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Aunque algunas de nuestras autoridades en materia hacendaria y económica empiezan a cantar victoria o cuando menos a vislumbrar el inicio de la recuperación después de haber tocado fondo en la crisis, lo que sigue sucediendo en el mundo real parece que no coincide con esa visión tan optimista.
En las últimas semanas he tenido oportunidad de visitar diferentes centros comerciales en la Ciudad de México con el propósito de hacer algunos análisis para mi práctica profesional, y es notorio, más allá de las estadísticas oficiales, que los niveles de consumo y adquisición por parte de quienes concurren son extremadamente bajos. Los estacionamientos de algunas de las plazas visitadas en ocasiones están llenos y hay que dar vueltas y más vueltas antes de poder encontrar un lugar en donde dejar el automóvil, lo cual ha hecho que algunos de esos estacionamientos se conviertan en el mejor negocio -por mucho- entre todos los que coinciden en el conjunto.
La realidad para muchos de los comercios en dichas plazas es radicalmente diferente. La gente que concurre, no va necesariamente a comprar, sino únicamente a pasear y pasar una mañana o tarde con la su pareja o familia. En los pasillos y en las escaleras eléctricas que usualmente se ven llenos, nadie lleva consigo bolsas que denoten haber realizado compras. Hasta los cines que funcionan en buena medida como ancla o atractivo para generar tráfico de clientes, han visto reducido el número de asistentes y en consecuencia han tenido que implementar promociones agresivas y reducciones en sus precios. Si uno observa ciertos comercios, pasan largos -muy largos- períodos de tiempo, durante los cuales ya no digamos que no realizan una sola venta, sino que ni siquiera entra algún curioso.
En materia inmobiliaria y de arrendamiento es obligatorio pensar que sin importar el giro de cada establecimiento, siempre existe una relación absolutamente directa y proporcional entre el volumen de venta y la renta que pueden pagar. Esa ecuación siempre debe mantener un equilibrio, que si se rompe, siempre llevará a un final fatal, un negocio quebrado y un local cerrado, lo que se traduce en una de las derrotas más dolorosas que pueden sufrir ambas partes.
Por lo anterior, es que los propietarios de los más importantes centros comerciales en todo el País, y que por lo general son grandes inversionistas y con mucho colmillo como arrendadores, están tomando acciones mucho muy inteligentes, anticipándose a los momentos de no retorno, y negociando con sus inquilinos. Se tiene que hacer todo lo necesario por todas las partes, porque como se dice "el show debe continuar".
Algunos arrendadores, los más conservadores, están actuando únicamente en los momentos en que se presenta una renovación de contrato con quien ha venido siendo su inquilino durante años. Otros propietarios de inmuebles comerciales, los más avezados, y con una visión de negocio de mediano y largo plazo, han buscado a quienes son sus más fieles inquilinos, con contratos vigentes, para proponerles reducciones temporales en el monto de la renta, o cualquier otra fórmula que les represente un ahorro y garantice de mejor manera su subsistencia. Muy inteligente medida.
Más vale encogerse y enconcharse un poco mientras pasa el temporal, para luego y de inmediato volver a lo que era una normalidad y sin tener que pasar por situaciones más penosas económicamente hablando, y luego enfrentar un largo camino para retomar el rumbo.
Hablando de reducciones temporales en los montos de la renta, me está tocando ver diferentes descuentos y temporalidades, y con un sinnúmero de variables. Hay quienes van desde reducir un módico 5%, hasta el 35% en los casos más significativos. El lapso por el que se otorga el descuento va desde los seis meses hasta los catorce.
lgunos opinarán que se trata de medidas extremas e innecesarias, pero más bien creo que son inteligentes y oportunas, y que aquellos que están teniendo la sensibilidad para hacerlo a tiempo, tendrán mucho mejores resultados. Al tiempo.
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