cómo llegar ahí, si pareciese que los Mexicanos viviéramos estancados en el pesimismo y nuestra memoria nos fuese inservible para el presente? ¿Cómo llegar ahí, si tememos experimentar nuevas cosas y no nos atrevemos a tomar riesgos?
Los problemas están ahí. Todos los conocemos pero a decir verdad nunca los analizamos. Nos la vivimos criticando y oponernos sin pensar. Un claro ejemplo es la privatización petrolera. Todos se oponen a la privatización ya que se aferran a errores cometidos por gente vieja, gente del pasado con diferentes ideas y finalidades y se ciegan a ver como su necedad está costándonos millones de pesos.
Durante el Régimen Porfirista, Justo Sierra, periodista y autor de “México: su evolución social” explicó que los problemas no eran “problemas de los ricos” o “problemas de los pobres” sino que eran “problemas de nutrición y educación.”
Estas palabras son muy ciertas ya que ricos o pobres, todos pertenecemos al mismo México y los problemas de ese mismo México nacen principalmente del hambre y la falta de educación.
Es hora, de que nos “atrevamos a civilizarnos” y aceptemos nuestro rol en la sociedad. Tú, como joven vota, y tú, como adulto, respeta.
Seamos derechistas, izquierdistas, liberales o conservadores trabajemos con lo que tenemos y nunca olvidemos nuestro principal promotor de todos aquellos que somos mexicanos de corazón,
“El que se escuche el sueño Mexicano.”
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