El viernes por la mañana recibí un correo de mi maestro y amigo el poeta Marco Antonio Campos (MAC) para comer en el Rincón de la lechuza, en Miguel Ángel de Quevedo, al sur de la Ciudad de México. Al final no nos encontramos, porque él se sentó en un extremo del restaurante y yo en el otro y no nos vimos.
Sin embargo, hubo un encuentro mucho mayor que el de meramente sentarse a comer juntos.
Cuando leí el correo de MAC con la invitación estaba pensando en escribirle para comentarle que acababa de leer una entrevista que le hicieron en ‘Dos Filos’, sobre los inicios de la revista ‘Punto de Partida’ editada por la UNAM.
La coincidencia me conmovió, porque en muchos aspectos yo formo parte de esa “generación punto de partida” que MAC menciona en la entrevista. Soy uno de los que se perdió en el camino, sin duda, y no he tenido la obstinación de Faulkner o la suya para seguir la vocación de escribir literatura. Sin embargo, mi vida ha estado ligada con la escritura de una o de otra forma, sobre todo desde el periodismo y la redacción de los diarios.
Muchas de las cosas que cuenta MAC en la entrevista las viví gracias a él: el taller de cuento con Miguel Donoso Pareja; me entrevistó cuando yo tenía 17 años para el programa de Radio UNAM concediéndomeel privilegio (que no correspondía para nada con la realidad) de darme el trato de joven escritor (y así pasé directamente de ser una joven promesa a ser un viejo pendejo, pero eso es otra historia); y a través de los cuadernos que publicaba 'Punto de Partida' conocí la obra de poetas que marcaron mi vida como Cayo Valerio Catulo y Consatantino Cavafis.
La forma de distribución de los cuadernos, de mano en mano, que se usaba en la época es verdad que era de lo más eficaz, tal y como lo menciona MAC en ’Dos Filos’. Recuerdo que él me regaló esos folletos que aún conservo.
A lo largo de mi vida he comprado diferentes ediciones de la obra de Catulo (incluyendo la traducción de Bonifaz Nuño) y de Cavafis, pero esa traducción en la que se me revelaron por primera vez sus poemas sigue teniendo un sonido especial para mí. ¿El recuerdo de mi juventud? Puede ser. El caso es que he regalado muchos de esos libros que he comprado de estos autores, pero siempre he conservado mis plaquettes.
Al leer la entrevista descubrí lo importante que ha sido 'Punto de Partida' en mi vida, porque precisamente fue eso, un punto de partida, aún no sé a dónde. No he sido escritor, que sí lo soñé alguna vez, pero me quedé mucho más cerca de las letras que del comercio, como hubiera podido ser mi destino.
En sus ratos libres, que ahora son más, escribe cuentos. Uno de ellos, "El Ojo de Bertha", ganó el premio Casa de América Latina, dentro del concurso de
cuento Juan Rulfo, organizado por Radio Francia Internacional, en la edición del año 2002.
Entre las cosas que más le ha gustado hacer está haber fundado y dirigido, durante dos años que duró la locura, la revista local En Amores con Eugenia, que se distribuyó en la Colonia del Valle y en la delegación Benito Juárez, y en la que se publicaban crónicas que buscaban un equilibrio entre lo particular y lo universal.